Según Finn Burridge, divulgador científico del Real Observatorio de Greenwich (Reino Unido), hay dos factores principales que hacen que el cielo se vea azul durante el día.
"El primero es el Sol", explica. "La luz solar normal es blanca, lo que significa que contiene todos los colores del arcoíris: rojos, amarillos, verdes y azules". El segundo es la composición de la atmósfera. El cielo contiene una gran cantidad de partículas diminutas como el nitrógeno, así como oxígeno y vapor de agua, que dispersan la luz en todas direcciones, explica Burridge.
La luz azul tiene una longitud de onda más corta que la mayoría de los demás colores y se dispersa más, llenando el cielo de azul.
Este proceso se conoce como dispersión de Rayleigh, en honor a Lord Rayleigh, el físico británico que desarrolló la teoría en la década de 1870. Al amanecer y al atardecer, la luz solar debe atravesar mucha más atmósfera porque el Sol está más bajo en el cielo. La luz azul se dispersa tanto que se desvía de nosotros. Esto permite que los rojos y naranjas, menos dispersos, lleguen a nuestros ojos, produciendo los hermosos cielos que vemos.
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