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La ratopina reina con su olor: hallan la molécula con la que bloquea la fertilidad de otras hembras

El País Ciencia
1 semana 4 días ago
Un estudio identifica la señal química con la que la líder mantiene su dominio en la reproducción y altera las hormonas de la colonia
Selva Vargas Reátegui

El perfume secreto que mantiene la paz y la castidad (al menos entre las ratas topo desnudas)

ABC
1 semana 4 días ago
En un episodio de la serie 'Los Simpson', Lisa crea un perfume que consigue que los abusones no ataquen a los 'cerebritos'. Es una combinación de algo simple: ingredientes de un aliño de ensalada que, según cuenta la niña delante de una convención de científicos, bloquea los receptores olfativos de los 'bullies', convirtiéndolos en personas «totalmente inofensivas», que incluso se dejan acariciar como gatitos. Esto, que por supuesto forma parte del universo animado y de ficción de la popular familia amarilla, puede no estar tan alejado de la realidad en el mundo de la rata topo desnuda. Porque un estudio publicado en ' Nature ' acaba de descubrir que las reinas de esta peculiar especie (que, entre otras cosas, no siente dolor , es extremadamente longeva y no padece cáncer ) producen una molécula capaz de mantener la paz social en dentro de la colonia incluso cuando ella no está presente. Es más: puede inhibir que el resto de hembras no se reproduzca, lo que trae armonía y unidad a estas sociedades. «Sospechábamos que las señales olfativas desempeñaban un papel importante, como ocurre en los insectos, especialmente porque ya habíamos demostrado que las ratas topo desnudas utilizan el olfato para distinguir a los miembros de su propia colonia de los individuos procedentes de colonias diferentes», explica Gary Lewin, responsable del grupo de Fisiología Molecular de la Percepción Somatosensorial del Max Delbrück Center de Berlín y autor del estudio. «Con este estudio queríamos comprender los mecanismos biológicos que permiten a la reina mantener su exclusividad reproductiva«. El fin de la reina, el inicio del caosLa protagonista de esta historia es la rata topo desnuda ( Heterocephalus glaber ), uno de los mamíferos más extravagantes del planeta. Vive bajo tierra en colonias que recuerdan mucho más a un hormiguero o una colmena que a una familia de roedores. Solo existe una reina reproductora; el resto trabaja excavando túneles, buscando alimento o cuidando de las crías sin dejar descendencia propia.Durante décadas los científicos sabían que, cuando la reina moría o desaparecía, el orden se rompía casi de inmediato: las hembras comenzaban a pelear violentamente por ocupar el trono y recuperar su fertilidad. Lo que nadie había conseguido explicar era cómo una sola reina mantenía sometido al resto del grupo. Y la respuesta estaba, literalmente, en el aire. El equipo dirigido por Lewin ha identificado una sustancia química presente casi exclusivamente en las reinas: el miristato de isopropilo (IPM), un compuesto utilizado incluso en cosmética como agente hidratante, pero que para las ratas topo funciona como una auténtica señal de autoridad. «Funciona incluso cuando la reina está ausente y los animales solo están expuestos al olor», explica Mohammed Khallaf, primer autor del trabajo.Comprobaron que el compuesto aparecía en concentraciones muy elevadas en las reinas, especialmente durante la ovulación y el embarazo, y era prácticamente inexistente en el resto de los individuosLos investigadores analizaron cientos de muestras obtenidas de más de 350 ratas topo desnudas y comprobaron que el compuesto aparecía en concentraciones muy elevadas en las reinas, especialmente durante la ovulación y el embarazo, mientras que era prácticamente inexistente en el resto de los individuos.Analizando el nuevo 'perfume'Así que los científicos decidieron poner a prueba esta molécula y primero comprobaron que el cerebro de las ratas topo respondía específicamente al compuesto. Utilizando registros electrofisiológicos, microscopía e incluso ecografía funcional cerebral –una técnica que permite visualizar qué regiones del cerebro se activan– demostraron que el IPM activa los circuitos olfativos relacionados con el comportamiento social.Después hicieron otro experimento y sacaron a la reina de la colonia, pero pulverizando cada día el compuesto químico dentro del sistema de túneles. Aunque normalmente cuando la reina desaparece de la colonia, las peleas empiezan en cuestión de días, aquí se mantuvo la calma. «En nuestros experimentos descubrimos que la presencia física de la reina no es esencial para mantener la armonía en la colonia –explica Lewin–. Bastaba con pulverizar miristato de isopropilo cada día». Cuando dejaron de hacerlo, los conflictos reaparecieron rápidamente.La 'colonia' de la castidadLa molécula no se limita solo a frenar peleas, sino que alcanza directamente al sistema hormonal. Las hembras expuestas al olor aumentaban sus niveles de prolactina, una hormona conocida por reducir la fertilidad en mamíferos, mientras disminuían las concentraciones de progesterona, esencial para la reproducción. En otras palabras, el aroma de la reina convierte al resto de las hembras en temporalmente infértiles.Una reina rata topo embarazada (izquierda) y una rata topo obrera (derecha) Felix Petermann, Centro Max DelbrückLa demostración más llamativa llegó cuando los investigadores aislaron parejas formadas por un macho y una hembra que, en circunstancias normales, comenzarían a reproducirse al cabo de pocos días. Las parejas expuestas diariamente al olor de la reina –o directamente al compuesto químico– no mostraron interés sexual y ninguna llegó a reproducirse durante las 18 semanas que duró el experimento.Los propios autores comprobaron que nuestros receptores olfativos apenas reaccionan frente al miristato de isopropilo, por lo que el compuesto parece ser prácticamente invisible para nuestro sentido del olfatoEl hallazgo resulta especialmente interesante porque la eusocialidad –la organización extrema en la que solo unos pocos individuos se reproducen mientras el resto trabaja para la comunidad– es extraordinariamente rara entre los mamíferos. Apenas se conoce en la rata topo desnuda y en unas pocas especies emparentadas. Hasta ahora se pensaba que mecanismos tan sofisticados eran patrimonio casi exclusivo de insectos sociales como las hormigas o las abejas.«Que un único olor pueda mantener la paz y prevenir la violencia puede sonar a ciencia ficción», reconoce Khallaf. «En el mundo de las ratas topo desnudas es una realidad». El investigador admite además que el equipo esperaba encontrar una mezcla compleja de feromonas, similar a la utilizada por los insectos sociales. En cambio, se toparon con un único compuesto químico. «Parece que la evolución recurre a soluciones ya probadas –y a veces simplificadas– incluso en especies radicalmente distintas».No obstante, esto no quiere decir que la rata topo desnuda tenga la clave para crear el antídoto 'antiabusones' de Lisa: los propios autores comprobaron que nuestros receptores olfativos apenas reaccionan frente al miristato de isopropilo, por lo que el compuesto parece ser prácticamente invisible para nuestro sentido del olfato. Sin embargo, el trabajo sí ofrece una ventana fascinante a la evolución del comportamiento social y desentraña un nuevo misterio de la enigmática rata topo, que pese a ser ampliamente estudiada, aún sigue protagonizando sorpresas.
Patricia Biosca

La próxima gran tormenta solar será mucho peor de lo que se creía

ABC
1 semana 4 días ago
Los astrónomos llevan mucho tiempo avisando. Insistiendo en la necesidad de que nos preparemos lo mejor posible para resistir el golpe de una gran tormenta solar, una catástrofe natural con el potencial de causar miles, puede que millones de muertes, daños materiales incalculables e incluso el retroceso de nuestra civilización a la era preindustrial .Sabemos, con absoluta certeza, que no podemos evitar que esa tormenta se produzca. A lo largo de la historia de nuestro planeta ha habido muchas, y en el futuro también las habrá. La cuestión, como se suele decir, no es si esa tormenta llegará, sino cuándo lo hará. Y si en ese momento estaremos, o no, lo suficientemente preparados para encajar el impacto.Y ahora, lejos de darnos un respiro, un nuevo estudio recién publicado en ' Nature ' asegura que los efectos de un 'evento de clima espacial extremo' se han subestimado sistemáticamente durante décadas. Es decir, que los peligros inherentes a una supertormenta solar serían bastante peores de lo que pensábamos .El falso techo de nuestra protecciónHasta ahora, la ciencia de los fenómenos espaciales había operado bajo una premisa que resultaba, en cierto modo, tranquilizadora. Existía, de hecho, el consenso generalizado de que la Tierra poseía un límite natural a la hora de absorber la furia del viento solar, ese chorro incesante de plasma y gases ardientes que nuestra estrella escupe continuamente. Las observaciones sugerían que, a medida que aumentaba la fuerza del viento solar, las corrientes eléctricas inducidas en la atmósfera superior de la Tierra crecían hasta llegar a un punto de saturación en el cual, sencillamente, se estabilizaban. Es decir, que por muy violenta que fuera la erupción, nuestro mundo no podía 'electrificarse' más allá de ese límite.Sin embargo, el equipo liderado por Nithin Sivadas, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, y Maria Walach, de la Universidad de Lancaster, ha echado por tierra esa reconfortante suposición. En realidad, el 'escudo' del planeta no es inagotable y, peor aún, el supuesto límite superior es en realidad una ilusión, un espejismo estadístico provocado por la incertidumbre en nuestras propias herramientas de medición.Igual que un radar mal calibrado puede ignorar las velocidades más altas, nuestros satélites han estado interpretando a la baja la fuerza del SolLa trampa de medir desde lejosEl error detectado por los investigadores equivale a un radar de tráfico que estuviera mal calibrado en sus mediciones más altas y registrara, por lo tanto, velocidades muy por debajo de las que realmente llevan los coches más rápidos. Al hacer la media de los datos recopilados, los ingenieros podrían creer erróneamente que ningún vehículo supera jamás los 200 km/h, diseñando en consecuencia barreras de contención deficientes.Pues bien, algo muy parecido nos ha ocurrido en el espacio. Las mediciones que usamos para predecir el clima espacial provienen principalmente de satélites estacionados en el Punto de Lagrange 1 (L1), situado a un millón y medio de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol. La enorme distancia y los errores propios de los sensores en momentos de saturación generan un efecto que en estadística se conoce como 'regresión a la media'. Y al promediar las lecturas de numerosos eventos, los datos sugieren falsamente que los peores vientos solares no provocan corrientes igual de fuertes porque, de media, los vientos solares que llegan a la Tierra son más débiles.«Normalmente -advierte Sivadas- asumimos que la verdad puede estar cerca de lo que medimos. Pero la teoría de la probabilidad dice que se inclina hacia un lado. Es por eso que los riesgos del clima espacial parecen subestimados».Un huracán magnético sin frenosPara descubrir la verdad, el equipo de investigación ignoró los datos más lejanos (los tomados desde el punto L1) y analizó más de un millón de registros adquiridos directamente por naves de la NASA en órbita baja, rozando casi nuestro planeta. Los datos revelaron una relación directa e inquebrantable. A más fuerza del viento solar, más corriente en nuestra atmósfera. No existe ningún límite superior.«El campo magnético de nuestro planeta -explica la doctora Walach- hace un gran trabajo protegiéndonos de muchos de los efectos del clima espacial que, a menudo, sólo se manifiestan como fallos puntuales o hermosas auroras. Sin embargo, hay casos extremos, en los que los satélites caen inesperadamente a la Tierra, o perdemos la comunicación y las señales GPS».Un Evento Carrington en el siglo XXI costaría más de dos billones de dólares, calcinando satélites e infraestructuras eléctricas vitales y devolviendo a continentes enteros a una era preindustrialNo hace falta retroceder mucho en el tiempo para comprobar nuestra extrema vulnerabilidad tecnológica. En marzo de 1989, por ejemplo, una tormenta solar moderada colapsó toda la red eléctrica de la provincia de Quebec (Canadá) en apenas 90 segundos. Seis millones de personas se quedaron sumidas en la oscuridad y el frío, lo que generó pérdidas millonarias.Pero el verdadero terror de los astrofísicos es la posibilidad de que se repita el Evento Carrington de 1859 . Aquella erupción masiva inyectó tanta energía en la atmósfera que las líneas de telégrafo de Europa y Norteamérica ardieron, y las auroras boreales iluminaron los cielos del Caribe con un resplandor que permitía leer a medianoche. Según estimaciones de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU., si un evento de esa magnitud nos golpeara hoy, los daños iniciales superarían los dos billones de dólares, friendo transformadores vitales y devolviendo a continentes enteros a una era preindustrial.Descubrir que la Tierra no tiene un límite para absorber ese castigo, implica que nuestros escudos actuales son insuficientes de manera alarmante. «Si no hay un límite superior a la respuesta de nuestro planeta al viento solar -concluye Walach-, los modelos para casos extremos deben tener esto en cuenta y debemos estar alerta. Afortunadamente, estos casos muy extremos son raros, pero esto también significa que tenemos datos limitados para trabajar y solo el tiempo dirá qué sucede en un evento muy extremo, del tipo que ocurre una vez cada mil años».
José Manuel Nieves

Los incendios forestales perjudican el embarazo: hay más riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer

El País Ciencia
1 semana 4 días ago
Un estudio asegura que el impacto es “pequeño, pero consistente” y lo achaca al estrés provocado por la amenaza y a la contaminación que genera el humo
Jessica Mouzo Quintáns

El planeta más tenue jamás fotografiado desde la Tierra, descubierto tras más de 10 años de búsqueda

ABC
1 semana 4 días ago
El sistema de Beta Pictoris, una estrella visible a simple vista a unos 63 años luz de la Tierra, ha fascinando a los científicos durante décadas al encontrarse en proceso de formación. En 2008 los astrónomos descubrieron un gigante gaseoso a su alrededor, Beta Pictoris b , uno de los primeros exoplanetas (mundos fuera de nuestro sistema solar) captados mediante imagen directa . Once años después, apareció el segundo mundo gigante en órbita, el c, y hoy, tras más de una diez años de búsqueda en observaciones archivadas, un equipo de astrónomos ha dado con el tercero. Ha sido muy difícil encontrarlo proque se trata del planeta más tenue jamás fotografiado. Beta Pictoris d, detectado con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), es cien veces menos brillante que Beta Pictoris b. «Fue un descubrimiento fortuito», afirma Ben Sutlieff, codirector del estudio publicado este miércoles en 'The Astrophysical Journal Letters' y astrónomo de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido. «Inicialmente, queríamos analizar con más detalle un planeta conocido del sistema, Beta Pictoris b, para ver cómo había cambiado con el tiempo», añade. Sin embargo, al analizar las imágenes, el equipo descubrió algo más.«Hay algo más ahí, ¿lo has visto?», recuerda Markus Bonse, astrónomo del ESO en Alemania y codirector del estudio, haber dicho al analizar los datos. Para confirmar la naturaleza de su detección, el equipo revisó el archivo de observaciones de ESO. Allí encontraron un nuevo planeta, Beta Pictoris d, en múltiples imágenes que datan de hace hasta once años, incluyendo una en la que apenas era visible contra el resplandor de su vecino más grande, Beta Pictoris b. «Al parecer, el planeta d ha estado jugando al escondite con nosotros durante más de una década y solo ahora podemos decir: '¡Te encontramos!'», dice Jayne Birkby, coautora del estudio y astrónoma de la Universidad de Oxford, Reino Unido.Frío y menos masivoEl planeta recién descubierto, al igual que los otros dos del sistema, es un gigante gaseoso como Júpiter o Saturno. Sin embargo, tiene una órbita mucho más amplia que sus dos compañeros. Además, mientras que los dos primeros planetas tienen aproximadamente diez veces la masa de Júpiter, el d es solo 2,4 veces más masivo. También es relativamente frío y, por lo tanto, extremadamente tenue en comparación con su estrella anfitriona.La imagen directa, donde la luz de un objeto se captura como en una fotografía, solo funciona para planetas lo suficientemente brillantes como para aparecer junto a sus estrellas anfitrionas, mucho más brillantes. Por lo tanto, según los investigadores, tomar una imagen directa de un planeta tan tenue como Beta Pictoris d representa un logro significativo. «El nuevo planeta es 100 veces más tenue que Beta Pictoris b, el famoso planeta del mismo sistema, lo que lo convierte en el exoplaneta más tenue jamás fotografiado directamente desde la Tierra », redunda Bonse. Para confirmar el descubrimiento de un planeta a partir de una detección, los astrónomos suelen realizar observaciones de seguimiento. Sin embargo, este sistema había sido estudiado exhaustivamente, con varias imágenes almacenadas en los archivos científicos del ESO y el JWST. « Para nuestra alegría, apareció en observaciones previas de SPHERE », dice Birkby, refiriéndose a otro instrumento del VLT utilizado anteriormente para observar el sistema Beta Pictoris. El planeta también fue detectado en observaciones de archivo de NIRCam, un instrumento del telescopio espacial James Webb (JWST). Ahora que el equipo sabía dónde buscar el posible nuevo planeta, «¡ resulta que estaba oculto en los datos todo este tiempo! », dice Birkby. Beta Pictoris es ahora el segundo sistema, después de HR 8799 , donde se han fotografiado directamente más de dos planetas. Estos sistemas con múltiples exoplanetas fotografiados directamente son el 'santo grial' de los descubrimientos, porque pueden enseñarnos mucho sobre cómo son los diferentes exoplanetas en el mismo entorno de formación. Beta Pictoris d también aclara un misterio en su sistema planetario, ya que tiene la masa y la posición exactas para explicar la forma particular del disco de escombros circundante, formado por los restos de la formación planetaria.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Astrónomos españoles detectan azúcar en el espacio noticia Si Qué es un eclipse solar: guía básica para entender el trío de eclipses en EspañaEl descubrimiento de Beta Pictoris d fomenta la obtención de imágenes directas de sistemas planetarios donde planetas débiles podrían haber estado ocultos a plena vista, incluso con el próximo Telescopio Extremadamente Grande (ELT) del ESO. «Los planetas parecen tener amigos», dice Beth Biller, también coautora del artículo y astrónoma de la Universidad de Edimburgo, «muchos de los famosos sistemas de exoplanetas observados directamente parecen tener múltiples planetas gigantes en el mismo sistema, y es probable que haya incluso más planetas de menor masa ocultos en estos sistemas que podrían revelarse con los instrumentos del ELT». Más tesoros ocultos podrían estar esperando a ser descubiertos.
J. de Jorge

Lactato, el aliado en un maratón que científicos y chefs han conseguido hacer comestible

El País Ciencia
1 semana 5 días ago
El estado de forma de los atletas de fondo se evalúa midiendo la concentración en sangre de este compuesto. Un equipo de investigadores y cocineros españoles ha formulado una versión ingerible que busca mejorar el rendimiento deportivo
Ana Lozano del Campo

Astrónomos españoles detectan azúcar en el espacio

ABC
1 semana 5 días ago
Cada vez resulta más frecuente descubrir complejas moléculas orgánicas flotando en la inmensidad del cosmos. Más de 340 tipos diferentes, en efecto, se han identificado ya 'ahí arriba', aunque los azúcares de tres o más átomos de carbono nunca han estado entre ellas. Es cierto que los científicos ya habían logrado hallar azúcares elementales 'a bordo' de antiguos meteoritos e incluso en asteroides como Bennu . Pero nunca hasta ahora se había conseguido detectar un azúcar libre, vagando sin ataduras en el gélido medio interestelar.Pero eso es precisamente lo que acaba de lograr un equipo de científicos españoles, cuyos hallazgos se acaban de publicar en ' Nature Astronomy '. Un descubrimiento que podría tener profundas implicaciones para la comprensión del origen de la vida.'Frambuesas' en el centro de la Vía LácteaBajo la dirección de la investigadora Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiologia (INTA/CSIC), el equipo ha logrado identificar de manera inequívoca la presencia de eritrulosa en una inmensa y oscura nube de gas y polvo cósmico, catalogada por los astrónomos como G+0.693-0.027 y situada muy cerca del turbulento centro de la Vía Láctea.La eritrulosa es un azúcar formado por cuatro átomos de carbono que en la Tierra nos resulta extremadamente cotidiano. De hecho, es la sustancia que se encuentra de forma natural en el corazón de las frambuesas y, por sus propiedades, es también un ingrediente básico de la industria cosmética a la hora de fabricar los conocidos autobronceadores. Y ahora sabemos que también flota libremente en el espacio, a miles de años luz de la Tierra.Para descubrirlo, los astrónomos recurrieron a dos grandes instalaciones científicas españolas: el radiotelescopio de Yebes (de 40 metros), en Guadalajara, y el inmenso plato parabólico de 30 metros del IRAM, encaramado en el Pico Veleta de Sierra Nevada. Así, escudriñando el cielo, el equipo rastreó los débiles ecos electromagnéticos de la nube. Y al cruzar los datos obtenidos con las 'huellas dactilares' de la eritrulosa medidas en el laboratorio, encontraron hasta doce conjuntos de señales coincidentes.Encontrar mecanismos alternativos de formación de azúcares podría resolver los problemas históricos de la teoría del 'mundo de ARN'Las cifras son contundentes: la eritrulosa es, como mínimo, ocho veces más abundante en esa lejana nube que otros azúcares estructuralmente similares pero más pequeños (de tres átomos de carbono), que curiosamente brillan por su ausencia en esa misma zona del cielo. Lo cual sugiere que, al amparo de las bajísimas temperaturas, este azúcar se ensambla de forma gradual sobre la superficie de diminutos granos de polvo helado a partir de ingredientes más sencillos, preparándose para integrar futuros sistemas químicos más complejos.Un salto en la complejidadHasta hoy, las redes de la astroquímica habían conseguido 'pescar' más de 340 moléculas de diferente tamaño en la oscuridad del espacio, pero los azúcares de tres o más átomos siempre se habían resistido a ese escrutinio. Según Andrés de la Escosura Navazo, científico del Instituto de Investigación Avanzada en Ciencias Químicas (IAdChem) y director del grupo de Materiales Biohíbridos en la UAM, la importancia de este hallazgo radica en «el salto de complejidad que se ha dado en el tipo de moléculas que pueden detectarse con estos métodos».Como explica el investigador, compuestos esenciales como la glucosa y la ribosa (esta última vital para formar el ARN, pilar de la genética) ya habían aparecido en rocas espaciales primitivas de entre 3.900 y 4.450 millones de años de antigüedad. Lo que sustentaba la hipótesis de un aporte extraterrestre a la vida , «es decir, estos compuestos no fueron generados en la Tierra sino que proceden del exterior y llegan aquí a través de impactos de meteoritos».Pero había una pieza suelta: nadie sabía cómo se habían 'cocinado' esos azúcares dentro de los asteroides. Por eso, la detección directa de eritrulosa «arroja algo de luz sobre su formación en los granos de polvo helados» antes de que estos se apelmazaran para construir protoplanetas y asteroides. Además, hallar vías alternativas a las reacciones químicas que operan en la Tierra podría resolver grandes misterios prebióticos, porque los modelos teóricos clásicos tienen un fallo grave: no logran generar ribosa, y sin ribosa, la hipótesis del 'mundo de ARN' cojea. Escosura es optimista al respecto, y afirma que «encontrar en el espacio algunos de esos componentes moleculares básicos es sin duda un paso importante en esa dirección».Cuidado con las 'ilusiones cósmicas'Sin embargo, en ciencia, el entusiasmo siempre debe ir siempre acompañado del máximo rigor analítico. César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, reconoce el mérito del hallazgo, definiéndolo como «un extraordinario trabajo que combina radioastronomía, espectroscopía molecular y química computacional». Para el profesor, este hito nos muestra que los azúcares «pueden formarse en condiciones naturales en el espacio» y apoya la idea de que los hielos primigenios pudieron preservar moléculas que luego desataron la vida en entornos propicios.A pesar de lo cual, el experto lanza una severa advertencia contra los titulares grandilocuentes. Aclara, por ejemplo, que el estudio «no resuelve el problema del origen de la vida o el origen de moléculas como el ADN o ARN». Menor Salván desmenuza las interpretaciones erróneas que podrían surgir, tachándolas de 'falacias lógicas' o saltos al vacío, y pone un ejemplo cotidiano muy ilustrativo. Saber que existe un compuesto orgánico en el Universo profundo no implica que viniera después a la Tierra a crear la vida, «del mismo modo que ver gente bajarse de un avión en un aeropuerto no implica que todas las personas de la ciudad vinieron en avión».Descubrir eritrulosa en una lejana nube no significa que ésta llegara directamente a la Tierra; es una pieza más en el inmenso puzzle cósmicoCon todo, su balance final es que estamos ante un trabajo «extraordinario, sugerente, sólido y con un resultado muy relevante», aunque «hay que tener cuidado con las extrapolaciones e interpretaciones exageradas y especulativas».El nuevo trabajo, por tanto, nos vuelve a confirmar que el Universo alberga de forma natural los 'ladrillos' básicos de nuestra existencia. El misterio sigue siendo cómo llegó a ordenarlos.
José Manuel Nieves

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Aranza Bustamante

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Los investigadores reunieron fondos y tiempo para demostrar cómo la computación cuántica podría contribuir al desarrollo de medicamentos destinados a ayudar a poblaciones desfavorecidas y combatir enfermedades raras.
Isabella Ward

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