Dolores Ibárruri Gómez (1895–1989), universalmente conocida como «La Pasionaria», fue una de las figuras más influyentes del Partido Comunista de España (PCE) y un icono político y propagandístico indiscutible de la Segunda República y la Guerra Civil. Su oratoria, caracterizada por un lenguaje directo, apasionado y una enorme capacidad de movilización de masas, la convirtió en una voz central durante la conflictiva etapa previa al estallido bélico y, muy especialmente, durante el desarrollo de la contienda, donde desempeñó un papel fundamental en la defensa de la causa republicana tanto en el frente político como en el moral.
Su figura cobró una dimensión internacional durante la defensa de Madrid en noviembre de 1936. Fue ella quien popularizó la célebre consigna «¡No pasarán!», que se transformó en el símbolo de la resistencia antifascista mundial y bajo el cual la capital logró rechazar el asedio de las tropas franquistas en la Ciudad Universitaria. Desde su escaño en las Cortes y a través de los micrófonos de la radio, impulsó incansables campañas de apoyo para la creación y moralización del Ejército Popular, defendiendo la estrategia comunista de priorizar la victoria militar y el orden frente a los intentos revolucionarios dispersos. Asimismo, denunció activamente la intervención de la Alemania nazi y la Italia fascista a favor de los sublevados ante la opinión pública internacional.
Tras la derrota republicana en 1939, se exilió en la Unión Soviética, donde residió durante décadas convertida en la secretaria general del PCE y en una figura destacada del comunismo internacional. A diferencia de otros líderes que murieron en el destierro, Ibárruri regresó a España tras la muerte de Franco y la legalización del PCE en 1977, siendo elegida nuevamente diputada en las primeras elecciones democráticas. Su legado permanece vinculado a la memoria de la resistencia antifascista, a la dimensión social del movimiento obrero y al liderazgo femenino en un entorno político masculinizado.
