El general Emilio Mola fue el artífice intelectual y estratega del golpe de Estado que se produjo el 17 de julio de 1936, diseñado para acabar con la II República ante la radicalización de la vida política y la oposición conservadora. Desde su destino en Pamplona, Mola articuló la compleja red de contactos y mandos que daría forma al levantamiento, convirtiéndose en el autor de las llamadas «Instrucciones reservadas». En estos documentos dejó por escrito la orientación política y militar del golpe, planteado como una acción rápida que debía imponer el orden a través de una severa represión, definiendo así las bases ideológicas y operativas de la conspiración que derivó en el conflicto bélico.
Su plan insurreccional tuvo un éxito inmediato en territorios clave como Castilla-León, Navarra, Álava, el norte de Extremadura, parte de Andalucía occidental, Baleares (salvo Menorca), Canarias y el protectorado de Marruecos. Durante los primeros meses de la guerra, coordinó diversas operaciones en el norte peninsular y ejerció una influencia determinante sobre los sublevados, pese a las tensiones internas respecto al mando único. Mola es considerado una de las figuras fundamentales del bando sublevado junto a Franco y Sanjurjo; no obstante, su muerte en un accidente aéreo en junio de 1937 privó al bando nacional de uno de sus estrategas más relevantes y arquitecto de la estructura organizativa inicial del conflicto.
