Francisco Franco Bahamonde nació el 4 de diciembre de 1892 en Ferrol (A Coruña) en el seno de una familia de clase media con una larga tradición marinera. Siguiendo los pasos familiares, intentó ingresar en la Escuela Naval, pero el cierre temporal de admisiones le obligó a redirigir su vocación hacia el Ejército de Tierra, ingresando en la Academia de Infantería de Toledo en 1907, con apenas 14 años. Tras graduarse como segundo teniente en 1910 con un expediente académico discreto, solicitó destino en Marruecos en 1912, integrándose en el ejército colonial, donde forjaría su verdadera formación militar y personal. Fue en el conflicto del Rif donde Franco destacó rápidamente por su frialdad y capacidad de liderazgo en combate, ascendiendo por méritos de guerra de forma vertiginosa: capitán en 1915 y comandante en 1916, tras ser herido de gravedad en el combate de El Biutz. Su prestigio entre los militares «africanistas» se consolidó al participar en 1920 en la fundación del Tercio de Extranjeros (la Legión) junto a José Millán-Astray, unidad de la que llegaría a ser jefe en 1923. Su carrera continuó en ascenso hasta convertirse en 1926, a los 33 años, en el general más joven de Europa, siendo nombrado posteriormente director de la Academia General Militar de Zaragoza en 1928, donde trató de inculcar un espíritu militar basado en la disciplina y el orden.
Esta trayectoria forjó en él una mentalidad jerárquica, nacionalista y antiliberal, convencido de que el Ejército era la columna vertebral de la patria frente a la decadencia política. Durante la II República, su figura se mantuvo en primera línea, dirigiendo la represión de la Revolución de Asturias en 1934 y ocupando la Jefatura del Estado Mayor Central en 1935. Tras el triunfo del Frente Popular, fue alejado a la Comandancia General de Canarias, desde donde se sumó a la conspiración militar que desembocaría en el conflicto armado.
Tras el estallido de la Guerra Civil (1936-39) y la derrota de la II República, Franco implantó una férrea dictadura que se extendería durante casi cuarenta años. Aunque el golpe de Estado del 17 de julio de 1936 fue ideado originalmente por el general Mola, Franco asumió un protagonismo decisivo gracias al apoyo inmediato de Mussolini y Hitler, lo que le permitió cruzar el Estrecho con el Ejército de África, ocupar Andalucía occidental, conquistar Extremadura y dirigirse hacia Madrid. Durante la contienda, consolidó su poder absoluto al aunar los cargos de Jefe del Ejército (Generalísimo) el 29 de septiembre de 1936 y Jefe del Estado (Caudillo) el 1 de octubre. Poco después, mediante el Decreto de Unificación de abril de 1937, se erigió como líder del partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, fundiendo en su persona todo el poder del Estado.
Militarmente, tras fracasar en la toma rápida de Madrid, donde la capital resistió bajo el lema «no pasarán», reorientó su estrategia levantando el asedio del Alcázar de Toledo y centrándose posteriormente en la conquista del Norte y de Andalucía Oriental. Tras vencer en la cruenta batalla del Ebro en 1938 y tomar Cataluña a principios de 1939, logró la victoria final el 1 de abril de ese año. La posguerra estuvo marcada por una represión sistemática, concebida para extirpar física e ideológicamente a la oposición, manteniendo una división permanente del país entre vencedores y vencidos. Ideológicamente, su régimen se definió por un nacionalismo español excluyente, centralista y basado en la defensa del catolicismo (nacionalcatolicismo), presentándose como un líder providencial en una «cruzada» contra el marxismo y la masonería.
La evolución de su mandato atravesó tres grandes etapas hasta su muerte en 1975. El primer franquismo (1939-59) se caracterizó por el aislamiento internacional y la autarquía económica, que sumió al país en la miseria y el racionamiento. El segundo franquismo (1959-69) trajo un fuerte desarrollo económico tras el Plan de Estabilización, impulsado por tecnócratas que abrieron la economía al capital extranjero y al turismo, generando una nueva clase media y un éxodo rural masivo hacia las ciudades. Finalmente, el tardofranquismo estuvo marcado por la crisis del petróleo de 1973, el aumento de la conflictividad social y el deterioro físico del dictador, quien dejó atada la sucesión monárquica en la figura de Juan Carlos de Borbón antes de fallecer, dando paso al proceso de Transición.
