Hallan el primer cáncer contagioso entre peces, un extraño melanoma

3 días 15 horas ago
Los bagres o peces gato de los lagos de Nueva Inglaterra (EE.UU.) y Canadá se transmiten entre ellos un raro tipo de cáncer, visible por sus manchas negras en la piel. Curiosamente, se trata de un melanoma, generalmente asociado a la exposición solar, que se contagia de ejemplar a ejemplar como si fuera un parásito. Este cáncer es el primero transmisible en una criatura de agua dulce y el cuarto conocido en el reino animal después del tumor facial del demonio de Tasmania , el venéreo en perros y enfermedades similares a la leucemia en almejas, mejillones y otros moluscos bivalvos . Según investigadores de las Universidad de Vermont (UVM), que han dado a conocer sus resultados en la revista 'Nature', el cáncer de los peces no supone ningún riesgo para los humanos. Los peces enfermos se encontraron por primera vez en 2012 en el lago Memphremagog, en la frontera entre Vermont y Quebec. Dos años después, casi uno de cada tres presentaba estas lesiones oscuras. Al principio, las manchas desconcertaron a los investigadores. «Pensamos que podría ser un virus», reconoce Julie Dragon, del Centro Oncológico de la UVM y una de las responsables del estudio. Dado que los bagres se consideran indicadores de la calidad ambiental, el equipo también sospechó de un contaminante.Nada de eso. Las lesiones resultaron ser melanoma, un cáncer de piel. El resultado sorprendió a los investigadores: ¿Cómo un pez que vive en el fondo marino podía desarrollar un cáncer que asociamos con la exposición excesiva a la luz solar? Los científicos secuenciaron el genoma completo del pez y compararon el ADN de tumores y tejidos sanos de los ejemplares afectados. Descubrieron que las células cancerosas estaban mucho más emparentadas entre sí que con los peces huéspedes, lo que constituye la característica distintiva de un cáncer transmisible clonalmente, en el que las propias células tumorales actúan como agentes infecciosos. Las muestras de tumores compartían cientos de miles de varientes genéticas ausentes en los peces huéspedes, superando con creces los niveles observados en los cánceres convencionales.Durante la reproducciónEste descubrimiento marca el cuarto tipo de cáncer transmisible en el reino animal, y el primero en peces o especies de agua dulce. «Parece que solo ocurre en peces grandes en edad reproductiva», dice Mark Henderson, biólogo y codirector del estudio en la Escuela Rubenstein de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la UVM. «Quizás algún aspecto del comportamiento reproductivo provoque la propagación del cáncer entre los animales», añade.Durante la época de desove, los bagres se agrupan densamente en aguas poco profundas, lo que permite el contacto físico que podría transmitir células tumorales. Al ser peces bentónicos sin escamas, también interactúan estrechamente con el sedimento, que podría albergar células cancerosas libres. El estudio señala que los contaminantes o los cambios hormonales podrían debilitar el sistema inmunitario, haciendo que los bagres del lago sean más vulnerables a las infecciones.El impacto ecológico de este cáncer sigue siendo incierto. Si bien algunos cánceres transmisibles son devastadores —el tumor del demonio de Tasmania ha diezmado algunas poblaciones—, otros, como el tumor canino, coexisten con sus huéspedes desde hace miles de años. En el lago Memphremagog, los ejemplares de bagre gravemente enfermos pueden sobrevivir durante años, pero aún se desconocen los efectos a largo plazo en las poblaciones.La enfermedad no representa ningún peligro para el ser humano, «pero yo no me comería estos peces», dice un investigadorDado que el lago Memphremagog abastece de agua potable a más de 175.000 personas, los investigadores recalcan que la enfermedad no representa ningún riesgo conocido para los humanos. Las células cancerosas no pueden infectar ni sobrevivir en otras especies, y los peces son seguros para manipular y estudiar. Sin embargo, «personalmente, no comería los que tienen tumores», admite Henderson, quien señala que alrededor del 30 % de los peces gato del lago parecen estar afectados.Beata Ujvari, profesora de Genética y Bioinformática de la Universidad Deakin (Victoria, Australia), una de las revisoras del artículo para 'Nature', asegura al Science Media Centre (SMC) que «no hay peligro de preocupación pública. Los seres humanos poseen un sistema inmunitario altamente eficiente, capaz de reconocer células extrañas, como las células cancerosas transmisibles de los peces; por lo tanto, la probabilidad de transmisión de los bagres a los humanos es prácticamente nula». La transmisión de tumores entre humanos es extremadamente rara: se han documentdo algunos casos aislados por transmisión materno-fetal, cánceres derivados de donantes en receptores de trasplantes de órganos y algunos casos de exposición accidental en laboratorios o cirugías.Presencia de arsénicoAlgunos ecologistas se han preguntado si el vertedero cercano de Coventry podría estar vertiendo toxinas al lago, provocando el cáncer. El equipo de investigación lo descarta. El cáncer se encuentra distribuido uniformemente a lo largo de los 51 kilómetros del lago, en poblaciones de peces reproductivamente aisladas. Además, el equipo ha encontrado el tumor en otros estanques y lagos de la región que tienen aguas cristalinas. Sin embargo, el equipo descubrió que las células cancerosas de los peces presentaban niveles elevados de arsénico, un elemento notoriamente tóxico y carcinógeno. La distribución geográfica del cáncer sí parece estar correlacionada con los niveles de arsénico en el suelo que rodea los lagos. «El arsénico se encuentra de forma natural en toda Nueva Inglaterra, y hay concentraciones muy altas en la región del Noreste de Vermont, así como en Maine, donde también hemos visto indicios de este tipo de cáncer», afirma Henderson.Es muy probable que haya más casos de tumores transmisibles en la naturaleza que han pasado desapercibidosDragon cree que el cáncer transmisible «tal vez no sea tan raro como se cree. Puede que no veamos muchos simplemente porque no los estamos buscando». De hecho, la primera observación documentada del cáncer en el bagre podría provenir de los diarios del filósofo y naturalista Henry David Thoreau. En julio de 1852, Thoreau se encontraba en el río Concord (Massachusetts), y escribió sobre un bagre con una mancha negra aterciopelada muy grande, que incluía la aleta pectoral derecha, «una especie de enfermedad que he observado a menudo en ellos». Seis años después, volvió a describir otro caso cercano, con la mitad de la cabeza »cubierta de una especie de lepra negra como la tinta». Los científicos están explorando actualmente estanques y ríos en Massachusetts para determinar si el cáncer pudo haberse originado allí.«Hasta hace unos diez años, se creía que el cáncer transmisible era un fenómeno extremadamente raro que solamente afectaba a dos especies de mamífero, el perro y el demonio de Tasmania. Sin embargo, en la última década se ha descubierto que es bastante común entre bivalvos de mar», afirma al SMC Adrián Báez-Ortega, investigador universitario de la Royal Society y la Universidad de Cambridge (Reino Unido). «El medio acuático podría ser más propicio para la transmisión del cáncer entre individuos. Es muy probable que existan muchos otros casos en la naturaleza que han pasado desapercibidos hasta ahora por falta de estudio».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Infierno Triásico: cuando Europa quedó arrasada por incendios que duraron decenas de miles de años noticia Si El asombroso 'superpoder' geométrico que compartimos con los monosJulie Dragon considera que comprender este cáncer transmisible podría ofrecer nuevas perspectivas sobre la biología del cáncer en general. «Al estudiar cómo sobreviven y se propagan los cánceres fuera de su huésped original, podemos aprender mucho sobre qué los mantiene contenidos y qué sucede cuando esas barreras se rompen», afirma. «Estos peces brindan la oportunidad de observar la evolución del cáncer».
Judith de Jorge

El hallazgo de la primera 'exoluna' del Universo desafía todo lo que sabemos: es gaseosa y más grande que Júpiter

3 días 15 horas ago
Las fronteras de nuestro conocimiento de lo que es posible o no en el Universo acaban de saltar por los aires, como piezas de un rompecabezas que ya no encajan. Atrás quedan descubrimientos que nos dejaron sin aliento, como el gigantesco exoplaneta GJ 504b envuelto en asombrosas nubes de sal, o la reciente observación directa de cuatro enanas blancas ocultas en sistemas binarios a apenas 65 años luz de la Tierra.Cuando los científicos creían tener por fin bien catalogados los objetos que hay 'ahí fuera', aparece algo que rompe por completo los esquemas. Y eso es justo lo que acaba de suceder con el sistema CD-35 2722, cuya arquitectura es tan extraña que los astrónomos, sencillamente, no saben cómo llamar a lo que acaban de encontrar allí.Según un estudio recién publicado en ' Nature ', un equipo internacional de investigadores, utilizando el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, ha detectado claras evidencias de un objeto gigante, similar a un satélite, pero que no orbita alrededor de un planeta normal, sino de una enana marrón. Una enana marrón que, a su vez, gira alrededor de una estrella.Si se confirma, estaríamos ante la primera 'luna' descubierta fuera de nuestro Sistema Solar. Aunque, desde luego, no se trata de una luna cualquiera.Pero veamos. Tenemos un sistema en cuyo centro hay una estrella 'normal', con aproximadamente la mitad de la masa de nuestro Sol. Girando a su alrededor hay una enana marrón (CD-35 2722 B), un tipo de objeto que está a 'medio camino' entre una estrella y un planeta. De hecho, es demasiado masivo para ser considerado un planeta normal (tiene unas 37 veces la masa de Júpiter), pero resulta demasiado pequeño para encender en su núcleo las reacciones de fusión nuclear que lo convertirían en una auténtica estrella. Y aquí viene lo asombroso. Alrededor de esa enana marrón, los datos revelan la existencia de un 'tercer invitado': un enorme cuerpo gaseoso que tiene casi la misma masa que nuestro gigante Júpiter y que tarda unos 170 días en dar una vuelta completa a su peculiar anfitrión.Este sistema desdibuja las líneas entre estrellas, planetas y lunas, haciéndolo extremadamente complicado de describirTras varios meses de análisis minuciosos, Kevin Hoy, autor principal del estudio, no duda en calificar el sistema como algo 'súper raro'. «Este sistema -afirma- es un tanto difícil de definir usando palabras basadas en el Sistema Solar, como planeta y luna. El exosatélite es claramente lo bastante masivo como para ser un planeta, pero no orbita una estrella, sino un objeto que, a su vez, orbita una estrella». Para el investigador, el misterio está servido: «Ser el tercero en discordia en este sistema nos empuja a llamarlo luna, aunque no se parezca en nada a las lunas pequeñas y rocosas que tenemos en el Sistema Solar».Un bamboleo delatorDetectar lunas más allá de nuestro vecindario cósmico ha sido, durante años, el Santo Grial de la astronomía exoplanetaria. Pese a que ya se conocen más de 6.000 exoplanetas confirmados, ninguna exoluna había podido ser ratificada definitivamente hasta ahora. Hoy y su equipo lo han logrado aplicando el 'método de la velocidad radial', y gracias al uso del potentísimo instrumento CRIRES+ del VLT.¿En qué consiste exactamente este método? Imaginemos a un adulto muy fornido (la enana marrón) haciendo girar velozmente a un niño (la exoluna) cogiéndolo de las manos. Aunque el adulto es mucho más pesado, el peso del niño tirando constantemente de él hace que el adulto se 'tambalee' ligeramente. Eso es exactamente lo que miden con precisión milimétrica los astrónomos: el levísimo bamboleo gravitatorio de la enana marrón producido por la fuerza de su gigantesco acompañante invisible.Detectar lunas más allá de nuestro vecindario ha sido durante años el Santo Grial de la astronomía exoplanetaria«Asentamos una clara línea divisoria entre los planetas y el Sol en el Sistema Solar - explica Alice Zurlo, coautora de la investigación- por lo que definir cosas como las lunas resulta sencillo. Pero en el sistema CD-35 2722, donde desdibujamos las líneas entre estrellas, planetas y lunas, todo se vuelve más complicado de describir». Con todo, Zurlo señala que el hallazgo supone «un gran avance: la primera detección plausible de un exosatélite».En la frontera de lo conocidoLas reacciones, por supuesto, no se han hecho esperar, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Jorge Lillo-Box, por ejemplo, investigador científico del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), destaca la enorme proeza tecnológica que ha supuesto utilizar el instrumento CRIRES+ para obtener mediciones tan increíblemente precisas de un objeto tan débil. No obstante, en cuanto a la nomenclatura, el astrofísico español difiere de la calificación directa de 'exoluna'. Para él, al ser la enana anfitriona demasiado grande para ser considerada legalmente un exoplaneta (tiene 30 masas de Júpiter), «no estamos ante la detección de la primera exoluna, que debiera ser un objeto de masa planetaria orbitando alrededor de otro objeto de masa planetaria».El levísimo bamboleo gravitatorio de la enana marrón ha delatado a su gigantesco acompañante invisiblePor su parte, Pedro J. Amado, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), lo ve como una saludable lección de humildad cósmica: «Para mí, lo más interesante de este resultado es que nos ofrece otro ejemplo de lo diferentes que pueden ser otros sistemas planetarios respecto al nuestro». Subraya que lo vital no es la etiqueta final, «sino el hecho de que la naturaleza forme objetos y sistemas complejos que no encajan fácilmente en las categorías que hemos creado a partir de nuestro propio Sistema Solar».Finalmente, Benjamín Montesinos, también del CAB, recuerda que configuraciones jerárquicas similares ya habían sido observadas (estrellas orbitadas por otras estrellas y enanas marrones), pero recalca que «la peculiaridad de este trabajo en Nature es que lo que llaman exosatélite es un objeto de masa planetaria». Montesinos incide en que la Unión Astronómica Internacional (IAU) aún carece de una definición férrea para el término «exoluna».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Infierno Triásico: cuando Europa quedó arrasada por incendios que duraron decenas de miles de años noticia Si Sismógrafos registraron las vibraciones de las celebraciones del gol de Ferran Torres por toda EspañaSea como fuere, lo que está claro es que el Universo nos acaba de lanzar una nueva 'bola curva'. Sea o no una extraña luna, un planeta caprichoso atrapado en un baile a tres bandas, o algo intermedio y completamente nuevo, este hallazgo inaugura una nueva era de descubrimientos que prometen cambiar, una vez más, nuestra forma de mirar al cielo.
José Manuel Nieves

Ninguna ciencia se hace con 50.000 euros

4 días 8 horas ago
La convocatoria de Proyectos de Generación de Conocimiento de 2025 es la mayor de su historia. Es un avance objetivo, aunque ello no impide un debate legítimo sobre la necesidad de seguir incrementando estas cuantías
Juan Cruz Cigudosa

Infierno Triásico: cuando Europa quedó arrasada por incendios que duraron decenas de miles de años

4 días 16 horas ago
Hace más de 200 millones de años, mucho antes de que un asteroide pusiera fin al reinado de los dinosaurios, el fin del mundo no llegó del cielo, de pronto y en silencio, sino envuelto en el rugido de un fuego interminable. Una buena parte de la Tierra se transformó, literalmente, en un pavoroso infierno de llamas y cenizas. Hablamos de la extinción masiva de finales del Triásico , un evento catastrófico que borró del mapa a la inmensa mayoría de las especies (el 76%) que en ese momento habitaban el planeta.Sabemos que aquél 'apocalipsis biológico' estuvo directamente vinculado a un vulcanismo desbocado, fruto del resquebrajamiento del supercontinente Pangea que los geólogos denominan la 'Provincia Magmática del Atlántico Central'. Aquellas erupciones colosales bombearon enormes cantidades de gases a la atmósfera; de hecho, investigaciones recientes han calculado que se inyectaron hasta 100.000 millones de toneladas de dióxido de carbono durante aquella fase. El resultado fue un efecto invernadero extremo y un calentamiento global letal que elevó los termómetros entre 5 y 10 grados centígrados de golpe.El mundo se asfixió y, como consecuencia, la vegetación dominada por los grandes bosques colapsó por completo. Los paisajes terrestres, profundamente alterados, asolados por la sequía y la erosión, fueron rápidamente colonizados por helechos. Estas plantas, auténticas supervivientes natas, formaron vastas 'sabanas« a lo largo y ancho de gran parte de lo que hoy es el noroeste de Europa.Ahora, una nueva investigación liderada por geólogos de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y cuyos resultados se acaban de publicar en 'Nature Geoscience' , ha descubierto que aquellas praderas prehistóricas eran extremadamente propensas a arder. Peor aún, los propios helechos actuaron como la yesca que alimentó algunos de los peores incendios forestales que ha tenido que sufrir nuestro planeta.Buscando el rastro del fuegoPara llegar a estas conclusiones, el equipo científico analizó una serie de sedimentos procedentes de cuatro perforaciones, incluyendo un núcleo de 640 metros de longitud recientemente extraído en el Reino Unido.Tradicionalmente, los investigadores reconstruyen los incendios del pasado remoto buscando carbón fósil o rastreando moléculas orgánicas conocidas como hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), que se forman en el humo y caen a la tierra. Sin embargo, estas pistas pueden ser engañosas: el carbón suele fragmentarse, y las moléculas transportadas por el humo a menudo caen muy lejos del fuego original, o simplemente no logran conservarse con el paso de los eones. Por eso, esta vez los científicos idearon un método totalmente nuevo.Los investigadores han determinado que se inyectaron en la atmósfera hasta 100.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, elevando la temperatura global 10 grados de golpe«La novedad de este estudio - explica Bas van de Schootbrugge, geólogo de la Universidad de Utrecht y autor principal de la investigación- proviene del análisis de los cambios de color en microfósiles orgánicos. Utilizamos una técnica sencilla y de muy bajo coste que cuantifica la 'oscuridad' del polen y las esporas fósiles, el llamado Índice de Oscuridad de Palinomorfos».Los misterios de la 'zona oscura'En condiciones normales, el color de estos minúsculos fósiles orgánicos se va oscureciendo a medida que quedan enterrados a mayor profundidad, simplemente porque la presión y la temperatura de la Tierra los van 'cocinando' poco a poco. Cuanto más profundo, más oscuro.«Pero aquí encontramos un patrón muy diferente», asegura Van de Schootbrugge. En las muestras más profundas y antiguas de los núcleos de perforación, en efecto, el polen y las esporas son de colores claros. Pero justo en las capas que corresponden al intervalo de la extinción masiva, se vuelven repentinamente de un color marrón extremadamente oscuro. Al finalizar la extinción, los colores retornan al amarillo claro. «Estábamos bastante desconcertados por este fenómeno - aclara el geólogo-, ya que ocurre en los cuatro núcleos exactamente al mismo tiempo, de modo que no podía estar relacionado con el enterramiento de los sedimentos, pues las cuatro cuencas experimentaron historias geológicas muy distintas.»Los helechos, expertos en supervivencia, respondieron y proporcionaron el combustible que avivó las llamas. Un mundo verdaderamente infernalTras más de 15.000 mediciones, los científicos comprobaron que el efecto afectaba por igual a todas las plantas. «Todas las familias de plantas muestran el mismo efecto -escriben los autores- lo que es un fuerte indicio de que fue el resultado de una fuerza exterior». Esa 'zona oscura' coincidía cronológicamente con la explosión demográfica de helechos y con los abundantes picos de carbón en el terreno. No había duda: reflejaba un período prolongado de fuegos intensos y masivos.Camino del desastrePodemos comparar a este 'mar' de helechos con la maleza altamente inflamable de nuestros bosques modernos durante una intensa ola de calor, pero extendida a escala continental. Además, mientras que una pradera suele quemarse a ras de suelo, algunas especies de estos helechos formaban densas esteras que funcionaban como auténticas 'escaleras de fuego'. Lo que permitía que las llamas treparan velozmente por la vegetación, asfixiando de paso a cualquier otra planta competidora.«Los helechos son plantas verdaderamente notables que han resistido muchas crisis a lo largo de la historia de la Tierra -indica Van de Schootbrugge-, y hay especies que pueden adaptarse a algunos de los entornos más extremos». Cuando se secaban, sus gruesas alfombras vegetales se convertían en el combustible ideal. El fuego lo devoraba todo sobre la superficie, pero el helecho rebrotada desde sus extensas redes de raíces subterráneas, extendiendo su dominio en un intervalo infernal que se prolongó entre 40.000 y 300.000 años.El efecto de 'escalera de fuego' de los helechos permitió extender las llamas y eliminar a cualquier otra vegetación competidora durante 300.000 años«Los helechos respondieron y proporcionaron el combustible que avivó las llamas, desencadenando repetidos incendios masivos. Un mundo verdaderamente infernal», asegura el investigador. La situación de estrés medioambiental fue tan brutal que la vida tardaría hasta 8 o 9 millones de años en recuperar ecosistemas plenamente estables y complejos.El trabajo, desde luego, supone un inquietante aviso que resuena con fuerza en la actualidad. «La lección que podemos extraer de todo esto -concluye Van de Schootbrugge-, es que la combinación del cambio climático, la deforestación y la propagación de especies oportunistas puede proporcionar todos los ingredientes para una tormenta perfecta».
José Manuel Nieves

Medio millar de grabaciones registrarán la reacción de los animales durante el eclipse de agosto

4 días 21 horas ago
El entomólogo estadounidense William M. Wheeler dirigió en agosto de 1932 uno de los estudios más famosos sobre la influencia de los eclipses solares en la vida silvestre: recopiló casi 500 observaciones de ciudadanos de Nueva Inglaterra que relataban cómo los búhos comenzaron a ulular, los grillos a cantar y las abejas regresaron a su colmena en cuanto la oscuridad interrumpió el día. Observaciones más recientes también han documentado respuestas inmediatas ante el fenómeno, en el que, además de una oscuridad inesperada, también se alteran la temperatura, el viento o la humedad relativa. Los insectos diurnos, como las mariposas o las hormigas, reducen su actividad y buscan refugio. En cambio, los nocturnos parecen activarse: los grillos chirrían, las polillas salen de sus escondites y las luciérnagas inician sus rituales de apareamiento. Algunas especies de aves reducen el canto y el vuelo, dejan de alimentarse y regresan a sus nidos para, una vez vuelva la luz, cantar y volar de nuevo, como si fuera un segundo amanecer. También se han documentado vacas que regresan a sus establos para dormir, arañas que desmantelan sus telas y, en los zoológicos, flamencos que se acurrucan, jirafas que corren nerviosas alrededor del recinto y primates con aparentes signos de confusión que se dirigen a sus guaridas nocturnas. Dos iniciativas de ciencia ciudadana pretenden registrar la reacción de la fauna ibérica durante el eclipse solar del 12 de agosto, cuya franja de oscuridad cruzará el país de oeste a este, desde Galicia hasta las Baleares. La primera, llamada Ecoeclipse, colocará grabadoras en unos 300 parajes naturales del territorio para escuchar los sonidos, o la ausencia de ellos, de la naturaleza cuando se haga la oscuridad. La segunda, TriEclipse, filmará el comportamiento animal en un centenar de ubicaciones, entre ellos dormideros de aves, madrigueras de tejones o zorros, o basureros. Los proyectos todavía están abiertos, así que es probable que los puntos de grabación se multipliquen. El despertar de los murciélagos«Queremos saber cómo cambian las vocalizaciones de los animales al bajar la luz bruscamente, especialmente entre aves y murciélagos», explica Irene Mendoza, investigadora de la Universidad de Sevilla y responsable de Ecoeclipse junto a Airám Rodríguez, del Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC. «Nuestra hipótesis es que los ejemplares que habitan zonas con menos contaminación lumínica serán más sensibles al cambio», dice. Para confirmarlo, los equipos de sonido se dejarán en los puntos escogidos dos días antes del eclipse y se recogerán dos días después. Todos los colaboradores utilizarán sus propias grabadoras, siguiendo el mismo protocolo de muestreo y configuración. Algunos de los parajes escogidos son Noceda (Lugo), Valle del Trubia (Asturias), Valle de Sajambre (León), Sierra de Guadarrama (Madrid), Delta del Ebro (Tarragona) o Sierra de Tramontana (Mallorca). En todos hay al menos un 98% de cobertura del eclipse.La reacción de los animales dependerá de varios factores. Uno de ellos es la hora del eclipse, al atardecer, con el Sol bajo en el horizonte en el momento de la totalidad. «Al finalizar el eclipse solar total de 2024 en Norteamérica, que fue a mediodía, las aves hicieron un falso amanecer y se pusieron a cantar de nuevo -señala Mendoza-, pero el que disfrutaremos en España será al atardecer, lo que puede cambiar el comportamiento de los animales. Probablemente, no responderán igual en Galicia, donde el Sol saldrá de nuevo, que en Baleares, donde ya será de noche. Para algunos animales solo supondrá un pequeño adelanto de la hora de irse a dormir».Que estemos en pleno verano también influye. «Las aves ya han pasado su temporada de reproducción, por lo que no están muy cantoras», indica la bióloga. Por eso, cree que los murciélagos se dejarán notar más. «Vocalizan para orientarse independientemente del momento del año. Pensamos que se van a despertar antes de la hora habitual. Su respuesta puede ser más fuerte», afirma. La iniciativa de colaboración científica también registrará si los lobos echan a aullar ante la oscuridad repentina en una localización de Portugal y en SendaViva, el parque de naturaleza en Arguedas (Navarra).«Como irse a dormir más temprano» Los animales, incluidos los seres humanos, poseen relojes biológicos o circadianos, capaces de medir el paso del tiempo. Se sincronizan con las señales del entorno, como la luz del amanecer, que es la más importante. La noche es una señal menos relevante, por lo que Esther Isorna Alonso, profesora de Fisiología Animal en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), cree que el eclipse de agosto, al ser próximo al anochecer, no tendrá grandes efectos en la fauna. «Que llegue la oscuridad un poco antes no va a alterar casi nada. Es como si un día te vas a dormir más temprano», explica. «Lo que más afecta al reloj circadiano es la luz. Una luz en mitad de la noche durante media hora altera mucho más el sistema que una oscuridad de media hora durante el día», afirma. Además, destaca que es posible que dentro de un grupo o una especie haya distintos comportamientos individuales ante el eclipse, porque estos fenómenos astronómicos «son raros», ocurren una o ninguna vez en la vida del animal, «y no hay ninguna necesidad de que exista una adaptación como especie».Mascotas alteradasOtros estudios han apuntado que, durante los eclipses, los animales de los zoos muestran un comportamiento más ansioso, pero la investigadora cree que, en realidad, ese estado alterado se debe a la presencia humana, «generalmente grupos de personas entusiasmadas con el fenómeno astronómico, que son ruidosas, gritan... Sin la gente, se ha comprobado que los animales no muestran tanta ansiedad. Simplemente, adelantan la hora de dormir». Con las mascotas pasa algo parecido. Acostumbradas a que la luz se encienda y se apague por la voluntad humana, «responden más al tinglado que forman los humanos que al propio eclipse». El segundo proyecto de ciencia ciudadana, TriEclipse, está promovido por Ángel García Rojo, cineasta con más de 20 años de experiencia en la realización de documentales de naturaleza para la BBC, entre ellos varios con el famoso naturalista David Attenborough. TriEclipse intentará filmar la respuesta de distintas criaturas, desde aves o reptiles a animales domésticos o de granja. No es necesario poseer una cámara profesional para participar, cualquier persona interesada puede hacerlo, incluso si utiliza un móvil para la grabación. Ya se han apuntado un centenar de interesados, algunos muy conocidos, como los naturalistas y divulgadores Joaquín Araújo y Sol de la Quadra-Salcedo o la Asociación Ibérica de Zoológicos y Acuarios (AIZA).MÁS INFORMACIÓN noticia Si Las matemáticas que permiten reconocer cualquier canción en segundos noticia Si Cuenta atrás para el mítico telescopio espacial Hubble: la NASA estudia su rescate... o su entierro en el océano«La idea es intentar ver lo que sucede y aprender para el eclipse que viene», afirma García Rojo. Tanto esta iniciativa como Ecoeclipse planean repetirse durante el eclipse total de Sol 2027 y el anular de 2028, que también se disfrutarán desde España. «Si sale adelante, el plan es hacer una película de cine», añade. Pero lo que más ilusión le hace, «más allá de que las imágenes salgan o no, es que la gente participe y tome conciencia de la naturaleza. Esto no lo ha hecho nadie antes, es un experimento total».
Judith de Jorge

Sismógrafos registraron las vibraciones de las celebraciones del gol de Ferran Torres por toda España

5 días 15 horas ago
Ferran Torres marcó el 1-0 en la prórroga de la final del Mundial de Fútbol contra Argentina y toda España vibró. Literalmente. Las vibraciones del suelo, provocadas por la celebración simultánea de miles de personas, fueron captadas tanto por los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Instituto Geológico y Cartográfico de Cataluña (ICCG), como por los aparatos de la Red Sísmica Educativa de Geociencias Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (GEO3BCN-CSIC).Los registros del IGN y del ICGC, procesados por el investigador de GEO3BCN-CSIC Jordi Díaz, muestran señales en estaciones repartidas por toda la geografía española. El gráfico recoge la huella de la celebración en puntos tan distantes como Algeciras, Alcoy, Cádiz, Granada, Elda, Huelva, Granollers, Barcelona y Lleida.Los registros muestran tres picos bien diferenciados durante el partido, visibles de forma simultánea en los sensores de la red: el gol de Torres, un tanto que el VAR acabó anulando y la sacudida más intensa de la noche, la del pitido final.En Cataluña, los datos de la Red Sísmica Educativa también analizados por Díaz ofrecen una radiografía más detallada. Las señales se registraron claramente en sensores situados en Sabadell, Mollet del Vallès, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, Banyoles, Olot y Torroella de Montgrí.También en semifinalesLas vibraciones también se registraron en Sabadell durante el encuentro de semifinales contra Francia, gracias a un sismómetro de la Red Sísmica Educativa de GEO3BCN-CSIC. Los picos de movimiento en el subsuelo coincidieron con el primer gol de Mikel Oyarzabal (1-0), el posterior tanto de Pedro Porro (2-0) e, incluso, una vibración menor durante un gol que finalmente fue anulado. La mayor alteración del terreno se registró también tras el pitido final, momento en el que se certificó el pase de España a la final del Mundial 2026.Asimismo, en el partido de octavos contra Portugal, un acelerómetro del IGN en Algeciras ya había captado las vibraciones generadas por la celebración del gol de Mikel Merino.El precdente de la EurocopaNo es la primera vez que los sismómetros documentan una gran noche del fútbol español. En la final de la Eurocopa 2024 contra Inglaterra, los registros de Madrid y Barcelona mostraron el mismo patrón. La multitud congregada en la plaza de Colón y en la plaza Catalunya hizo vibrar ambas ciudades con los goles de Nico Williams en el minuto 47 y Mikel Oyarzabal en el 86.En Barcelona, los temblores se midieron con el sismómetro del ICGC situado en el Portal de l'Àngel, a menos de cien metros de la concentración de público. En Madrid, con el del IGN en el Real Observatorio, a menos de dos kilómetros de Colón.Según explica el CSIC, esta sismicidad inducida por actividad humana e imperceptible en nuestro día a día ha sido documentada en varias ciudades del mundo con motivo de eventos deportivos y musicales multitudinarios. La particularidad de estos registros es que la señal no procede de los estadios, sino de los barrios y hogares donde la gente siguió el partido.
ABC

El asombroso 'superpoder' geométrico que compartimos con los monos

5 días 21 horas ago
Somos aún más parecidos de lo que creíamos. Ya sabíamos que chimpancés, gorilas y orangutanes se parecen extraordinariamente a nosotros, un eco de nuestro propio linaje evolutivo que la paleontología lleva décadas desentrañando. Pero el nuevo estudio recién aparecido en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' ha sido toda una sorpresa. Nadie, de hecho, esperaba que este puente cognitivo se extendiera, también, a otros primates no humanos, como los babuinos y los macacos. Sabíamos que son criaturas excepcionalmente inteligentes: utilizan herramientas, recuerdan rostros e incluso aprenden a comunicarse con lenguaje de signos. Pero creíamos que conceptos puros como la geometría o las matemáticas quedaban fuera de su alcance.Una vez más, nos equivocábamos. Porque investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han aportado la primera evidencia empírica de que babuinos y macacos comprenden la geometría con la misma destreza intuitiva que los niños humanos.«Lo que nos sorprendió no fue solo que los monos pudieran realizar la tarea -confiesa Jessica Cantlon, neurocientífica cognitiva de la CMU y autora principal de la investigación-. Fue que los monos, los niños y los adultos parecían pensar en las relaciones geométricas fundamentalmente de la misma manera. Y eso sugiere que estas intuiciones forman parte de la arquitectura básica de la mente de todos los primates».Para 'asomarse' a la mente de estos animales, el equipo de Cantlon y del también investigador Jialin Li recurrió al 'Primate Portal', un pionero recinto interactivo enclavado en el zoo Seneca Park de Nueva York. Allí, frente a pantallas táctiles de alta resistencia integradas en su entorno natural, macacos Rhesus y babuinos oliva participan de manera voluntaria en curiosos videojuegos a cambio de pequeños premios de fruta. El desafío consistía en un juego de emparejamiento bidimensional, pero llevado al extremo de la abstracción pura.Investigadoras observan cómo una babuina oliva llamada Olivella interactúa con el Portal de Primates. Otra babuina que participa con frecuencia, llamada Kalamata, permanece cerca. Instituto Tecnológico de RochesterEl experimento obliga a repensar nuestra manera de enseñar ciencias puras: la educación debería construirse sobre estas antiquísimas intuiciones espaciales evolutivas y no partir desde cero«Puede parecer fácil -explica la doctora Cantlon-, pero en realidad es bastante difícil, porque no hay rasgos distintivos entre los objetos, no hay grandes diferencias de color, tamaño o forma».Imaginemos que a cualquiera de nosotros nos muestran en una pantalla decenas de polígonos irregulares. Pero no podemos agruparlos fijándonos en si son rojos o azules, o si unos son más grandes que otros. Solo podemos usar nuestra 'visión' espacial para ver qué líneas mantienen la misma proporción, como si tratáramos de emparejar las siluetas de dos sombras proyectadas desde distintos ángulos. Una proeza matemática instintiva. «Cualquiera también tropezaría», añade divertida la investigadora ante la dificultad de la prueba.Un mismo 'software' para distintas especiesPara dotar al estudio de un marco de comparación lo suficientemente amplio, los científicos no evaluaron sólo a los primates, sino que decidieron someter exactamente al mismo test geométrico a preescolares (de 3 a 6 años) de la Escuela Infantil de la Universidad Carnegie Mellon, además de a 21 adultos estadounidenses y a otros 79 adultos del pueblo indígena Tsimané, en Bolivia. Esta última es una sociedad de agricultores y recolectores que no recibe el tipo de educación escolar formal que impera en Occidente.«Eso nos permitió separar la edad y la experiencia cultural -añade Cantlon- Porque a veces, cuando intentas estudiar algo en los niños, puede ser difícil desentrañar si su habilidad es de desarrollo o algo aprendido de la educación o la experiencia».Un babuino oliva del zoológico de Seneca Park. Instituto Tecnológico de RochesterLos resultados no dejaron lugar a dudas: la geometría es universal en todos los primates. En todos los grupos evaluados (especies distintas, edades diversas y culturas radicalmente opuestas) la forma de resolver los puzles fue prácticamente idéntica. Existe, por tanto, una profunda y fascinante continuidad evolutiva en la forma en que los cerebros humanos y simios procesan la información geométrica básica.«La intuición geométrica -señala la investigadora- es algo que los humanos finalmente convertimos en matemáticas y ciencia. Así que si queremos entender cómo los niños aprenden geometría, necesitamos comprender qué traen a la mesa antes de que comience la instrucción formal. Este estudio sugiere que los niños comienzan con intuiciones profundas, evolutivamente antiguas, sobre la forma y el espacio. La educación puede construirse sobre esas intuiciones en lugar de tratar la geometría como algo que tiene que enseñarse desde cero».Kalamata, el babuino imparableEl alcance de este descubrimiento confirma el éxito del Primate Portal, un proyecto que ha traspasado las barreras del laboratorio. De hecho, y en colaboración con expertas como Caroline DeLong, del Instituto de Tecnología de Rochester (RIT), la iniciativa está sirviendo para que alumnos de primaria aprendan a programar con código pequeños videojuegos que luego prueban con los monos del zoo. La experiencia ha disparado un interés sin precedentes en las carreras científicas y de ingeniería (STEM) entre los estudiantes.Uno de los babuinos del estudio esperaba diariamente a que encendieran la pantalla táctil para pasarse hasta tres horas inmerso en la resolución de tareas geométricasY entre los exigentes usuarios de estas pantallas, algunos individuos animales brillan con luz propia. «Uno de los babuinos, llamado Kalamata, fue el mono más trabajador que he visto nunca -relata asombrado Jialin Li-. Se acercaba a la pantalla y esperaba a que yo encendiera el ordenador, y luego se quedaba allí sentado entre dos y tres horas haciendo sin más todo tipo de tareas matemáticas».«¿Cómo llegamos a pensar de la manera en que pensamos?» se pregunta Cantlon. Si retrocedemos en el tiempo, los registros arqueológicos nos devuelven el eco de piedras grabadas con líneas paralelas hace 70.000 años y colmillos de mamut repletos de precisas muescas geométricas. «Es una de las primeras cosas que los humanos quisieron dejar por escrito. Y ese tipo de intuiciones nos resultan automáticas, porque las hemos codificado muy profundamente- prosigue la investigadora-. Pero incluso pensar en una forma bidimensional y ser capaz de comprender las propiedades que comparte con otro objeto es un tipo de cognición realmente abstracta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Resuelto el misterio del 'monstruo galáctico' que engañó a la ciencia durante 40 años noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerGracias al nuevo estudio, hoy sabemos que esa 'chispa' genial de abstracción no nació con el primer ser humano . Llevaba latente en el intrincado cerebro de los primates millones de años, brillando en silencio, mucho antes de que aprendiéramos siquiera a trazar figuras geométricas en la arena.
José Manuel Nieves

Resuelto el misterio del 'monstruo galáctico' que engañó a la ciencia durante 40 años

6 días 14 horas ago
El lóbulo central galáctico no era lo que parecía. Durante cuatro largas décadas, esa colosal estructura se ha erigido en nuestros mapas como un auténtico gigante, una enorme extensión que parecía elevarse a miles de años luz sobre la región central de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Descubierto a través de las observaciones de radio de los años ochenta, el lóbulo central ha mantenido a los astrónomos de todo el mundo en vilo desde entonces, tratando de descubrir su verdadero origen y naturaleza. Y todo para nada porque ahora, un nuevo estudio recién publicado en 'Astronomy & Astrophysics' acaba de revelar que no se trataba más que de una elaborada ilusión óptica a escala interestelar.Un «test de Rorschach» para astrofísicosVisto desde la Tierra, el llamado lóbulo central galáctico (GCL, por sus siglas en inglés) se presentaba recortado contra el concurrido y brillante telón de fondo del centro de nuestra galaxia. Las imágenes de radio mostraban lo que parecía el rastro de un estallido monumental. Los científicos no tardaron en proponer toda clase de teorías para explicar su existencia. Algunos sugerían que estábamos ante las secuelas de una serie encadenada de supernovas, mientras que otros, más audaces, vinculaban directamente la estructura con una violenta y antigua erupción procedente del agujero negro supermasivo Sagitario A* , el monstruo que habita en el corazón mismo de la Vía Láctea.Había tantas explicaciones contrapuestas que el misterio llegó a hacerse abrumador. Tal y como se llegó a señalar en su día, el lóbulo se había convertido en un auténtico 'test de Rorschach' para la astrofísica galáctica: cada científico que lo miraba interpretaba una cosa distinta en función de sus propias teorías y de cómo analizaba las pruebas disponibles.La niebla del núcleo galácticoEl problema que impedía ponerse de acuerdo radica en la extrema complejidad de estudiar el centro galáctico. Se trata de la región más densamente poblada de nuestra galaxia, un hervidero caótico lleno de estrellas , densas nubes de gas molecular y enormes cantidades de polvo. Todo ese material se superpone en nuestra línea de visión, y actúa como una cortina de humo que puede hacer que objetos muy distantes entre sí parezcan estar conectados, a pesar de estar separados por miles de años luz.El lóbulo se había convertido en un auténtico 'test de Rorschach para la astrofísica galáctica': cada científico que lo miraba interpretaba una cosa distintaLa parte inferior del GCL fue siempre la más esquiva, ya que, al superponerse visualmente con el brillante plano galáctico (ver imagen), las ondas de radio de la estructura se camuflaban con el fondo. Esto creaba la falsa impresión de que estábamos viendo un lóbulo abierto, una gigantesca 'chimenea' de material que era expulsado violentamente desde el mismo núcleo de la Vía Láctea.Nuevos ojos para atravesar el polvoEl gran avance llegó cuando los autores del nuevo estudio, bajo la dirección de la astrofísica Kathryn Kreckel, de la Universidad de Heidelberg (Alemania), decidieron cambiar de estrategia. En lugar de confiar únicamente en las observaciones de radio, en efecto, el equipo recurrió a los datos del proyecto SDSS-V Local Volume Mapper, un mapa inmensamente detallado que rastrea el gas brillante en nuestra galaxia midiendo la luz que emite en el espectro óptico e infrarrojo.Si usamos gafas infrarrojas, podremos ver a través de la niebla. Eso es exactamente lo que hizo el azufre ionizado al brillar a través del espeso polvo interestelarEl 'arma secreta' de los astrónomos fue el azufre ionizado. Este tipo de emisión tiene una longitud de onda más larga (más roja), lo que le confiere la capacidad de penetrar a través de las espesas nubes de polvo interestelar con mucha más eficacia que otras luces de onda corta. Es como estar en una habitación oscura y llena de humo e intentamos iluminar con una linterna normal. El haz rebotará en el humo y nos cegará. Pero si usamos gafas de visión térmica o infrarroja, podremos ver a través de la niebla. Eso es exactamente lo que hizo el azufre ionizado: logró brillar a través de la parte inferior de la estructura, revelando por fin la pieza que faltaba en el rompecabezas.Más cerca, más pequeño y diferenteLo que descubrieron los científicos volvieron a calcular cambió por completo el panorama. Aquel apéndice inferior no había desaparecido ni estaba abierto; simplemente había estado oculto por el caos del entorno galáctico. El equipo de Kreckel comprobó que la estructura no era un lóbulo abierto procedente del centro de la galaxia, sino una burbuja completamente cerrada.Al comparar la cantidad de polvo que atenuaba la luz de la burbuja con mapas tridimensionales detallados de la galaxia, los investigadores volvieron a calcular su ubicación. Y el resultado fue que la burbuja se encuentra 'sólo' a unos 6.520 años luz de la Tierra, y no a los 26.000 años luz que nos separan del centro galáctico.No es el enorme remanente de una 'rabieta' de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo del centro de nuestra galaxia, sino una estructura cercana y que mide 'apenas' 115 años luz de diámetroEs decir, que no se trata del enorme remanente de una 'rabieta' de nuestro agujero negro supermasivo, sino una estructura que mide 'apenas' 115 años luz de diámetro. Un hallazgo tan drástico que Kreckel y sus colegas, con cierto sentido del humor, han propuesto rebautizar el objeto como el «bucle enormemente confuso» (greatly confused loop). Confiesan además que todo este proceso ha supuesto «una lucha de 40 años para separar características nucleares genuinas del disco galáctico en primer plano».Guarderías estelares y el Lazo de BarnardEntonces, si no se encuentra en el centro de la Vía Láctea, ni fue generado por una explosión de actividad de Sagitario A*, ¿qué es exactamente esta estructura? En su estudio, los científicos concluyen que se trata de una gran nube de gas de hidrógeno que brilla al ser bañada por una intensa radiación ultravioleta. Y es muy probable que esta 'cavidad' haya sido esculpida por una generación anterior de estrellas muy masivas nacidas en una misma guardería estelar.Estas estrellas gigantes, que viven vidas cortas pero frenéticas, terminan estallando como supernovas y envían brutales ondas de choque que barren el material circundante, creando grandes burbujas en el espacio. El borde de la burbuja se ilumina por la radiación de las estrellas que la habitan, por lo que, desde nuestra perspectiva visual, parece un bucle luminoso en lugar de una esfera tridimensional completa.Se trata de un fenómeno astronómico que nos resulta familiar. De hecho, el GCL pertenece a la misma categoría que otras estructuras estelares bien conocidas, como el famoso 'Lazo de Barnard' en la constelación de Orión. Situado a unos 1.400 años luz de la Tierra, el Lazo de Barnard probablemente se originó por la explosión de una supernova hace unos dos millones de años y hoy forma parte de un inmenso complejo molecular luminoso que abarca 10 grados en nuestro cielo nocturno.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «No tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente» noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerEl nuevo estudio, todo un trabajo detectivesco, no solo resuelve un enigma histórico, sino que nos muestra lo eficaz que puede llegar a ser la Vía Láctea a la hora de camuflar sus propios secretos. Y es que a veces, en la inmensidad del cosmos, hasta los monstruos más temibles resultan ser sólo sombras en la niebla.
José Manuel Nieves

El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfiler

6 días 15 horas ago
Hay objetos tan pequeños y tan omnipresentes que se vuelven invisibles. Los miramos sin verlos, los usamos sin pensarlos, los perdemos entre los cojines del sofá con una resignación que ya forma parte del contrato tácito de tenerlos en casa. El alfiler es uno de esos objetos.El punto de partida de su invención hay que buscarlo muy atrás, en un momento en que la humanidad todavía no sabía coser, pero ya necesitaba sujetar pieles y telas sobre el cuerpo. Los arqueólogos han encontrado espinas de pez, agujas de hueso y pequeños pinchos de espino en yacimientos paleolíticos de toda Europa y Asia. No eran alfileres en ningún sentido refinado, pero cumplían exactamente la misma función: unir dos materiales sin que la unión fuera permanente. La idea de un cierre reversible, de algo que sujeta pero que puede quitarse, es una de las más antiguas y más útiles que ha tenido nuestra especie.El salto hacia algo reconocible como alfiler ocurrió en la Edad del Bronce, hace unos cuatro mil años, cuando los artesanos del Mediterráneo oriental aprendieron a trabajar el metal con suficiente precisión como para producir objetos muy delgados y con punta.Los primeros alfileres metálicos aparecen en tumbas micénicas, en ajuares egipcios y en depósitos rituales de la cuenca del Indo. En aquellos momentos eran objetos de valor, no baratijas. Fabricarlos requería tiempo, destreza y acceso a metal, todo ello escaso. Quien llevaba un alfiler de bronce en la túnica estaba haciendo una declaración de estatus social tan clara como la que hoy haría con un reloj de lujo.Innovación y desarrollo en estado puroPero la verdadera revolución no vino del metal ni de la punta. Vino de un añadido que parece menor y que lo cambió todo: la cabeza. Durante siglos, el alfiler no tenía cabeza.Era simplemente un alambre recto con punta en un extremo, lo que significaba que podía atravesar la tela, pero también que podía deslizarse hacia atrás y escaparse en cualquier momento. La solución, cuando llegó, fue tan obvia en retrospectiva que resulta difícil entender por qué tardó tanto en aparecer: doblar o engrosar el extremo opuesto a la punta para que el alfiler no pudiera salirse por donde había entrado.Nadie sabe quién lo hizo primero. Casi con certeza fue un artesano anónimo que estaba trabajando un alambre de bronce, que por alguna razón -un golpe mal dado, una distracción, un error de cálculo- acabó con el extremo aplastado o doblado, y que en lugar de desecharlo lo probó en una tela y descubrió que funcionaba mejor que los anteriores. Ese accidente, multiplicado por miles de talleres en miles de años, fue consolidando la forma que hoy reconocemos: punta, cuerpo, cabeza.Los romanos llevaron la fabricación de alfileres a una escala que no se volvería a ver hasta la revolución industrial. Los acus romanos -la misma raíz latina que nos da 'aguja' y palabras como acupuntura- se producían en serie en talleres especializados, y los arqueólogos los encuentran por millares en excavaciones de todo el Imperio. Había alfileres para el pelo, alfileres para las togas, alfileres para los vendajes quirúrgicos…Plinio el Viejo dedicó varios párrafos de su enciclopédica 'Historia Natural' a describir los distintos tipos de agujas y alfileres metálicos, lo que da idea de hasta qué punto eran objetos cotidianos e imprescindibles.Con la caída del Imperio romano, la producción manufacturera en Europa retrocedió de forma dramática. Los alfileres no desaparecieron, pero volvieron a ser objetos escasos y preciados. Durante buena parte de la Edad Media un alfiler era un regalo apreciable.Existía incluso una costumbre documentada en Inglaterra y Francia según la cual los maridos daban a sus esposas dinero específicamente destinado a comprar alfileres -el llamado 'pin money', literalmente dinero para alfileres-, expresión que ha sobrevivido siglos y que hoy usamos para referirnos a un gasto pequeño y personal sin saber que estamos hablando de objetos que costaban lo suficiente como para merecer una partida presupuestaria propia.Para muestra un… alfilerEl siguiente gran accidente de la historia del alfiler ocurrió en el siglo XV, cuando los artesanos de Nuremberg y otras ciudades del sur de Alemania desarrollaron técnicas mejoradas de trefilado del alambre de latón. El trefilado -pasar el metal a través de agujeros cada vez más pequeños para adelgazarlo y uniformizarlo- no era nuevo, pero las mejoras mecánicas de ese período permitieron producir alambres mucho más finos y regulares que los anteriores. Alguien, inevitablemente, probó a hacer alfileres con ese alambre nuevo. El resultado fue un objeto más delgado, más uniforme, más fuerte y más barato que cualquier alfiler anterior. La producción se disparó.Pero el momento más fascinante de toda esta historia es el que convierte el alfiler en un protagonista inesperado del pensamiento económico moderno. Llegó en 1776. Adam Smith al buscar un ejemplo para explicar el concepto de división del trabajo en su monumental 'La riqueza de las naciones', eligió precisamente una fábrica de alfileres.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La cremallera, el invento del que todos se rieron y que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial noticia Si Slinky, el 'muelle caminante' que supuso un antes y un después en la ingenieríaSu descripción es detallada y casi hipnótica: un solo trabajador, haciendo el alfiler entero de principio a fin, podía producir quizás veinte alfileres al día. Pero si se dividía el proceso -un operario estiraba el alambre, otro lo cortaba, otro afilaba la punta, otro aplicaba la cabeza- una pequeña fábrica de diez personas podía producir cuarenta y ocho mil alfileres diarios. El alfiler no era solo un objeto útil: era la demostración perfecta de cómo la especialización multiplicaba la productividad humana. Smith convirtió un trozo de alambre con punta en el símbolo fundacional del capitalismo industrial.
Pedro Gargantilla