José Giral Pereira (1879–1962), químico y político republicano, desempeñó un papel crucial en los primeros días de la Guerra Civil, asumiendo la Presidencia del Gobierno el 19 de julio de 1936 en un momento de enorme incertidumbre y desorganización institucional. Amigo personal de Manuel Azaña, Giral se convirtió en el tercer jefe de gobierno en apenas unas horas, aceptando el cargo tras las dimisiones sucesivas de Santiago Casares Quiroga y Diego Martínez Barrio. Su nombramiento se produjo en un contexto de vacío de poder, marcado por la incapacidad gubernativa inicial para frenar el golpe militar a través de los cauces ordinarios, lo que obligó a su gabinete a buscar soluciones de emergencia ante la sublevación de gran parte de las guarniciones militares.
La decisión más trascendental de su mandato, y que marcaría el curso de la guerra en la zona republicana, fue la autorización para distribuir armas a las milicias obreras y sindicales. Esta medida, tomada ante la evidencia de que el ejército se había sublevado o no era fiable, trataba de frenar el avance de los sublevados, pero supuso en la práctica la disolución de la autoridad del Estado republicano tradicional y la proliferación de grupos armados no integrados en la estructura militar. Como consecuencia inmediata, numerosos comités obreros asumieron el control real de diversas instituciones locales y provinciales, así como la gestión de la economía mediante colectivizaciones, generando una dinámica revolucionaria paralela.
Giral intentó mantener la cohesión del Estado y gestionar este estallido revolucionario mientras organizaba la primera defensa, pero la evolución del conflicto y la consolidación de estos poderes paralelos dificultaron su tarea. La dualidad de poder le llevó a dimitir en septiembre de 1936, pasando el testigo a Francisco Largo Caballero, quien trataría de reconstruir la autoridad estatal e integrar a las milicias. Durante el resto de la guerra, Giral continuó vinculado al aparato político republicano y, tras la derrota, se exilió en México, donde ejerció como representante del Gobierno republicano en el exterior hasta su muerte, siendo su figura fundamental para comprender los dilemas iniciales de la defensa republicana y la transición desde un Estado en crisis hacia un esfuerzo de guerra improvisado.
