El cardenal y arzobispo de Toledo, Isidro Gomá y Tomás (1869 -1940), desempeñó un papel clave en la legitimación moral y religiosa del bando sublevado durante la Guerra Civil. Desde los primeros momentos del conflicto, expresó su apoyo decidido a los militares rebeldes, interpretando la guerra como una «cruzada» necesaria para defender la religión y el orden social frente a la amenaza del laicismo republicano y la violencia anticlerical que sufría el clero en diversas zonas del país. Esta calificación teológica proporcionó una justificación moral de primer orden al conflicto, ayudando a consolidar la alianza estratégica entre la Iglesia Católica y el nuevo Estado franquista.
Su influencia fue determinante tanto en la política interior como en la diplomacia del nuevo régimen. Gomá fue uno de los principales impulsores y redactores de la «Carta colectiva de los obispos españoles» de 1937, un documento fundamental destinado a legitimar internacionalmente el levantamiento militar y a reforzar la identificación del bando nacional con los valores católicos tradicionales. Su labor contribuyó decisivamente a cimentar el nacionalcatolicismo que caracterizaría a la dictadura de Franco durante sus primeras décadas, convirtiendo a la institución eclesiástica en un poder legitimador esencial desde la propia Guerra Civil hasta la consolidación del régimen.
