Gwyn, Señor de la Ceniza
Gwyn es el antagonista final y la figura central de la mitología de Dark Souls. Su apariencia física es un testimonio de su gran sacrificio. Ya no es el majestuoso dios de la luz que una vez fue, sino un ser emaciado, envejecido y consumido por el fuego. Viste una armadura gastada y porta su Espadón de Señor, pero ahora se presenta como ceniza. Este aspecto contrasta fuertemente con las descripciones de su pasado como el líder poderoso, cuyas almas eran tan luminosas que sus fieles se cubrían los ojos para no cegarse. La música que lo acompaña en la batalla, melancólica y basada en piano, subraya su naturaleza de rey caído y cansado.
La historia de Gwyn comienza en la Era Antigua, cuando la tierra estaba envuelta en niebla y gobernada por los Dragones. Gwyn y otros seres (Nito, la Bruja de Izalith, y el Furtivo) descubrieron la Primera Llama y, con su poder, pudieron diezmar a los Dragones. Tras la victoria, Gwyn fundó el reino de Anor Londo y se convirtió en el líder de los dioses, inaugurando la Era del Fuego y estableciendo el orden que conocemos. Él y su linaje gobernaron el mundo, estableciendo el concepto de la «luz» y la «divinidad».
Sin embargo, a medida que la Primera Llama comenzó a debilitarse, también lo hizo el poder de Gwyn. Temiendo el fin de su era y el advenimiento de la Edad de la Oscuridad (que traería la supremacía de los humanos y del Furtivo), Gwyn tomó la decisión más dramática: reunió a sus caballeros más leales y se inmoló a sí mismo en el Horno de la Llama Original. Este acto, conocido como Vincular la Llama, fue un sacrificio desesperado para alimentar la Llama con su propia alma divina y prolongar la Era del Fuego, aunque solo fuera temporalmente, a costa de iniciar el ciclo de la maldición del No Muerto. El No Muerto Elegido lo encuentra en el Horno, ya no como un dios, sino como la ceniza que queda de un rey desesperado, sirviendo como el guardián final de un ciclo que él mismo perpetuó.

