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    2 meses ago

Fuentes RSS

Encuentran un mecanismo oculto en los riñones que ayuda a evitar la deshidratación

Wired Ciencias
2 semanas 2 días ago
Los riñones son fundamentales para mantener el equilibrio de los líquidos del organismo. Hasta hace poco se creía que esta función dependía principalmente de un único mecanismo, pero investigaciones recientes han revelado la existencia de una segunda vía que actúa en paralelo.
Ritsuko Kawai

Encuentran microplásticos en muestras de hace 200 años, antes de que el plástico moderno existiera. ¿Cómo es eso posible?

Wired Ciencias
2 semanas 2 días ago
El hallazgo parece imposible: plástico en sedimentos anteriores a su invención. La respuesta no está en el tiempo, sino en el movimiento de los microplásticos.
Jorge Garay

Existe un plan para enfriar el planeta rociando nubes. Podría salir mal

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
Ante la creciente preocupación por un fenómeno de El Niño cada vez más intenso, nuevos hallazgos sugieren una solución radical para mitigar sus impactos.
Molly Taft

Definitivamente, Urano y Neptuno no son lo que parecen

ABC
2 semanas 3 días ago
Llevamos toda la vida refiriéndonos a ellos como 'los gigantes de hielo' y resulta que igual no lo son. Gigantes sí, por supuesto, se trata de dos mundos enormes, pero hechos de algo más sólido, y mucho más caliente, que el agua congelada. Hace algo más de dos meses, ABC se hacía eco de un estudio según el cual en las entrañas de Urano y Neptuno ocurre algo verdaderamente extraño: bajo presiones extremas, los materiales de su interior se debaten entre estados que desafían la física clásica, desdibujando la frontera entre lo sólido y lo líquido. En aquel informe se sugería que el corazón de estos mundos podría albergar 'fluidos supercríticos' o incluso hielo super iónico caliente. Sin embargo, toda una avalancha de nuevas investigaciones apunta ahora a una conclusión aún más radical: el hielo no es, ni de lejos, el protagonista de esta historia.Durante décadas, los estudiantes de todo el mundo han memorizado el mismo esquema del Sistema Solar: primero los mundos rocosos como la Tierra o Marte; luego los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno; y finalmente, en los fríos confines de nuestro vecindario cósmico, los gigantes de hielo, Urano y Neptuno . Hace veinte años, los astrónomos ya alteraron ese esquema al degradar a Plutón a la categoría de 'planeta enano'. Y ahora, parece que ha llegado el momento de revisar también nuestras ideas sobre los dos colosos azules porque, en realidad, sabemos aún muy poco sobre la composición de estos dos planetas.Un espejismo de hace cuarenta añosOriginalmente, Urano y Neptuno recibieron la 'etiqueta' de mundos helados porque orbitan más allá de la llamada 'línea de hielo' del Sistema Solar, es decir, la frontera a partir de la cual el agua, el amoníaco, el monóxido de carbono y otras moléculas volátiles se congelan. Por lógica, si esa región era rica en agua congelada durante la infancia del Sistema Solar, el interior de esos mundos debía estar compuesto mayoritariamente por agua, comprimida por la brutal gravedad.Pero hay un problema grave con esta teoría. Y es que las únicas mediciones directas y cercanas de ambos mundos se realizaron hace ya 40 años, cuando la histórica sonda Voyager 2 de la NASA pasó por Urano en 1986 y por Neptuno en 1989. Y aquellos datos, aunque extremadamente valiosos, son hoy insuficientes. Por otra parte, estudios recientes de pequeños cuerpos más allá de la órbita de Neptuno, así como del propio Plutón, han revelado que albergan mucha menos agua y amoníaco de lo que se pensaba, no superando el 50% de su contenido rocoso.Las únicas mediciones directas y cercanas de ambos mundos se realizaron hace 40 años; aquellos datos son hoy insuficientesEn otras palabras, la evidencia de que Urano y Neptuno están 'helados' es completamente indirecta y circunstancial. Y ambos podrían ser mucho más complejos de lo que pensábamos.Océanos de magma hirvienteAveriguar qué se esconde bajo las espesas atmósferas de estos dos colosos planetarios no es solo un capricho académico. Porque los planetas ligeramente más pequeños que Neptuno (los llamados sub-Neptunos) son, según los datos del telescopio espacial Kepler, el tipo de mundo más común en toda la Vía Láctea. Y resulta que tenemos a dos de sus 'primos' aquí, en nuestro propio vecindario, y aún así apenas los comprendemos.Para arrojar luz sobre la cuestión, un equipo liderado por Edward Young, científico planetario de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), acaba de publicar un extenso estudio en 'The Astrophysical Journal'. Inspirándose en la composición conocida de exoplanetas, Young y sus colegas simularon modelos matemáticos donde ambos mundos, Urano y Neptuno, poseían un núcleo de hierro, un manto rocoso y una enorme envoltura de gas hidrógeno.Ponerse de acuerdo en un nuevo nombre para los planetas está resultando tan difícil como diseñar una misión para visitarlosEl resultado fue, como mínimo, intrigante. Al mezclarse los materiales bajo presiones aplastantes, el punto de fusión de la roca descendió drásticamente, dando lugar a colosales océanos de magma fundido. Y no, no se trata del magma espeso y volcánico que vemos en la Tierra. Imaginemos un fluido denso y supercrítico, aprisionado bajo presiones extremas, con gigantescas cantidades de hidrógeno y helio disueltos en su interior. Una sopa ardiente capaz de conservar su asombroso calor durante miles de millones de años gracias al grueso 'abrigo' aislante de sus atmósferas. Cero hielo a la vista. Se trata, sin duda, de un replanteamiento radical de la astrofísica y de los entornos en los que ambos mundos se formaron.El misterio del metanoEsta teoría del magma no es una voz aislada. Roberto Tejada Arevalo, astrofísico de la Universidad de Princeton, ya elaboró modelos similares hace alrededor de un año para explicar un enigma histórico: por qué Neptuno emite mucha más energía térmica interna que Urano. Y su investigación demostró que un interior de magma supercrítico mezclado con agua, amoníaco y metano encaja a la perfección con el calor y las propiedades observadas.Para entender este concepto, podemos imaginar una simple botella de aliño para ensaladas. A temperaturas y presiones normales, el vinagre y el aceite se separan en capas. Sin embargo, si sometemos esa vinagreta a las presiones infernales de miles de atmósferas (como sucede en el corazón de Neptuno) y la agitamos con fuerza, los elementos pesados (roca y hielo) se mezclarán íntimamente con los gases, creando una emulsión exótica y fluida.Y en 2024 Uri Malamud, del Instituto Technion de Israel, aportó un giro de tuerca diferente en un estudio publicado en 'Icarus'. Para este investigador, sí que hay hielo en Urano y Neptuno, pero no de agua, sino de metano. En sus propias simulaciones, el escenario que mejor encajaba con el tamaño y la masa de ambos planetas se producía cuando enormes cantidades de hollín (carbono puro) se mezclaban con el hidrógeno atmosférico primordial. Esta reacción química habría formado metano puro, el cual, en estado líquido, terminó hundiéndose hacia las entrañas de ambos mundos.Y hace apenas un mes, Vanessa Ramírez, investigadora de la Universidad de Leiden, añadía más datos al rompecabezas. Sus modelos, de hecho, apuntaban a que estos mundos podrían estar hechos, en realidad, por más de un 60% roca , y organizados en capas muy diferenciadas. Observaciones recientes de Urano con el gigantesco radiotelescopio ALMA en Chile han detectado, por último, niveles anómalos de monóxido de carbono, un gas que delata un interior profundamente diferente a lo que creíamos.En busca de un nuevo nombreAnte esta auténtica avalancha de resultados cruzados, la comunidad científica tiene claro que hay un único camino a seguir: volver allí. En la evaluación decenal de 2023 de las Academias Nacionales de Ciencias de EE.UU. , los planetólogos añadieron una sonda orbital a Urano como la prioridad número uno absoluta. «Necesitamos desesperadamente -afirmaban los científicos- una misión insignia para encajar todas estas piezas del rompecabezas».Sin embargo, y mientras la NASA y la ESA deciden si enviar por fin una nave a desentrañar el misterio, los astrónomos debaten un problema más mundano: ¿Cómo llamamos ahora a estos planetas? Suenan ya varios nombres, aunque parece que ninguno de ellos está destinado a conseguir los favores del público. Desde luego no el de 'gigantes miscibles', en honor a la mezcla íntima de sus materiales. Puede que otras sugerencias, como 'subgigantes' o 'gigantes menores' lo tengan más fácil, aunque es pronto para decirlo. Arevalo prefiere 'gigantes de metal', utilizando la jerga astronómica que denomina metal a todo lo que no sea hidrógeno ni helio. Evocador y sonoro, pero ya veremos.Jonathan Fortney, astrofísico de la Universidad de California, lo resume con humor al recordar una reunión de expertos de hace años para planificar futuras misiones: «Éramos 10, encerrados en una habitación durante una semana. Y ni siquiera nos pusimos de acuerdo en cuál sería el mejor nombre».
José Manuel Nieves

Los bulos científicos se cuelan en la vida cotidiana, pero pensamos que solo se los creen los demás

ABC
2 semanas 3 días ago
Pan peligrosísimo porque se excede en moléculas con gluten, fruta que te perjudica por la noche o ¡el agua engorda! Estas afirmaciones son falsas pero circulan por redes sociales a la velocidad de la luz. Son los nuevos bulos científicos, los que más perciben los ciudadanos en España, especialmente en reels y plataformas de vídeo. Si en la época del Covid imperaban los grandes complots contra las vacunas , ahora las noticias falsas tratan de calar en la vida cotidiana, sobresaliendo las que se refieren al campo de la nutrición y el bienestar físico. Más de la mitad de los ciudadanos se consideran capaces de distinguirlas pero, curiosamente, solo el 3% cree que el español medio puede hacerlo. Los crédulos son los otros. Estas son algunas de las conclusiones del segundo 'Informe sobre la desinformación científica en España', de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), dado a conocer este jueves. El trabajo, elaborado a partir de 2.215 cuestionarios a ciudadanos mayores de 16 años y usuarios habituales de internet, detecta que la desinformación ha dejado de ocupar una «posición marginal» para integrarse en el experiencia informativa cotidiana de los ciudadanos. Los encuestados señalan que la alimentación y el bienestar físico fueron los temas sobre los que recibieron más información en la última semana, pero también en los que creyeron encontrar más bulos (40%), seguidos del cambio climático (36,2%) y tratamientos médicos (31,9%). El Covid y las vacunas, que lideraban las noticias falsas en 2022 (37,5%), cuando se hizo el primer informe, ceden el primer puesto y bajan al 28,3%.Decisiones domésticas«La desinformación científica ha entrado en el terreno de lo doméstico», asegura Celia Díaz Catalán, coautora del estudio e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en un encuentro con los medios organizado por el Science Media Centre (SMC) España. «Es un cambio en la naturaleza del fenómeno: ya no hablamos de grandes complots por una situación sanitaria puntual, sino de informaciones que buscan cambiar decisiones cotidianas sobre qué comer, qué suplementos tomar o qué rutinas seguir...», apunta.Un tercio de la población usa la IA para informarse sobre ciencia, salud o medio ambiente. Sin embargo, casi el 30% admite que no se fía. Que se haya hecho familiar no significa que inspire confianzaLas platafomas de vídeos y redes sociales son, para siete de cada diez personas, el canal principal de recepción de desinformación. Pero la gran incorporación es la IA. Un tercio de la población usa Chat GPT o Gemini para informarse sobre ciencia, salud o medio ambiente. Sin embargo, casi el 30% admite que no puede fiarse del contenido. Que se haya hecho familiar no significa que inspire confianza. «Se consume lo que es accesible e inmediato, no lo que se cree más fiable. Esto ocurre también en otros países», reflexiona Díaz Catalán. Los científicos y el personal sanitario siguen siendo los actores en los que más confía la población a la hora de informarse sobre ciencia. Más del 80% los destaca. Les sigue de cerca la Aemet (73,9%), a pesar de las últimas polémicas, mientras que hay más recelo hacia la ONU, la OMS o la UE. Los que generan más desconfianza son los periodistas e influencers y, sobre todo, los políticos. «Se confía más en quien genera conocimiento y menos en el encargado de aplicarlo», señala la investigadora. Con todo, más del 70 % cree que los bulos tienen consecuencias: puedan dañar la salud, manipular creencias... E incluso poner en peligro el sistema democrático, algo que temen especialmente las personas de más edad. Sin embargo, el 13% reconoce haber compartido algún bulo en conversaciones cara a cara dentro de círculos de amigos o familiares, y un porcentaje algo menor lo ha hecho en las redes. A la hora de distinguir una noticia falsa de una auténtica, más de la mitad de la población se considera "bastante seguro". Sin embargo, y es un dato muy curioso, solo el 3% cree que el español promedio consigue hacerlo. Eso implica que se debe "proteger a esa población vulnerable", según concluyen los autores. Más del 60% apoya la restricción gubernamental de información falsa online, aunque limite la libertad de prensa. Razón y emociónEl estudio, que se encuadra dentro de la iniciativa Iberifier, un observatorio de medios digitales de España y Portugal, impulsado por la Comisión Europea, también incluyó un experimento en el que se mostró a los participantes cuatro titulares falsos y cuatro verdaderos sobre el clima, las vacunas, la alimentación y la salud. Después, se les pidió que pensaran sobre la credibilidad de las noticias, y a otros sobre la reacción emocional que les suscitaba. Pues bien, los resultados mostraron que pensar sobre la credibilidad reduce la posibilidad de compartir información falsa (aunque también verdadera), mientras que la emoción lleva a compartirla más, sin pensar en su verosimilitud. El pensamiento conspirativo y las opiniones y actitudes alienadas con el populismo científico aumentan la posibilidad de compartir una noticia falsa. A esto se une otro fenómeno llamado "las noticias me encuentran", por el que los usuarios confían de forma pasiva en lo que les ofrecen las redes sociales y algoritmos para mantenerse informados, en lugar de buscar activamente la información. Les ocurre sobre todo a los jóvenes y la información recibida, que en muchos casos no es cuestionada, suele ser "de calidad bastante baja". Como dice Díaz Catalán, "la desinformación no es una crisis puntual, es ruido de fondo, ha venido para quedarse y está en toda la vida cotidiana".
Judith de Jorge

Mapa de sitios donde ver el eclipse total de Sol: EL PAÍS recopila más de 350 puntos de observación oficiales

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2 semanas 3 días ago
A un mes del fenómeno astronómico, las comunidades autónomas mejor ubicadas para contemplarlo (Asturias, Galicia y Castilla y León) revelan sus miradores recomendados para gestionar multitudes y minimizar desplazamientos
Francisco Doménech ,Sebastián Casse,Selva Vargas Reátegui,Paola Mendoza,Domitila Diez,Ivanna Vallespín Ortiz

Un estudio apunta a que el sexo entre machos de escarabajo aumenta con el calor

El País Ciencia
2 semanas 3 días ago
Los investigadores creen que el estrés térmico altera las señales químicas con las que estos insectos distinguen el sexo de otros individuos
Esther Sánchez García

Un tercio de los españoles se informa sobre ciencia y salud con IA aunque desconfíe de ella

El País Ciencia
2 semanas 3 días ago
Un informe de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología revela que el 13,3% de los encuestados admite haber compartido alguna vez información falsa
Ana Lozano del Campo

La calidad del semen varía entre regiones de España. Un estudio investigó el motivo y hay una posible causa responsable

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
Este sería el primer estudio que descarta estilos de vida como el tabaquismo, el sobrepeso o el consumo de alcohol como un factor de influencia determinante en la calidad seminal.
Fernanda González

Esto es lo que ver una final de futbol le hace a tu cuerpo, según la ciencia

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
Un reciente estudio monitoreó a cientos de fans de futbol hasta que su equipo favorito llegó a la final de un torneo: su estrés se disparó y sus pulsaciones se comportaron de forma extraña.
Jorge Garay

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