Mitos y leyendas de Bullas

La leyenda de la mora
La historia
La leyenda de la Mora del Salto del Usero es una de las historias más conocidas del noroeste murciano y mezcla amor, tragedia y misterio. Cuenta que, hace siglos, en tiempos de convivencia entre culturas, una joven musulmana —“la mora”— vivía cerca de este paraje natural escondido entre rocas y agua cristalina. Era un lugar tan bello como aislado, pero también lleno de secretos.
Según la leyenda, la joven se enamoró de alguien con quien no podía estar, y ese amor prohibido terminó convirtiéndose en una huida desesperada. Perseguida y sin salida, llegó hasta el Salto del Usero, donde el agua cae entre rocas formando pozas profundas. Allí, en lugar de ser capturada, decidió lanzarse al agua para escapar de su destino, desapareciendo bajo la cascada.
Desde entonces, se dice que en ciertas noches tranquilas, cuando el agua está en calma y la luna ilumina las rocas, puede verse la silueta de una joven entre las corrientes o escucharse un leve murmullo entre el agua. En el Salto del Usero, muchos aseguran que no es solo un paraje natural… sino un lugar donde la historia todavía respira bajo el agua.
La mora de Bullas




Las casas antiguas del Casco Viejo
La historia
En Bullas también se cuenta una leyenda más íntima y cotidiana, menos espectacular pero igual de inquietante, que habla de ciertas casas antiguas del casco viejo y de lo que ocurre cuando todo el pueblo se queda en silencio.
Dicen que en algunas noches muy concretas, cuando el viento baja desde la sierra y no hay apenas ruido en las calles, se pueden escuchar sonidos dentro de casas que llevan tiempo cerradas. Pasos suaves, como si alguien aún viviera allí, o puertas que se cierran sin corriente de aire. Nadie entra, nadie sale, pero el sonido existe.
Los más mayores del lugar cuentan que no es nada sobrenatural como tal, sino “ecos del pasado”, recuerdos del pueblo que se quedan atrapados en las paredes con los años. Otros, en cambio, creen que son presencias que simplemente no se han ido del todo, porque hay lugares que no terminan de vaciarse nunca.
En el Salto del Usero y sus alrededores, esta historia se mezcla con el resto de murmitos del pueblo: cosas que nadie puede demostrar, pero que hacen que por la noche, en Bullas, siempre haya alguien que cierre la puerta un poco más fuerte de lo normal.
El Casco Viejo




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