Todos los diplodocus que se conocen ―un dinosaurio de 25 metros de longitud que vivió hace unos 150 millones de años― proceden del mismo yacimiento norteamericano, el conocido como Formación Morrison, en el oeste de Estados Unidos. Sin embargo, el reciente hallazgo de uno de estos ejemplares en La Tejería (El Castellar, Teruel), “desafía nuestra comprensión de la distribución de los dinosaurios durante el Jurásico Superior”, escriben los investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology. “El hallazgo de este saurópodo representa uno de los esqueletos de diplodócido más completos jamás descubiertos en Europa”, añaden.
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Uno de cada dos españoles apoya usar animales en investigaciones científicas
No recibieron aplausos durante la pandemia. No tienen monumentos en las plazas. No aparecen en ningún billete. Los animales al servicio de la ciencia suelen pasar desapercibidos, pero están allí. Son, por el momento, esenciales para el desarrollo de vacunas —como las de la covid— o en las terapias génicas. Y así lo entiende la mitad de los españoles, que están de acuerdo con usar seres vivos en investigaciones científicas. En la otra cara de la moneda, cerca del 46% de la población considera esta práctica como un problema (19% muy grave, 27% bastante grave). Estos son algunos de los hallazgos del informe Percepciones y actitudes ante los animales, publicado por la Fundación BBVA tras encuestar a 2.000 españoles.
La élite de las matemáticas teme que se queden vacías de sentido ante los avances de la IA
La tecnología tiene un efecto paradójico: ofrece resultados que satisfacen nuestros deseos mermando nuestras habilidades. La agricultura proporcionó cantidades ingentes de alimentos, haciendo que los humanos dejaran de reconocer infinidad de vegetales comestibles, el GPS hace que todo el mundo llegue a tiempo hasta a los lugares más difíciles, pese a ser la generación menos orientada de la historia, y la escritura mermó la capacidad de memorizar. Ahora, un grupo de 25 ganadores de la medalla Fields (el Nobel de las matemáticas) advierte en una carta de que la inteligencia artificial puede ampliar el impacto de corrosión de las capacidades humanas a través de resultados irrefutables en las matemáticas, una de las más excelsas actividades humanas, vaciándolas de sentido.
Los fósiles de dinosaurios, el último fetiche de los ricos: “Hay quien disfruta sabiendo que solo lo puede admirar él”
“Mira, con esto yo resuelvo el origen de las víboras”, espetó hace unos años un coleccionista europeo al paleontólogo argentino Federico Agnolín. Cerró el cajón y condenó al fósil a la oscuridad. “Era como una viborita ciega, un bicho que nunca vio la luz de la ciencia. Es muy complicado el tema. No puedo contar mucho más”, reconoce hoy el científico. Este verano, el diario The Guardian reveló que una de las colecciones más fantásticas de fósiles del Jurásico del Reino Unido había sido vendida a un museo en Abu Dabi, lo que los expertos británicos describían como una pérdida irreparable para una nación acostumbrada a que los tesoros de vitrina hagan el viaje opuesto. Los 318 especímenes reunidos por un coleccionista privado de fósiles alcanzaron una “suma de ocho cifras”.
Somos los órganos sexuales de la IA
Jacob Coxon, el ingeniero que lleva años investigando preentrenamiento, tanto en Anthropic y OpenAI, ha dimitido esta semana para poder denunciar públicamente que las dos rivales compiten en una carrera irresponsable hacia la autonomía recursiva que pone nuestras vidas en riesgo. Dos acontecimientos recientes han propiciado su dimisión. El primero ocurrió hace dos meses, cuando un enjambre de agentes de OpenAI hackearon infraestructuras de terceros, “una campaña de hackeo concentrada que llevaron a cabo por voluntad propia” y sin que la empresa responsable se diera cuenta, antes de que fuera denunciado al FBI. El segundo ha sido el anuncio de que el modelo de OpenAI ha resuelto el problema de Navier-Stokes. Coxon cree que, de la misma forma, podrían estar usando estas soluciones matemáticas para mejorar su condición.
Una pluma atrapada en un excremento de dinosaurio da nuevas pistas sobre la extinción de las aves primitivas
Un día de 2016, el paleontólogo David DeMar tuvo mucha suerte. Cuando examinaba el suelo de Hell Creek (Montana, EE UU) encontró un fósil del tamaño de una pelota de golf. Era un coprolito —heces fosilizadas— de un terópodo (probablemente de un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o de un Nanotyrannus). En su interior, el coprolito guardaba una pluma de un ave acuática (no emparentada con las aves modernas) que, con una alta seguridad, pasó los últimos segundos de vida en el sistema digestivo de un T. Rex adolescente. Esa mala suerte del pájaro primitivo, sin embargo, le ha permitido a un equipo de paleontólogos revelar, en un artículo publicado este jueves en la revista Current Biology, que hace 66 millones de años ya existían plumas anatómicamente modernas. Esto puede arrojar nuevas pistas sobre por qué sobrevivieron los ancestros de las aves que conocemos en la actualidad y por qué se extinguieron los otros linajes.
“De repente el día tiene tres horas más”: el fármaco que transforma la vida de los pacientes con narcolepsia
Durante años, Jordi organizó su vida en torno al sueño. La siesta era obligatoria y “había días que priorizaba dormir antes que comer”, afirma. Se quedaba dormido durante conversaciones, en el coche o en cualquier situación cotidiana y, cuando sentía una emoción fuerte, le empezaban a temblar las piernas. “Yo soy director deportivo de un equipo de fútbol y a veces me tenía que apartar si sentía una emoción muy fuerte. Tenía que evitar determinadas situaciones que sabía que me iban a afectar”, cuenta. Es lo que se conoce como cataplejía, una pérdida repentina de tono muscular que sufren las personas con narcolepsia.
OpenAI corrige de tapadillo su prueba ‘del milenio’ para citar a los matemáticos clave que ninguneó al anunciar el descubrimiento
Horas después de anunciar que había resuelto uno de los problemas más relevantes de la historia de las matemáticas, OpenAI modificó en silencio el artículo científico en el que lo demostraba para citar a los humanos que trabajaron durante años en la solución que la IA encontró en horas. La primera versión, publicada a las 17.29 del 8 de septiembre (hora del Este de EE UU), no incluía entre sus referencias los trabajos de Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, los matemáticos españoles cuyo método es la base sobre la que se construye toda la prueba que soluciona uno de los llamados problemas del milenio.
Un año de trabajo de dos matemáticos españoles frente a 88 horas y 15 millones de OpenAI: “Sin nuestra idea, la IA no lo habría resuelto”
El matemático Diego Córdoba lleva dos días sin dormir cuando contesta a la llamada de EL PAÍS, el miércoles por la mañana: “Estoy aún en shock, la verdad”, dice, y reconoce que no sabe cómo está cuando se le pregunta. El sábado por la noche recibió una llamada de un número de Estados Unidos que no cogió. A las ocho de la mañana del domingo, le llegaron una decena de correos con el mismo asunto: “Diego, tienes que hablar con fulanito. Diego, estate atento”. Alguien tenía que llamarle antes de que se despertara y viera “todo esto”, cuenta este investigador del ICMAT.
El nuevo enigma de los ancestros humanos más misteriosos: 120.000 años sin mejorar nunca sus herramientas
No es fácil imaginar cuánto tiempo son 120.000 años. 1.200 siglos. 100 veces lo que duró el Imperio Romano. Ese es el tiempo durante el que, según un estudio que publica este miércoles la revista Nature, los Denisovanos ocuparon de forma repetida la cueva de Bianfu, en Yunnan, en el suroeste de China. Entre hace 190.000 y hace 70.000 años.