Colas para la exposición temporal 'El martirio de San Andrés', de Rubens, en marzo pasado | FERNANDO VILLAR (EFE)

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Los académicos rechazan también la cubrición con cristal de un patio interior y el museo responde que los académicos también cubrieron el suyo

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha solicitado formalmente al Museo Nacional del Prado que retire el nombre de la pinacoteca de tres de las fachadas del complejo museístico, al considerar que estas inscripciones alteran la imagen histórica del edificio. La petición, remitida en un informe interno, se suma a otras objeciones planteadas por los académicos, entre ellas la reciente cubrición con cristal de uno de los patios interiores del museo.

Según la Academia, las nuevas inscripciones del nombre “Museo del Prado” en varias fachadas introducen un elemento ajeno a la arquitectura original diseñada por Juan de Villanueva. Los académicos sostienen que la rotulación contemporánea “distorsiona la lectura histórica” del conjunto y reclaman su retirada para preservar la pureza del trazado neoclásico.

El documento también expresa su rechazo a la instalación de una cubierta acristalada sobre un patio interior, obra que el museo justifica como necesaria para mejorar usos y recorridos internos. La Academia argumenta que esta intervención afecta a la percepción del edificio y a su coherencia estilística.

Desde el Museo del Prado, la respuesta ha sido inmediata. Fuentes de la institución recuerdan que la propia Academia de Bellas Artes llevó a cabo en su sede histórica actuaciones similares, incluyendo la cubrición con cristal de su propio patio. El museo defiende que sus intervenciones siguen criterios de conservación, funcionalidad y adecuación contemporánea, y recalca que todas las obras “respectan la integridad patrimonial del conjunto”.

El intercambio de posicionamientos abre un nuevo capítulo en la relación entre ambas instituciones, tradicionalmente cercana pero no exenta de tensiones cuando se trata de intervenciones arquitectónicas en edificios históricos. Por ahora, el Prado no ha avanzado si atenderá o no las peticiones de los académicos, aunque mantiene que todas las actuaciones responden al plan director aprobado para el museo.

La arquitectura como testigo silencioso

Según los informes de la Academia, el impacto visual es especialmente grave en la puerta de Velázquez, con su pórtico dórico que se enfrenta al paseo del Prado. Las letras, dicen, “producen una agresión brutal sobre las cinco limpias piezas de granito que unifican arquitrabe y friso”. Para estos expertos, cualquier intervención que no respete el equilibrio original de Villanueva constituye un riesgo de daño irreversible a un Bien de Interés Cultural, la máxima protección patrimonial española. La Academia incluso sugiere desmontar los rótulos para comprobar si han dejado marcas permanentes en la piedra, una preocupación que refleja el temor a que la modernidad modifique para siempre la memoria física del edificio.

Pero el debate no termina en la fachada. La polémica se extiende al patio de Murillo, un espacio de 175 metros cuadrados que la pinacoteca planea acristalar para proteger a los visitantes y ampliar su capacidad ante el creciente flujo de escolares y turistas. La Real Academia lo rechaza, argumentando que “cubrir el patio supone alterar una parte fundamental del edificio original” y que la solución real sería organizar visitas con citas previas, manteniendo su carácter de patio de luces y su visión íntegra de las fachadas interiores.

Historia versus funcionalidad

Desde el Museo del Prado defienden que el patio no ha permanecido intacto desde 1819, recordando intervenciones anteriores que incluyen la construcción de un sótano, cambios en los pavimentos y adecuación de cubiertas. También mencionan que otros grandes museos, como el Louvre o el Rijksmuseum, han optado por cubrimientos similares en sus patios, lo que refleja una tendencia internacional a conciliar conservación y accesibilidad.

La disputa pone en evidencia un dilema recurrente en el mundo del patrimonio: ¿debe primar la autenticidad histórica o la funcionalidad contemporánea para millones de visitantes? Mientras la Academia aboga por preservar la integridad arquitectónica y estética de Villanueva, el Prado defiende la adaptación de un edificio histórico a las necesidades de un museo moderno y activo.