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    2 meses ago

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El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfiler

ABC
6 días 23 horas ago
Hay objetos tan pequeños y tan omnipresentes que se vuelven invisibles. Los miramos sin verlos, los usamos sin pensarlos, los perdemos entre los cojines del sofá con una resignación que ya forma parte del contrato tácito de tenerlos en casa. El alfiler es uno de esos objetos.El punto de partida de su invención hay que buscarlo muy atrás, en un momento en que la humanidad todavía no sabía coser, pero ya necesitaba sujetar pieles y telas sobre el cuerpo. Los arqueólogos han encontrado espinas de pez, agujas de hueso y pequeños pinchos de espino en yacimientos paleolíticos de toda Europa y Asia. No eran alfileres en ningún sentido refinado, pero cumplían exactamente la misma función: unir dos materiales sin que la unión fuera permanente. La idea de un cierre reversible, de algo que sujeta pero que puede quitarse, es una de las más antiguas y más útiles que ha tenido nuestra especie.El salto hacia algo reconocible como alfiler ocurrió en la Edad del Bronce, hace unos cuatro mil años, cuando los artesanos del Mediterráneo oriental aprendieron a trabajar el metal con suficiente precisión como para producir objetos muy delgados y con punta.Los primeros alfileres metálicos aparecen en tumbas micénicas, en ajuares egipcios y en depósitos rituales de la cuenca del Indo. En aquellos momentos eran objetos de valor, no baratijas. Fabricarlos requería tiempo, destreza y acceso a metal, todo ello escaso. Quien llevaba un alfiler de bronce en la túnica estaba haciendo una declaración de estatus social tan clara como la que hoy haría con un reloj de lujo.Innovación y desarrollo en estado puroPero la verdadera revolución no vino del metal ni de la punta. Vino de un añadido que parece menor y que lo cambió todo: la cabeza. Durante siglos, el alfiler no tenía cabeza.Era simplemente un alambre recto con punta en un extremo, lo que significaba que podía atravesar la tela, pero también que podía deslizarse hacia atrás y escaparse en cualquier momento. La solución, cuando llegó, fue tan obvia en retrospectiva que resulta difícil entender por qué tardó tanto en aparecer: doblar o engrosar el extremo opuesto a la punta para que el alfiler no pudiera salirse por donde había entrado.Nadie sabe quién lo hizo primero. Casi con certeza fue un artesano anónimo que estaba trabajando un alambre de bronce, que por alguna razón -un golpe mal dado, una distracción, un error de cálculo- acabó con el extremo aplastado o doblado, y que en lugar de desecharlo lo probó en una tela y descubrió que funcionaba mejor que los anteriores. Ese accidente, multiplicado por miles de talleres en miles de años, fue consolidando la forma que hoy reconocemos: punta, cuerpo, cabeza.Los romanos llevaron la fabricación de alfileres a una escala que no se volvería a ver hasta la revolución industrial. Los acus romanos -la misma raíz latina que nos da 'aguja' y palabras como acupuntura- se producían en serie en talleres especializados, y los arqueólogos los encuentran por millares en excavaciones de todo el Imperio. Había alfileres para el pelo, alfileres para las togas, alfileres para los vendajes quirúrgicos…Plinio el Viejo dedicó varios párrafos de su enciclopédica 'Historia Natural' a describir los distintos tipos de agujas y alfileres metálicos, lo que da idea de hasta qué punto eran objetos cotidianos e imprescindibles.Con la caída del Imperio romano, la producción manufacturera en Europa retrocedió de forma dramática. Los alfileres no desaparecieron, pero volvieron a ser objetos escasos y preciados. Durante buena parte de la Edad Media un alfiler era un regalo apreciable.Existía incluso una costumbre documentada en Inglaterra y Francia según la cual los maridos daban a sus esposas dinero específicamente destinado a comprar alfileres -el llamado 'pin money', literalmente dinero para alfileres-, expresión que ha sobrevivido siglos y que hoy usamos para referirnos a un gasto pequeño y personal sin saber que estamos hablando de objetos que costaban lo suficiente como para merecer una partida presupuestaria propia.Para muestra un… alfilerEl siguiente gran accidente de la historia del alfiler ocurrió en el siglo XV, cuando los artesanos de Nuremberg y otras ciudades del sur de Alemania desarrollaron técnicas mejoradas de trefilado del alambre de latón. El trefilado -pasar el metal a través de agujeros cada vez más pequeños para adelgazarlo y uniformizarlo- no era nuevo, pero las mejoras mecánicas de ese período permitieron producir alambres mucho más finos y regulares que los anteriores. Alguien, inevitablemente, probó a hacer alfileres con ese alambre nuevo. El resultado fue un objeto más delgado, más uniforme, más fuerte y más barato que cualquier alfiler anterior. La producción se disparó.Pero el momento más fascinante de toda esta historia es el que convierte el alfiler en un protagonista inesperado del pensamiento económico moderno. Llegó en 1776. Adam Smith al buscar un ejemplo para explicar el concepto de división del trabajo en su monumental 'La riqueza de las naciones', eligió precisamente una fábrica de alfileres.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La cremallera, el invento del que todos se rieron y que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial noticia Si Slinky, el 'muelle caminante' que supuso un antes y un después en la ingenieríaSu descripción es detallada y casi hipnótica: un solo trabajador, haciendo el alfiler entero de principio a fin, podía producir quizás veinte alfileres al día. Pero si se dividía el proceso -un operario estiraba el alambre, otro lo cortaba, otro afilaba la punta, otro aplicaba la cabeza- una pequeña fábrica de diez personas podía producir cuarenta y ocho mil alfileres diarios. El alfiler no era solo un objeto útil: era la demostración perfecta de cómo la especialización multiplicaba la productividad humana. Smith convirtió un trozo de alambre con punta en el símbolo fundacional del capitalismo industrial.
Pedro Gargantilla

Para reconocer a un mamífero hay que ver sus dientes

El País Ciencia
1 semana ago
No fue el pelo, las mamas o la sangre caliente. El desarrollo de una mandíbula sólida con una dentadura especializada fue una de las primeras características distintivas del grupo
Maria Victoria Ennis

¿Qué pasaría si una tormenta solar extrema golpea a la Tierra? Un estudio advierte que estamos subestimando el peligro real

Wired Ciencias
1 semana ago
Un nuevo estudio sugiere que los efectos de las tormentas solares extremas podrían ser más considerables de lo imaginado. Si es así, un evento tipo Carrington podría causar hasta el doble del impacto previsto en nuestras tecnologías.
Javier Carbajal

La chincheta, una revolución silenciosa que fijó el mundo moderno

ABC
1 semana ago
La historia de la chincheta es una de esas pequeñas narraciones que, como el propio objeto, pasan desapercibidas a simple vista, pero que tienen más enjundia de lo que pueda parecer a priori. En un mundo fascinado por los grandes inventos existen avances diminutos que han cambiado la forma en que interactuamos con nuestro entorno cotidiano. La chincheta, ese sencillo clavo corto con cabeza plana que hoy encontramos en oficinas, aulas y hogares, es uno de ellos. Su origen, como ocurre con tantas innovaciones, no fue el resultado de un plan maestro, sino de una combinación de necesidad, ingenio y, sobre todo, un toque de azar.A finales del siglo XIX la comunicación visual comenzaba a adquirir una importancia creciente. Anuncios, carteles, horarios y mapas necesitaban ser fijados de manera rápida y visible en superficies como tablones de madera o paredes. Las alternativas disponibles no eran especialmente prácticas. Los clavos requerían herramientas y podían dañar los soportes; los adhesivos, por su parte, eran aún rudimentarios y poco fiables. Existía, por tanto, un problema cotidiano sin resolver: cómo fijar documentos de forma sencilla, temporal y sin esfuerzo.En este contexto aparece Edwin Moore, un inventor estadounidense con una mente práctica y una inclinación hacia las soluciones simples. En 1900 desarrolló un pequeño dispositivo al que llamó «pin con asa». La idea era aparentemente trivial, un clavo corto con una pieza superior que permitiera presionarlo con los dedos sin hacerse daño. Este detalle, casi insignificante, era en realidad la clave de su éxito. Moore no estaba intentando reinventar la fijación de objetos, sino mejorar la experiencia del usuario.Sin embargo, la historia no es tan lineal como podría parecer. En paralelo, en Alemania, el relojero Johann Kirsten había ideado un objeto muy similar unos años antes. Su versión consistía en un pequeño disco metálico atravesado por una aguja corta, fabricado a partir de una sola pieza. La técnica utilizada implicaba prensar y cortar el metal de tal forma que la cabeza y el pin quedaran integrados. Era una solución elegante desde el punto de vista de la producción industrial, pero no alcanzó inicialmente una gran difusión.Aquí es donde entra en juego el azar, no como un evento único y espectacular, sino como una suma de circunstancias. Moore, al contrario que Kirsten, no solo diseñó el objeto, sino que también supo comercializarlo eficazmente. Fundó la Moore Push-Pin Company y comenzó a vender su producto directamente a oficinas y empresas. Su enfoque era claro: resolver un problema cotidiano de manera inmediata. La chincheta no era un lujo ni una curiosidad, sino una herramienta práctica.El éxito de la chincheta se debe en gran medida a su aparente obviedad. Una vez que existe, resulta difícil imaginar cómo se podía prescindir de ella. Este fenómeno, conocido en innovación como «retrospectiva de inevitabilidad», describe la tendencia a considerar evidentes las soluciones después de haber sido inventadas. Sin embargo, la simplicidad de la chincheta es engañosa. Su diseño condensa varios principios fundamentales: facilidad de uso, bajo coste, producción en masa y adaptabilidad a múltiples contextos.Uno de los aspectos más interesantes de este invento es su relación con el desarrollo industrial. La fabricación de chinchetas requiere técnicas de estampado y conformado de metales que se perfeccionaron durante la Revolución Industrial. Sin estos avances producir millones de unidades idénticas y baratas habría sido inviable. Así, la chincheta no es solo un objeto aislado, sino el resultado de una red de conocimientos técnicos acumulados a lo largo de décadas.A lo largo del siglo XX la chincheta experimentó variaciones en materiales, colores y diseños. Aparecieron versiones de plástico, más ligeras y seguras; modelos con cabezas más grandes para facilitar su manipulación e, incluso, variantes decorativas que combinan funcionalidad y estética.Pero, quizás, lo más fascinante de la chincheta es lo que revela sobre la naturaleza del invento en sí. A menudo tendemos a pensar en la innovación como el resultado de grandes ideas disruptivas cuando, en realidad, muchos avances surgen de ajustes incrementales y observaciones cotidianas. Moore no inventó el clavo ni la necesidad de fijar papel a una superficie, lo que hizo fue identificar una fricción en el uso de estos elementos y eliminarla con una solución ingeniosa. Este patrón se repite en numerosos inventos que hoy consideramos esenciales.Un invento que ha sabido adaptarseEn el caso de la chincheta el azar también se manifiesta en su adopción cultural. No todos los inventos útiles logran difundirse, factores como el momento histórico, la estructura del mercado y la percepción del usuario juegan un papel decisivo. La expansión de oficinas modernas a principios del siglo XX creó un entorno propicio para su uso. Sin esta coincidencia, es posible que la chincheta hubiera quedado como una curiosidad técnica más.Desde una perspectiva científica la chincheta también ofrece un ejemplo interesante de cómo se aplican principios físicos en objetos cotidianos. Su eficacia depende de la concentración de fuerza en un punto muy pequeño, lo que permite penetrar materiales relativamente blandos como el corcho o la madera. Al mismo tiempo, la cabeza ancha distribuye la presión del dedo, evitando daños y facilitando su inserción. Este equilibrio entre fuerza y ergonomía es fundamental para su funcionamiento.Otro aspecto relevante es su impacto en la organización de la información. Antes de la generalización de herramientas digitales, los tablones de anuncios y paneles de corcho eran centros neurálgicos de comunicación. La chincheta permitió una interacción dinámica con estos espacios: añadir, mover o retirar documentos con facilidad. En cierto modo, anticipa la lógica de las interfaces digitales actuales, donde la información se reorganiza constantemente.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La primera persiana de la historia nació en un desierto noticia Si El accidente más nutritivo de la historia: cómo una botella cambió la infancia para siempreIncluso en la era digital, la chincheta no ha desaparecido. Aunque muchas funciones han sido sustituidas por pantallas y aplicaciones, sigue siendo un objeto presente en la vida cotidiana. Esto plantea una cuestión interesante: ¿por qué algunos inventos perduran mientras otros quedan obsoletos? La respuesta suele estar en su simplicidad y en su capacidad para adaptarse a diferentes contextos.
Pedro Gargantilla

El eclipse del 12 de agosto llenará la España vacía: «No tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente»

ABC
1 semana ago
En Bujalaro, pueblo dentro de lo que llaman ' la España vacía' , no llegan a la treintena de vecinos durante buena parte del año. Ahora, en julio, los parroquianos empiezan a multiplicarse con el éxodo al pueblo por vacaciones. En el Bar Moreno, una antigua peña atlética con trofeos de caza y antiguas imágenes de futbolistas decorando sus paredes (y que también hace las veces de estanco), los vecinos se juntan a tomar una caña antes de la comida, aprovechando el tiempo estival, más pausado. Mientras, a su alrededor, un nutrido grupo de niños difícil de ver en invierno busca por el suelo chapas para improvisar un partido de fútbol sobre una de las mesas. Es verano y el pueblo lo sabe. No obstante, no es un verano cualquiera. Entre cafés, tercios y conversaciones, Jorge y María hablan del eclipse total de Sol en España. Un acontecimiento histórico que cruzará de lleno la provincia de Guadalajara el próximo 12 de agosto, incluido este paraje recóndito de la Sierra Norte, un lugar donde hay municipios cuya densidad de población apenas alcanza entre uno y dos habitantes por kilómetro cuadrado (lo que le ha valido el sobrenombre de la 'Siberia española'). Y mientras medio mundo busca un hueco desde el que contemplar uno de los fenómenos astronómicos más importantes del siglo –el Ministerio de Turismo calcula que el eclipse atraerá a diez millones de personas , entre uno y dos millones de ellos, extranjeros–, Jorge y María piensan en cosas más sencillas, como conseguir que algún experto vaya hasta aquel recóndito pueblo para explicarles qué van a ver exactamente o el mejor lugar para que los más mayores disfruten del espectáculo.«Está muy difícil que alguien se preste a venir aquí, porque lo poco que hay ya está cogido por los pueblos grandes», lamenta Jorge, presidente de la Asociación Cultural de Bujalaro y quien por su trabajo reside entre el pueblo y Madrid, pero se afana en que la localidad no muera. «Queremos explicarles, sobre todo a los niños, cuándo fue el anterior eclipse, cuándo será el siguiente y por qué es una cosa inédita que no ocurrirá en mucho tiempo. Si no, me tocará ir a mí a alguna charla, coger notas y contárselo yo mismo», valora. María, maestra en el colegio de Mandayona (municipio que ni alcanza los 300 censados) y oriunda y vecina de Pinilla de Jadraque (47 habitantes), cuenta que en la escuela sí que se han dado charlas, por lo que ahora su objetivo se centra en llegar a la gente mayor. «Habrá una merienda a cargo del Ayuntamiento, después nos juntaremos en un punto accesible para todo el mundo para ver el eclipse y luego habrá un DJ. En Pinilla aprovechamos cualquier excusa para hacer una fiesta», dice sonriendo.«Al final las cosas salen porque hay una especie de complot entre todos los vecinos. Nos organizamos nosotros solos» María Profesora en Mandayona y residente en Pinilla de JadraquePorque en pueblos como Pinilla o Bujalaro la autogestión no es una elección, sino una necesidad. «Al final las cosas salen porque hay una especie de complot entre todos los vecinos. Nos organizamos nosotros solos», cuenta María. No es casualidad que también participe en la Plataforma Valle del Río Cañamares-Sierra Norte, impulsada por vecinos, asociaciones y alcaldes para defender el territorio frente a los proyectos de investigación minera planteados para la zona. «La plataforma se creó no solo para protestar, sino también para poner en valor el medio», explica. El eclipse, añade, brinda una ocasión excepcional para hacerlo.Destino olvidado ahora codiciadoParadójicamente, el eclipse ha convertido durante meses a esta comarca olvidada en uno de los destinos más codiciados de Europa. «Un amigo me preguntó que si iba a alquilar mi casa, que podría conseguir hasta 2.000 euros», relata Jorge. «Yo no lo voy a hacer, pero sé que los alquileres están muy por encima del precio normal».Y así es: el Parador de Sigüenza está completo desde 2021. Algo parecido ocurre en el de Molina de Aragón, donde hace años que no queda una habitación libre para la noche del eclipse ni para las fechas próximas. La situación se repite en hoteles, hostales y casas rurales de toda la provincia. Las pocas habitaciones que todavía aparecen disponibles se ofrecen a precios que multiplican varias veces los habituales. A pesar de todo, Sigüenza, el mayor de esos «pueblos grandes» a los que se refería Jorge (aunque ni siquiera llega a los 5.000 censados), vive aún con escepticismo la llegada del fenómeno y el impacto que pueda suponer para un pueblo ya acostumbrado al turismo. «No tenemos ningún miedo al eclipse porque en agosto siempre estamos hasta la bandera», dice Paloma Estévez, propietaria del restaurante Los Soportales, junto a la catedral seguntina. Su plan consiste precisamente en no cambiar nada: «No voy a meter más gente ni más mesas. Cuando se llenen las mesas, hasta ahí será».La prudencia domina el discurso de Carlos, responsable de un supermercado Covirán del mismo municipio. Ha oído hablar de habitaciones a 500 euros y de una posible avalancha de visitantes, pero prefiere esperar. «De momento, tranquilidad. Pero cuando venga el día, ya veremos». Él tampoco piensa alterar demasiado sus planes: esa semana coinciden las fiestas patronales y, como muchos seguntinos, también quiere disfrutarlas. «Nosotros también tenemos que vivir las fiestas».En la imagen superior, una pareja con las gafas del eclipse frente a la puerta del Parador de Sigüenza; abajo, Paloma Estévez (izquierda) junto a una empleada del bar que regenta en Sigüenza, Los Soportales; al lado, Carlos, responsable del supermercado Covirán del municipio. Laura Robles CantalapiedraUnas fiestas que provocan precisamente que la población de Sigüenza pase a multiplicarse por cuatro, llegando a las 20.000 personas concentradas. Y sobre ese pico estacional que ya tensiona los servicios públicos puede recaer ahora una afluencia extraordinaria de visitantes que amenaza con presionar aún más un sistema al límite.«En los municipios pequeños no tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente», reconoce María Jesús Merino, alcaldesa de Sigüenza y presidenta de la Asociación para el Desarrollo Local Sierra Norte ( ADEL Sierra Norte ). Señala que no han sentido demasiado el apoyo ni del Gobierno central (que ha creado una suerte de ministerio 'frankenstein' con 13 carteras , pero sin dotarlo ni de un euro de presupuesto), ni del regional. «También es cierto que es algo inédito y muy difícil de gestionar», excusa.«Quien venga, le recibiremos con los brazos abiertos; pero quien viaje que lo haga con alojamiento reservado, que llegue uno o dos días antes y que retrase la vuelta otros tantos. Que se lo tome como unas minivacaciones» María Jesús Merino Alcaldesa de SigüenzaPor eso insiste una y otra vez en la misma idea: responsabilidad. «Quien venga, le recibiremos con los brazos abiertos; pero quien viaje que lo haga con alojamiento reservado, que llegue uno o dos días antes y que retrase la vuelta otros tantos. Que se lo tome como unas minivacaciones». Porque el problema no es únicamente el minuto y medio en que el Sol desaparecerá tras la Luna, sino las horas anteriores y posteriores, cuando miles de coches intenten entrar o salir al mismo tiempo por una red de carreteras secundarias diseñada para dar servicio a algunos de los territorios menos poblados del país.El Ayuntamiento ha pedido refuerzos de seguridad, Protección Civil y sanitarios; estudia peatonalizar parte del casco urbano y pretende que los autobuses estacionen fuera del centro histórico para reducir el tráfico. Incluso evita publicitar el punto de observación oficial. «Ahora mismo no necesitamos más promoción, nosotros estamos llenos; lo que necesitamos es que la gente que ya tiene reservado venga con responsabilidad», vuelve a insistir.«Se está hablando de que vendrán a Guadalajara dos millones de personas; las mismas que habitantes en toda Castilla-La Mancha» Héctor Gregorio Alcalde de JadraqueA apenas unos kilómetros, en Jadraque, otro de los puntos más poblados de la zona (aunque a penas superan los 1.500 censados), se respira la misma incredulidad entre los vecinos y similar inquietud en su ayuntamiento. Su alcalde, Héctor Gregorio, reconoce que todavía hay muchos vecinos que no terminan de creer que un eclipse pueda alterar la vida de toda una provincia. Ni siquiera las charlas organizadas para hosteleros y alojamientos han despertado demasiado interés. «Hemos hecho ya dos y solo ha venido una persona», dice.Y, sin embargo, las cifras que circulan entre administraciones –y Gregorio las conoce bien, ya que además ocupa un cargo en la Diputación provincial– resultan difíciles de ignorar. «Se está hablando de que vendrán a Guadalajara dos millones de personas; las mismas que habitantes hay en toda Castilla-La Mancha», señala. Para muchos (incluido el propio Gregorio), estas cifras son exageradas. Para otros, si se compara con fenómenos recientes, como el eclipse solar total de EE.UU. en 2024 que provocó el caos y el decreto del estado de emergencia, son ajustadas. «Nadie sabe qué va a pasar porque este fenómeno no ocurre desde 1905, y las circunstancias son muy diferentes», señala Merino.Héctor Gregorio, el alcalde de Jadraque, posa frente al ayuntamiento con unas gafas para el eclipse. Laura Robles CantalapiedraLa oportunidad de brillar con el eclipsePese a todo, ninguno de los alcaldes renuncia a la oportunidad que supone un fenómeno como este, en el que España, junto a las remotas Groenlandia e Islandia, serán únicas protagonistas. Por ejemplo, Merino lleva años impulsando la certificación Starlight de los cielos de la Sierra Norte y la formación de guías especializados en astroturismo. «Toda esa gente que venga ahora puede querer volver», advierte.Gregorio comparte esa visión, aunque con el realismo de quien ha gestionado antes momentos muy caóticos. «Después de una pandemia y una Filomena no me da miedo nada», bromea. Hace una pausa y rectifica inmediatamente: «Bueno... esto sí me da miedo. No por el eclipse, sino por todo lo que puede ocurrir alrededor de él».Porque el eclipse durará poco más de un minuto. Después volverá el día. Y quedará por comprobar si, además del recuerdo de un momento irrepetible, esa oscuridad fugaz consigue iluminar también el futuro de unos pueblos que quizá no estén para contemplar el siguiente.
Patricia Biosca

Alertan especialistas por propagación de “supergonorrea” en Europa

Wired Ciencias
1 semana ago
Estas son las recomendaciones para que instituciones sanitarias y la población en general puedan reducir la transmisión de este tipo de gonorrea resistente a los tratamientos con antibióticos.
Javier Carbajal

Fracking en México: desde escasez de agua a sismos inducidos, estudio advierte los posibles impactos para más de 6 millones de personas

Wired Ciencias
1 semana 1 día ago
La contaminación de agua, sismos inducidos, la dispersión de comunidades rurales y conflictos con comunidades indígenas son algunos de los posibles impactos en las regiones donde se busca extraer gas natural y petróleo por fracturación hidráulica.
Gonzalo Ortuño López, Mongabay LATAM

“A la gente no le gustan las mujeres que hablan claro y dicen lo que piensan”: Krithi Karanth, Exploradora del Año Rolex National Geographic 2026

Wired Ciencias
1 semana 1 día ago
Krithi Karanth lleva décadas protegiendo a las personas, a los animales y educando a las infancias para mejorar la relación entre la naturaleza y el humano en la India. Por eso fue nombrada con el prestigioso reconociminento Exploradora del Año Rolex National Geographic 2026.
Mael Vallejo

El plan del Pentágono para elevar la testosterona de sus soldados es una fantasía pseudocientífica

Wired Ciencias
1 semana 2 días ago
La idea del secretario de Defensa de administrar terapia de testosterona a los miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos revela un escaso conocimiento de la complejidad de las hormonas.
Miles Klee

Este robot imita a las aves acuáticas para volar y nadar con las mismas alas

Wired Ciencias
1 semana 2 días ago
Un equipo de investigación formado por científicos de Estados Unidos y Suiza desarrolló un robot que aletea y combina la capacidad de volar por el aire con la de sumergirse y nadar en el agua. Se han inspirado en los movimientos de las aves marinas, que se zambullen desde el aire al mar para capturar su presa.
Ritsuko Kawai

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