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    2 meses 1 semana ago

Fuentes RSS

Un estudio apunta a que el sexo entre machos de escarabajo aumenta con el calor

El País Ciencia
2 semanas 4 días ago
Los investigadores creen que el estrés térmico altera las señales químicas con las que estos insectos distinguen el sexo de otros individuos
Esther Sánchez García

Un tercio de los españoles se informa sobre ciencia y salud con IA aunque desconfíe de ella

El País Ciencia
2 semanas 4 días ago
Un informe de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología revela que el 13,3% de los encuestados admite haber compartido alguna vez información falsa
Ana Lozano del Campo

La calidad del semen varía entre regiones de España. Un estudio investigó el motivo y hay una posible causa responsable

Wired Ciencias
2 semanas 4 días ago
Este sería el primer estudio que descarta estilos de vida como el tabaquismo, el sobrepeso o el consumo de alcohol como un factor de influencia determinante en la calidad seminal.
Fernanda González

Esto es lo que ver una final de futbol le hace a tu cuerpo, según la ciencia

Wired Ciencias
2 semanas 4 días ago
Un reciente estudio monitoreó a cientos de fans de futbol hasta que su equipo favorito llegó a la final de un torneo: su estrés se disparó y sus pulsaciones se comportaron de forma extraña.
Jorge Garay

73 enormes estructuras bajo el mar acaban de ser reveladas por una IA diseñada para Marte

Wired Ciencias
2 semanas 4 días ago
Un algoritmo adaptado de otro creado para estudiar cráteres en Marte reveló 73 posibles calderas submarinas en nuestro planeta previamente desconocidas.
Jorge Garay

Un científico del MIT propone el primer método para detectar armas nucleares en el espacio

ABC
2 semanas 4 días ago
En 2022, apenas unas semanas antes de la invasión de Ucrania, Rusia lanzó un satélite, el Cosmos 2553, con una trayectoria muy inusual. El artefacto alcanzó una órbita cementerio a casi 2.000 km sobre la superficie terrestre, más alta que la de la mayoría de los satélites enviados al espacio. Desde entonces, personal militar estadounidense no le ha quitado ojo. Aunque Moscú dijo que el artefacto estaba destinado a probar instrumentos para investigación, Washington advirtió de que podría transportar componentes de un arma nuclear en fase de pruebas que, una vez construida, podría destruir cientos, si no miles de satélites críticos, entre ellos el sistema de internet Starlink de SpaceX, el que han estado utilizando las tropas ucranianas. El daño causado sería incalculable. El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 declaró el espacio «patrimonio de toda la humanidad», prohibiendo expresamente el emplazamiento de armas nucleares. Desde entonces, el texto ha sido firmado por 118 países, incluidos Estados Unidos, China y Rusia. El problema es que es difícil saber si todos lo cumplen, porque actualmente no existe ningún método para verificar que los satélites no contengan armas nucleares. Al menos en la literatura científica y revisada por pares, ya que la mayor parte de la investigación sobre detección nuclear es altamente clasificada. Areg Danagoulian, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), se ha convertido en el primer investigador en proponer uno. En un nuevo artículo publicado en la revista 'Nature', el científico describe un sistema de satélites sensores que podría orbitar cerca del artefacto sospechoso y detectar neutrones generados por protones de alta energía que colisionan con material radiactivo.Danagoulian calcula que un sistema de sensores del tamaño de una enciclopedia grande podría detectar un arma nuclear con un 99 % de precisión si orbitara a menos de 4.000 metros del sospechoso durante aproximadamente una semana. También estima que el tiempo de detección podría reducirse a unas horas si se utilizan varios sensores o si uno lograra acercarse a menos de 1.000 metros.Cinturones de Van AllenEn 1962, Estados Unidos detonó una ojiva termonuclear de 1,4 megatones en el espacio, que destruyó involuntariamente muchos de los primeros satélites de la época. La explosión liberó enormes cantidades de electrones altamente energizados, muchos de los cuales quedaron atrapados en el campo magnético terrestre, donde dañaron cualquier dispositivo electrónico a su paso.EE.UU. acusó a Rusia de lanzar un satélite con componentes de un arma nuclear en fase de pruebas semanas antes de la invasión de Ucrania «Cuando se produce una detonación nuclear en el espacio exterior, básicamente todo el cuerpo de la bomba se ioniza y casi todos los electrones de su masa se liberan», explica Danagoulian. «Se inyectan en lo que se conoce como el cinturón de radiación interno de Van Allen. Una vez allí, los electrones comienzan a chocar con todo lo que atraviesa esos cinturones, causando ionización, daños por radiación y otros efectos. A medida que nos adentramos más en el espacio, se crean estos densos cinturones alrededor de la Tierra, poblados por protones y electrones de alta energía», añade. Cosmos 2553 despertó las sospechas de EE.UU. al haber sido lanzado en una órbita muy extraña. Rodeaba la Tierra cada dos horas en un entorno hostil de radiación cósmica que los satélites de comunicaciones o de observación terrestre suelen evitar. Solo existen otros diez satélites en esa zona, y todos llevan años inactivos. Este área se utiliza poco, en parte porque se encuentra dentro de los cinturones de radiación de Van Allen. «Nadie coloca satélites allí porque es altamente radiactivo. ¿Por qué hacerlo? Pues bien, es probable que esa ubicación sea el punto óptimo para atrapar electrones en caso de detonación de un arma termonuclear», asegura Danagoulian.Detectores nuclearesEl método propuesto se centra en una reacción conocida como espalación, causada por protones de alta energía en entornos radiactivos. «Cuando un protón energético choca contra elementos con un número atómico alto, como el uranio y el plutonio, cada protón puede expulsar unos 40 neutrones», explica. «Es una cantidad descomunal. Estamos hablando de millones de protones por segundo por centímetro cuadrado, muchos de los cuales generan 40 neutrones. La pregunta es: ¿se pueden detectar algunos de esos neutrones?».Los satélites normales no emiten tantos neutrones, pero aún existen protones, neutrones y electrones de origen natural en la atmósfera, especialmente en la órbita terrestre baja. El concepto de Danagoulian utiliza dos paneles compuestos por píxeles de sensores de neutrones, conocidos como centelleadores, que interactúan con la radiación y emiten luz. Estos paneles se encuentran intercalados entre detectores de diamante de cristal sintético, lo que permite al sistema distinguir entre los neutrones provenientes de materiales radiactivos y los protones y electrones naturales. Esta configuración de dos paneles permite estimar la dirección del neutrón, diferenciando así entre los neutrones atmosféricos naturales y los que provienen de un posible satélite. El investigador cree que el sistema, colocado dentro de un satélite de inspección, sería lo suficientemente resistente como para sobrevivir al duro entorno de la órbita terrestre baja, a la vez que lo suficientemente rápido como para procesar los protones, electrones y neutrones que lo bombardean. Si un satélite detector pudiera acercarse a menos de 1.000 metros del satélite sospechoso, podría detectar con precisión armas nucleares en aproximadamente una hora. Esto equivaldría a un solo sobrevuelo.Danagoulian reconoce que el sistema es una prueba de concepto, no está completamente probado. Pero espera que el estudio impulse nuevas investigaciones y desarrollos. Confía en que puedan contribuir a fomentar la no proliferación de armas nucleares en el espacio. Señala que, si bien es natural que los países adversarios desconfíen de las afirmaciones de los demás, la evidencia científica fortalecería la confianza. «Se puede fingir inteligencia», dice, «pero no se puede fingir física».
Judith de Jorge

Neandertales y humanos modernos tuvieron una cultura común durante más de 20.000 años

ABC
2 semanas 5 días ago
Hace apenas tres meses, ABC se refería a un estudio pionero, publicado en 'Nature Human Behaviour', según el cual los neandertales y los sapiens que habitaron la cueva de Tinshemet, en Israel, no sólo coexistieron, sino que compartieron distintos aspectos de su vida cotidiana, de su tecnología e incluso de sus ritos funerarios. Lo cual supuso una auténtica revolución con respecto a lo que sabíamos sobre la interacción de las dos especies.Y ahora, un nuevo trabajo recién aparecido en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' viene a poner, por fin, la pieza que faltaba en este difícil rompecabezas evolutivo. El estudio, de hecho, aporta pruebas irrefutables de que este extraordinario cruce de conocimientos no fue un accidente o una simple coincidencia temporal, sino que ambas especies compartieron un auténtico y continuado legado cultural y que, lo más asombroso, lo hicieron a lo largo de más de 20.000 años.La respuesta al enigma de larga data de cómo fue exactamente la relación entre los primeros sapiens (nosotros) y sus 'primos' neandertales estaba oculta en la cueva Üçağızlı II, un refugio natural en el sur de la actual Turquía. Allí, y tras cinco años de excavaciones casi milimétricas, los arqueólogos han desenterrado un tesoro de información que, por sí solo, basta para reescribir una buena parte de la historia del Paleolítico.Un corredor entre dos mundosHace decenas de miles de años, en la época en la que nuestra especie, Homo sapiens , daba sus primeros pasos fuera de África, el Levante mediterráneo (una extensa región que abarca los actuales Israel, Palestina, Líbano, Turquía, Siria y Jordania) funcionaba como una especie de 'embudo' poblacional, y fue el principal 'corredor' a través del que los humanos modernos se abrieron paso hacia Eurasia . Sin embargo, los registros fósiles de ese periodo concreto siempre habían sido exasperantemente escasos.Hasta ahora. De hecho, el equipo de investigadores, formado por científicos de Turquía, Francia y Japón, con gran protagonismo de la Universidad de Kioto, logró documentar la ocupación secuencial de la cueva Üçağızlı II ni más ni menos que durante 30.000 años.Es como si dos civilizaciones distintas y separadas en el tiempo desarrollaran repentinamente el mismo teléfono móvil y lo utilizaran exactamente para lo mismoPrimero fueron los neandertales, que vivieron en ella desde hace 77.000 hasta hace 59.000 años. Justo después, casi sin interrupción, los humanos modernos tomaron el relevo habitando exactamente el mismo espacio desde hace 59.000 hasta hace unos 47.000 años.Analizando las distintas capas, identificadas gracias a dientes fósiles que han permitido saber quién vivía allí en cada momento, los científicos lograron reunir una asombrosa colección de 19.252 herramientas de piedra. Colección que desveló que ambas especies emplearon métodos de fabricación prácticamente idénticos. Las técnicas de talla características del Paleolítico Medio Tardío y las conocidas como 'puntas musterienses', en efecto, se repiten en las herramientas de ambos grupos, evidenciando una escuela común.De la supervivencia al simbolismoPara hacernos una idea de lo que implica este hallazgo, podemos imaginar dos civilizaciones distintas y con orígenes separados y que, a pesar de eso, desarrollan exactamente el mismo modelo de teléfono inteligente, utilizando los mismos planos, técnicas y componentes, y lo usan además exactamente para lo mismo. Evidentemente, algo así no puede ser un simple fruto del azar. Y en el caso de las dos especies que habitaron la cueva, tampoco. Supone que ambas poblaciones observaron, aprendieron y mantuvieron vivas tácticas y estrategias idénticas de subsistencia durante milenios.La excavación ha sacado a la luz 19.252 herramientas de piedra que demuestran la misma y compleja técnica de fabricación en ambas especiesPero los hallazgos van mucho más allá de lo puramente utilitario. Porque entre las miles de herramientas, la excavación sacó también a la luz 59 conchas de moluscos marinos, repartidas por varios estratos. La gran mayoría de ellas pertenecían a Columbella rustica, un tipo de caracol de mar sin valor nutricional alguno y que nadie perdía el tiempo en recoger como alimento. Sin embargo, estas pequeñas conchas se recolectaban de forma selectiva por su forma para ser utilizadas como ornamentación personal. Era un comportamiento basado en un pensamiento abstracto y simbólico que la arqueología clásica solía atribuir en exclusiva a Homo sapiens.«Nuestros hallazgos -afirma Naoki Morimoto, investigador de la Universidad de Kioto y coautor principal del estudio- indican un profundo nivel de interacción cultural. Estos dos grupos humanos distintos, pero estrechamente emparentados, no se limitaban a adaptarse al mismo entorno: probablemente compartían preferencias simbólicas».La caída del mitoTal y como ha defendido una y otra vez el paleontólogo Juan Luis Arsuaga , codirector de los yacimientos de Atapuerca, al enfrentarse a la anticuada imagen de nuestros extintos parientes, los neandertales estaban muy lejos de ser unos simples e ignorantes 'cavernícolas brutos'. Eran humanos de pleno derecho, dotados de una rica complejidad mental, capaces de adornarse y de forjar una intrincada red cultural con los 'nuestros'.Estos dos grupos distintos, pero emparentados, no solo se adaptaban al entorno, sino que probablemente compartían preferencias simbólicas«, asegura el investigador Naoki MorimotoLos minuciosos análisis de los restos botánicos y de fauna hallados en Üçağızlı II lo confirman. Y demuestran, además, que las estrategias de caza y recolección se mantuvieron constantes sin importar quién estuviera viviendo en la cueva. Ambas especies cazaban igual y, como nos revelan sus joyas marinas, probablemente se adornaban de una forma sorprendentemente parecida.No resulta, por lo tanto, exagerado decir que las consecuencias de este estudio cambian las reglas del juego. Los fósiles de humanos modernos desenterrados, fechados entre hace 50.000 y 60.000 años, coinciden asombrosamente bien con el pico genético de la gran salida de África. Según los expertos, los ocupantes de este refugio rocoso bien podrían representar a los parientes directos del linaje fundador del que descienden todas las poblaciones no africanas del mundo.Gracias a la genética, sabemos hoy que la inmensa mayoría de la población mundial actual porta entre un 1% y un 4% de ADN neandertal en sus células. Pero ahora la arqueología nos ha demostrado que aquel mestizaje fue mucho más allá de la mera biología. Hubo un verdadero trasvase de ideas, de ritos y de tecnología. Un auténtico legado compartido que difuminó las fronteras entre las especies. El registro fósil del Levante mediterráneo nos regala así una lección maravillosa: la historia de nuestra evolución no es una fría crónica de sustitución de unas especies por otras, sino una compleja red de influencias y relaciones en la que todos, al final, dejamos una huella imborrable.
José Manuel Nieves

El hallazgo de los cuásares más antiguos hasta ahora revela cómo fue la 'infancia' del Universo

ABC
2 semanas 5 días ago
Son los objetos más deslumbrantes y formidables de todo el Universo. Su inmensa fuerza, y también su luz, emanan del 'apetito' insaciable de agujeros negros supermasivos que devoran materia sin descanso en el corazón de las galaxias más lejanas. Se trata de los cuásares, verdaderos 'faros cósmicos' cuya extrema luminosidad nos permite verlos incluso a distancias de varios miles de millones de años luz.Ahora, un equipo internacional de investigadores ha logrado observar 31 de los cuásares más antiguos jamás encontrados. De ellos, dos se coronan como los más primitivos observados hasta la fecha en toda la historia de la Astronomía. De hecho, ya irradiaban la luz de un billón de soles cuando el cosmos apenas tenía 670 millones de años de edad, es decir, hace más de 13.000 millones de años. Los hallazgos, recién publicados en ' Astronomy & Astrophysics ', suponen un avance sin precedentes en nuestra comprensión del Universo primitivo.Podemos pensar en un cuásar (acrónimo de 'fuente de radio cuasiestelar'), como en una inmensa 'trituradora' a escala galáctica. Una fase muy violenta y relativamente breve en la vida de una galaxia. En ella, cantidades ingentes de gas y polvo giran frenéticamente, formando un remolino antes de caer en las fauces del agujero negro supermasivo central. Toda esa fricción calienta la materia a muy altas temperaturas y libera unas cantidades colosales de energía. Tanta, que el núcleo de esa galaxia empieza a brillar cientos o miles de veces más que todo el conjunto de estrellas que contiene. Es como si, en una noche oscura, el rayo de un solo faro costero brillara mucho más que todas las luces encendidas de Nueva York.La aguja en un pajar infrarrojoLos astrónomos llevan décadas tratando de 'cazar' a los primeros cuásares, es decir, a los más antiguos. Porque al observarlos, pueden echar 'un vistazo' directamente al pasado, a los días más tempranos del cosmos, al momento en que se formaron las primeras galaxias tras el Big Bang. Sin embargo, dar con ellos es una tarea casi imposible.«Por cada cuásar -confiesa Daming Yang, de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y autor principal del artículo- hay miles de estrellas en nuestra Vía Láctea y galaxias cercanas que parecen casi idénticas en las imágenes».Por no hablar de otro obstáculo físico fundamental. Porque a medida que la luz de estos cuásares viaja durante miles de millones de años hacia nosotros, la propia expansión del Universo 'estira' sus ondas, desplazándolas hacia la parte roja del espectro. Es un fenómeno conocido como 'desplazamiento al rojo'. Para visualizarlo, basta con recordar el sonido de la sirena de una ambulancia: a medida que el vehículo se aleja de nosotros, el sonido se vuelve cada vez más grave (sus ondas acústicas se estiran). Con la luz cósmica ocurre exactamente lo mismo, sus ondas se alargan hasta desplazarse desde el rango ultravioleta al infrarrojo cercano.«Dado que su luz se estira hacia el infrarrojo a tales distancias -señala Yang-, necesitamos una exploración que sea lo suficientemente amplia para capturar estos objetos raros, y lo suficientemente profunda para detectar su luz tenue». Algo difícil de conseguir desde los observatorios terrestres, ya que el resplandor de la atmósfera de nuestro propio planeta ahoga estas tenues señales. Hacía falta salir al espacio.Un censo cósmico sin precedentesLanzado en 2023, el telescopio espacial Euclid de la Agencia Espacial Europea (ESA) se ha revelado como el cazador perfecto. Diseñado para observar el Universo por encima de esa 'neblina infrarroja' que emite la Tierra, Euclid está cartografiando vastas franjas del cielo con una nitidez incomparable . Y ha sido precisamente durante este 'Sondeo Amplio' (Euclid Wide Survey), cuando ha dado con esta treintena de nuevos objetos primigenios.Hasta ahora, los científicos sólo habían detectado un puñado de cuásares, todos ellos excepciones hiper brillantes. «Euclid es un verdadero punto de inflexión -asegura Yang-. Es una herramienta única para cazar cuásares».De los 31 objetos hallados, doce se sitúan en un desplazamiento al rojo superior a 7, lo que corresponde a los primeros 770 millones de años de vida de nuestro Universo. Pero las joyas de la corona son EUCL J172902.75+641018.1 y EUCL J125308.55+705432.3. Ambos, en efecto, baten todos los récords de distancia al situarse en desplazamientos al rojo de 7,77 y 7,69, superando la anterior marca (el cuásar J0313-1806, con z=7,64, a sólo 670 millones de años luz del Big Bang) establecida por el mismo equipo en el año 2021. Los dos nuevos 'campeones', sin embargo, ya existían y brillaban intensamente cuando el cuásar de 2021 se formó.Como explica Antonio La Marca, investigador del equipo de Euclid, las cifras hablan por sí solas. «Descubrir los primeros diez cuásares a un desplazamiento al rojo de 7 o superior tomó a los astrónomos más de una década, pero Euclid ya ha descubierto mucho más que eso en un solo año. El equipo ha realizado por primera vez un verdadero 'censo' de cuásares en el amanecer del Universo».El misterio de los gigantes prematurosPero batir récords astronómicos tiene un coste, porque acarrea un problema teórico mayúsculo para la Física. «Estos monstruos, que tienen miles de millones de veces la masa de nuestro Sol - subraya Joseph Hennawi, Físico en la UC Santa Barbara y la Universidad de Leiden- de alguna manera ya existían cuando el Universo estaba en su infancia».Lo cual es una auténtica paradoja temporal. Encontrar agujeros negros supermasivos en una época en la que las estrellas y galaxias acababan de empezar a formarse es tan desconcertante como entrar en una sala de maternidad y encontrarse a un hombre de dos metros de altura y ciento veinte kilos de peso en una de las cunas. ¿Cómo tuvieron tiempo de crecer tanto y tan rápido si el Universo acababa de nacer? «Cada paso atrás en el tiempo -admite Hennawi- hace que el rompecabezas sea más desconcertante».Despejando la niebla del amanecer cósmicoPero las implicaciones del hallazgo van mucho más allá del incomprensible 'apetito' de aquellos agujeros negros. Porque estos lejanos cuásares resultan vitales para entender un periodo crucial, la llamada 'Época de Reionización'. Pero veamos. En sus inicios, tras enfriarse el material del Big Bang, el cosmos quedó sumido en una 'era oscura', sumergido en una inmensa y densa niebla de gas de hidrógeno neutro.Fueron las primeras estrellas, junto con la feroz radiación emanada de gigantes como estos cuásares ahora descubiertos, las que actuaron como gigantescos 'sopletes', calentando y 'ionizando' esa niebla primordial hasta volver el Universo transparente, tal y como lo vemos hoy. Valeria Pettorino, científica del proyecto Euclid de la ESA, lo resume así: «Son máquinas del tiempo que nos permiten explorar el Universo primitivo y comprender cómo surgió la primera generación de galaxias».De hecho, estudios preliminares sobre el segundo cuásar más lejano de este grupo, liderados por la astrónoma Silvia Belladitta, muestran que está incrustado en una galaxia repleta de polvo y gas que está fabricando nuevas estrellas de manera frenética.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Neandertales y humanos modernos tuvieron una cultura común durante más de 20.000 años noticia Si La energía de los elefantes fue clave en la ruta por la que Aníbal cruzó los AlpesSegún los investigadores, sin embargo, esto es sólo el principio, y el siguiente paso ya está en marcha. Telescopios espaciales como el todopoderoso James Webb ya han empezado a analizar la química de estos colosos primitivos, mientras radiotelescopios terrestres como ALMA pronto empezarán a 'escarbar' en su polvo estelar. «La visión más amplia -concluye Hennawi- es unir todo esto en una línea de tiempo coherente: una crónica de los cuásares de los primeros mil millones de años». Gracias a Euclid, los 'años oscuros'del Universo son ahora un poco más brillantes.
José Manuel Nieves

¿Por qué algunos futbolistas cortan sus zapatillas en la parte del talón?

Wired Ciencias
2 semanas 5 días ago
La imagen de las zapatillas de Pedro Neto en el Mundial reavivó una práctica entre algunos futbolistas: modificar sus botines para aliviar molestias en el talón.
Jorge Garay

Liberar tus peces dorados en la naturaleza puede causar un desastre

Wired Ciencias
2 semanas 5 días ago
Los experimentos que recrean entornos naturales han revelado que la liberación de peces dorados en lagos puede provocar cambios en el ecosistema, como la contaminación del agua y la disminución de las especies autóctonas.
Ritsuko Kawai

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