Lluís Companys i Jover (1882–1940) fue presidente de la Generalitat de Catalunya y una de las figuras más destacadas de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Su liderazgo estuvo marcado por la defensa inquebrantable del autogobierno catalán en circunstancias de enorme complejidad política, incluyendo los hechos de la revolución de octubre de 1934, por los que fue encarcelado y posteriormente amnistiado tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936. Con el estallido de la Guerra Civil, Companys apoyó la defensa de la República desde la lealtad institucional, pero tuvo que gestionar una difícil dualidad de poderes tras el fracaso del golpe militar en Barcelona. Por un lado, debía mantener la autoridad de la Generalitat; por otro, lidiar con los numerosos comités obreros y de milicianos que habían asumido el control real de la calle y de la economía mediante colectivizaciones.
Durante los meses revolucionarios de 1936 y 1937, trató de mantener el precario equilibrio entre las diversas fuerzas políticas y sindicales que operaban en Cataluña. Este intento de conciliación chocó con la realidad de un enfrentamiento abierto entre los partidarios de la revolución social inmediata y quienes defendían la necesidad de reconstruir el Estado para ganar la guerra, tensiones que culminaron en los enfrentamientos armados de mayo de 1937. Su mandato al frente de la Generalitat concluyó trágicamente con la gran ofensiva franquista sobre Cataluña iniciada en diciembre de 1938. Tras la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, se vio forzado a huir hacia Francia, compartiendo el destino del exilio con miles de refugiados.
Sin embargo, su exilio fue breve y dramático. Detenido por la Gestapo en Francia en 1940, fue entregado a las autoridades franquistas y trasladado a Barcelona. Tras ser sometido a un consejo de guerra sumarísimo, fue fusilado en el castillo de Montjuïc el 15 de octubre de 1940. Lluís Companys es el único presidente elegido democráticamente que ha sido ejecutado en Europa occidental durante el siglo XX, y su figura mantiene hoy un fuerte simbolismo para la memoria democrática y el catalanismo político.
