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Triángulo de las Bermudas

Durante décadas, el Triángulo de las Bermudas ha alimentado todo tipo de relatos sobre desapariciones inexplicables, abducciones extraterrestres y portales interdimensionales. No obstante, mientras todas las teorías se centraban en barcos y aviones esfumados entre Miami, Puerto Rico y el archipiélago británico, los geólogos llevaban años obsesionados con una incógnita de la que no todo el mundo es consciente.

Esta es encontrar una evidencia que pueda explicar por qué las Bermudas, donde residen más de 60.000 personas, siguen estando presentes en la superficie del océano cuando, en teoría, deberían haberse hundido hace millones de años.

El motivo de esto está vinculado a la naturaleza de la isla. Como ocurre con otros archipiélagos volcánicos, como por ejemplo Hawái, su elevación depende del calor procedente del manto terrestre. Pero la última erupción ocurrió hace entre 30 y 35 millones de años, periodo en el que habría una alta probabilidad de que la actividad subterránea se enfriara y la masa de tierra acabara sumergida.

El estudio, liderado por William D. Frazer, sismólogo de la Carnegie Institution for Science, y Jeffrey Park, catedrático del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Yale, fue publicado en noviembre de 2025 en la revista científica Geophysical Research Letters. Para llegar a sus conclusiones, los autores analizaron todos los registros sísmicos recogidos durante años en una estación situada en la propia isla, técnica que permite reconstruir, a partir de las ondas generadas por terremotos lejanos, una imagen tridimensional de las capas internas del planeta hasta unos 50 kilómetros de profundidad.

Lo que hallaron fue una formación rocosa sin precedentes documentados. Fue, básicamente, una losa de aproximadamente 20 kilómetros de espesor intercalada entre la corteza y el manto. Esta capa, originada por el magma que ascendió durante la última fase eruptiva del archipiélago, es alrededor de un 1,5% menos densa que el material que la rodea. Esa diferencia basta para que las Bermudas se sostengan como si se tratara de un enorme corcho geológico, manteniéndose cientos de metros por encima del fondo abisal circundante.