Buenaventura Durruti (1896–1936) fue uno de los anarquistas más influyentes de la España del siglo XX y el símbolo indiscutible del movimiento libertario. Miembro destacado de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y de la CNT, su trayectoria estuvo marcada por la implicación en múltiples acciones sindicales y revolucionarias durante la República. Con el estallido de la guerra, Durruti encarnó la respuesta popular inmediata al golpe de Estado, organizando y liderando la célebre «Columna Durruti», una de las formaciones milicianas más conocidas y numerosas del conflicto. Su figura representaba la defensa acérrima de la idea de revolución social simultánea al esfuerzo militar, una postura ideológica que generó fuertes tensiones con los sectores republicanos, socialistas y comunistas que abogaban por priorizar la reconstrucción del Estado, la disciplina jerárquica y ganar la guerra antes de profundizar en los cambios revolucionarios.
En el plano militar, Durruti encabezó las operaciones de las columnas de milicianos y anarquistas que se desplegaron principalmente en el frente de Aragón al inicio de la contienda. A pesar de su innegable liderazgo carismático y del empuje revolucionario de sus hombres, sus columnas no lograron alcanzar sus objetivos militares estratégicos en la región, fracasando en el intento de tomar Zaragoza. Este estancamiento en Aragón se produjo en un contexto de enorme complejidad, donde la gestión de los comités obreros y las colectivizaciones económicas chocaba a menudo con el pragmatismo necesario para la conducción de una guerra moderna y la falta de suministros y disciplina militar convencional.
Ante la gravedad de la situación en la capital, asediada por las tropas franquistas, Durruti se trasladó con parte de su columna para participar en la defensa de Madrid. Su muerte el 20 de noviembre de 1936, ocurrida en el frente de la Ciudad Universitaria en circunstancias que históricamente han sido objeto de debate, tuvo un enorme impacto moral y propagandístico tanto en el anarquismo como en el conjunto de la República. Su fallecimiento marcó simbólicamente el fin de la etapa inicial de la guerra, caracterizada por el protagonismo absoluto de las milicias y la dimensión revolucionaria, dando paso progresivamente a la militarización obligatoria y la integración de estas fuerzas en la estructura del Ejército Popular.
