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    2 meses ago

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El último análisis de ADN a la Sábana Santa acaba de toparse con un muro infranqueable

Wired Ciencias
5 días 1 hora ago
El análisis genético más completo del Sudario de Turín halló ADN humano, bacteriano, vegetal y animal acumulado durante siglos. La contaminación es tan extrema que, con la tecnología actual, no es posible identificar si Jesús alguna vez fue envuelto con este.
Jorge Garay

Dormir mal podría hacerte subir de peso, incluso si solo es una hora menos

Wired Ciencias
5 días 5 horas ago
Un estudio reciente sugiere que no dormir lo suficiente aumenta el riesgo de subir de peso y, por lo tanto, de padecer afecciones como enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.
Ritsuko Kawai

Sismógrafos registraron las vibraciones de las celebraciones del gol de Ferran Torres por toda España

ABC
5 días 15 horas ago
Ferran Torres marcó el 1-0 en la prórroga de la final del Mundial de Fútbol contra Argentina y toda España vibró. Literalmente. Las vibraciones del suelo, provocadas por la celebración simultánea de miles de personas, fueron captadas tanto por los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Instituto Geológico y Cartográfico de Cataluña (ICCG), como por los aparatos de la Red Sísmica Educativa de Geociencias Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (GEO3BCN-CSIC).Los registros del IGN y del ICGC, procesados por el investigador de GEO3BCN-CSIC Jordi Díaz, muestran señales en estaciones repartidas por toda la geografía española. El gráfico recoge la huella de la celebración en puntos tan distantes como Algeciras, Alcoy, Cádiz, Granada, Elda, Huelva, Granollers, Barcelona y Lleida.Los registros muestran tres picos bien diferenciados durante el partido, visibles de forma simultánea en los sensores de la red: el gol de Torres, un tanto que el VAR acabó anulando y la sacudida más intensa de la noche, la del pitido final.En Cataluña, los datos de la Red Sísmica Educativa también analizados por Díaz ofrecen una radiografía más detallada. Las señales se registraron claramente en sensores situados en Sabadell, Mollet del Vallès, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, Banyoles, Olot y Torroella de Montgrí.También en semifinalesLas vibraciones también se registraron en Sabadell durante el encuentro de semifinales contra Francia, gracias a un sismómetro de la Red Sísmica Educativa de GEO3BCN-CSIC. Los picos de movimiento en el subsuelo coincidieron con el primer gol de Mikel Oyarzabal (1-0), el posterior tanto de Pedro Porro (2-0) e, incluso, una vibración menor durante un gol que finalmente fue anulado. La mayor alteración del terreno se registró también tras el pitido final, momento en el que se certificó el pase de España a la final del Mundial 2026.Asimismo, en el partido de octavos contra Portugal, un acelerómetro del IGN en Algeciras ya había captado las vibraciones generadas por la celebración del gol de Mikel Merino.El precdente de la EurocopaNo es la primera vez que los sismómetros documentan una gran noche del fútbol español. En la final de la Eurocopa 2024 contra Inglaterra, los registros de Madrid y Barcelona mostraron el mismo patrón. La multitud congregada en la plaza de Colón y en la plaza Catalunya hizo vibrar ambas ciudades con los goles de Nico Williams en el minuto 47 y Mikel Oyarzabal en el 86.En Barcelona, los temblores se midieron con el sismómetro del ICGC situado en el Portal de l'Àngel, a menos de cien metros de la concentración de público. En Madrid, con el del IGN en el Real Observatorio, a menos de dos kilómetros de Colón.Según explica el CSIC, esta sismicidad inducida por actividad humana e imperceptible en nuestro día a día ha sido documentada en varias ciudades del mundo con motivo de eventos deportivos y musicales multitudinarios. La particularidad de estos registros es que la señal no procede de los estadios, sino de los barrios y hogares donde la gente siguió el partido.
ABC

Tras la pista en La Rioja de una nueva especie de dinosaurio

El País Ciencia
5 días 17 horas ago
Los restos localizados en la localidad de Igea refuerzan la hipótesis de que allí vivió un ejemplar herbívoro de grandes dimensiones hace 120 millones de años
Redacción Radio Rioja

El asombroso 'superpoder' geométrico que compartimos con los monos

ABC
5 días 21 horas ago
Somos aún más parecidos de lo que creíamos. Ya sabíamos que chimpancés, gorilas y orangutanes se parecen extraordinariamente a nosotros, un eco de nuestro propio linaje evolutivo que la paleontología lleva décadas desentrañando. Pero el nuevo estudio recién aparecido en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' ha sido toda una sorpresa. Nadie, de hecho, esperaba que este puente cognitivo se extendiera, también, a otros primates no humanos, como los babuinos y los macacos. Sabíamos que son criaturas excepcionalmente inteligentes: utilizan herramientas, recuerdan rostros e incluso aprenden a comunicarse con lenguaje de signos. Pero creíamos que conceptos puros como la geometría o las matemáticas quedaban fuera de su alcance.Una vez más, nos equivocábamos. Porque investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han aportado la primera evidencia empírica de que babuinos y macacos comprenden la geometría con la misma destreza intuitiva que los niños humanos.«Lo que nos sorprendió no fue solo que los monos pudieran realizar la tarea -confiesa Jessica Cantlon, neurocientífica cognitiva de la CMU y autora principal de la investigación-. Fue que los monos, los niños y los adultos parecían pensar en las relaciones geométricas fundamentalmente de la misma manera. Y eso sugiere que estas intuiciones forman parte de la arquitectura básica de la mente de todos los primates».Para 'asomarse' a la mente de estos animales, el equipo de Cantlon y del también investigador Jialin Li recurrió al 'Primate Portal', un pionero recinto interactivo enclavado en el zoo Seneca Park de Nueva York. Allí, frente a pantallas táctiles de alta resistencia integradas en su entorno natural, macacos Rhesus y babuinos oliva participan de manera voluntaria en curiosos videojuegos a cambio de pequeños premios de fruta. El desafío consistía en un juego de emparejamiento bidimensional, pero llevado al extremo de la abstracción pura.Investigadoras observan cómo una babuina oliva llamada Olivella interactúa con el Portal de Primates. Otra babuina que participa con frecuencia, llamada Kalamata, permanece cerca. Instituto Tecnológico de RochesterEl experimento obliga a repensar nuestra manera de enseñar ciencias puras: la educación debería construirse sobre estas antiquísimas intuiciones espaciales evolutivas y no partir desde cero«Puede parecer fácil -explica la doctora Cantlon-, pero en realidad es bastante difícil, porque no hay rasgos distintivos entre los objetos, no hay grandes diferencias de color, tamaño o forma».Imaginemos que a cualquiera de nosotros nos muestran en una pantalla decenas de polígonos irregulares. Pero no podemos agruparlos fijándonos en si son rojos o azules, o si unos son más grandes que otros. Solo podemos usar nuestra 'visión' espacial para ver qué líneas mantienen la misma proporción, como si tratáramos de emparejar las siluetas de dos sombras proyectadas desde distintos ángulos. Una proeza matemática instintiva. «Cualquiera también tropezaría», añade divertida la investigadora ante la dificultad de la prueba.Un mismo 'software' para distintas especiesPara dotar al estudio de un marco de comparación lo suficientemente amplio, los científicos no evaluaron sólo a los primates, sino que decidieron someter exactamente al mismo test geométrico a preescolares (de 3 a 6 años) de la Escuela Infantil de la Universidad Carnegie Mellon, además de a 21 adultos estadounidenses y a otros 79 adultos del pueblo indígena Tsimané, en Bolivia. Esta última es una sociedad de agricultores y recolectores que no recibe el tipo de educación escolar formal que impera en Occidente.«Eso nos permitió separar la edad y la experiencia cultural -añade Cantlon- Porque a veces, cuando intentas estudiar algo en los niños, puede ser difícil desentrañar si su habilidad es de desarrollo o algo aprendido de la educación o la experiencia».Un babuino oliva del zoológico de Seneca Park. Instituto Tecnológico de RochesterLos resultados no dejaron lugar a dudas: la geometría es universal en todos los primates. En todos los grupos evaluados (especies distintas, edades diversas y culturas radicalmente opuestas) la forma de resolver los puzles fue prácticamente idéntica. Existe, por tanto, una profunda y fascinante continuidad evolutiva en la forma en que los cerebros humanos y simios procesan la información geométrica básica.«La intuición geométrica -señala la investigadora- es algo que los humanos finalmente convertimos en matemáticas y ciencia. Así que si queremos entender cómo los niños aprenden geometría, necesitamos comprender qué traen a la mesa antes de que comience la instrucción formal. Este estudio sugiere que los niños comienzan con intuiciones profundas, evolutivamente antiguas, sobre la forma y el espacio. La educación puede construirse sobre esas intuiciones en lugar de tratar la geometría como algo que tiene que enseñarse desde cero».Kalamata, el babuino imparableEl alcance de este descubrimiento confirma el éxito del Primate Portal, un proyecto que ha traspasado las barreras del laboratorio. De hecho, y en colaboración con expertas como Caroline DeLong, del Instituto de Tecnología de Rochester (RIT), la iniciativa está sirviendo para que alumnos de primaria aprendan a programar con código pequeños videojuegos que luego prueban con los monos del zoo. La experiencia ha disparado un interés sin precedentes en las carreras científicas y de ingeniería (STEM) entre los estudiantes.Uno de los babuinos del estudio esperaba diariamente a que encendieran la pantalla táctil para pasarse hasta tres horas inmerso en la resolución de tareas geométricasY entre los exigentes usuarios de estas pantallas, algunos individuos animales brillan con luz propia. «Uno de los babuinos, llamado Kalamata, fue el mono más trabajador que he visto nunca -relata asombrado Jialin Li-. Se acercaba a la pantalla y esperaba a que yo encendiera el ordenador, y luego se quedaba allí sentado entre dos y tres horas haciendo sin más todo tipo de tareas matemáticas».«¿Cómo llegamos a pensar de la manera en que pensamos?» se pregunta Cantlon. Si retrocedemos en el tiempo, los registros arqueológicos nos devuelven el eco de piedras grabadas con líneas paralelas hace 70.000 años y colmillos de mamut repletos de precisas muescas geométricas. «Es una de las primeras cosas que los humanos quisieron dejar por escrito. Y ese tipo de intuiciones nos resultan automáticas, porque las hemos codificado muy profundamente- prosigue la investigadora-. Pero incluso pensar en una forma bidimensional y ser capaz de comprender las propiedades que comparte con otro objeto es un tipo de cognición realmente abstracta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Resuelto el misterio del 'monstruo galáctico' que engañó a la ciencia durante 40 años noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerGracias al nuevo estudio, hoy sabemos que esa 'chispa' genial de abstracción no nació con el primer ser humano . Llevaba latente en el intrincado cerebro de los primates millones de años, brillando en silencio, mucho antes de que aprendiéramos siquiera a trazar figuras geométricas en la arena.
José Manuel Nieves

De redes sociales al territorio: la violencia digital contra defensores ambientales en México

Wired Ciencias
5 días 21 horas ago
Amenazas, acusaciones falsas y campañas de desprestigio circulan en plataformas digitales contra defensores ambientales. Estas agresiones son difíciles de rastrear y pueden extenderse al territorio.
Aranza Bustamante

Los genes relacionados con la depresión actúan como una orquesta y ya identificaron al “director”

Wired Ciencias
5 días 23 horas ago
Un estudio sitúa a RBFOX1 como el posible coordinador de una red de genes que podría ayudar a explicar la depresión, la ansiedad y el neuroticismo.
Jorge Garay

La Tierra modifica las caras de la Luna más de lo que imaginábamos

Wired Ciencias
6 días 1 hora ago
Las primeras muestras de la cara oculta de la Luna revelan que la magnetosfera terrestre altera el viento solar y deja huellas distintas en ambos hemisferios lunares.
Jorge Garay

Resuelto el misterio del 'monstruo galáctico' que engañó a la ciencia durante 40 años

ABC
6 días 13 horas ago
El lóbulo central galáctico no era lo que parecía. Durante cuatro largas décadas, esa colosal estructura se ha erigido en nuestros mapas como un auténtico gigante, una enorme extensión que parecía elevarse a miles de años luz sobre la región central de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Descubierto a través de las observaciones de radio de los años ochenta, el lóbulo central ha mantenido a los astrónomos de todo el mundo en vilo desde entonces, tratando de descubrir su verdadero origen y naturaleza. Y todo para nada porque ahora, un nuevo estudio recién publicado en 'Astronomy & Astrophysics' acaba de revelar que no se trataba más que de una elaborada ilusión óptica a escala interestelar.Un «test de Rorschach» para astrofísicosVisto desde la Tierra, el llamado lóbulo central galáctico (GCL, por sus siglas en inglés) se presentaba recortado contra el concurrido y brillante telón de fondo del centro de nuestra galaxia. Las imágenes de radio mostraban lo que parecía el rastro de un estallido monumental. Los científicos no tardaron en proponer toda clase de teorías para explicar su existencia. Algunos sugerían que estábamos ante las secuelas de una serie encadenada de supernovas, mientras que otros, más audaces, vinculaban directamente la estructura con una violenta y antigua erupción procedente del agujero negro supermasivo Sagitario A* , el monstruo que habita en el corazón mismo de la Vía Láctea.Había tantas explicaciones contrapuestas que el misterio llegó a hacerse abrumador. Tal y como se llegó a señalar en su día, el lóbulo se había convertido en un auténtico 'test de Rorschach' para la astrofísica galáctica: cada científico que lo miraba interpretaba una cosa distinta en función de sus propias teorías y de cómo analizaba las pruebas disponibles.La niebla del núcleo galácticoEl problema que impedía ponerse de acuerdo radica en la extrema complejidad de estudiar el centro galáctico. Se trata de la región más densamente poblada de nuestra galaxia, un hervidero caótico lleno de estrellas , densas nubes de gas molecular y enormes cantidades de polvo. Todo ese material se superpone en nuestra línea de visión, y actúa como una cortina de humo que puede hacer que objetos muy distantes entre sí parezcan estar conectados, a pesar de estar separados por miles de años luz.El lóbulo se había convertido en un auténtico 'test de Rorschach para la astrofísica galáctica': cada científico que lo miraba interpretaba una cosa distintaLa parte inferior del GCL fue siempre la más esquiva, ya que, al superponerse visualmente con el brillante plano galáctico (ver imagen), las ondas de radio de la estructura se camuflaban con el fondo. Esto creaba la falsa impresión de que estábamos viendo un lóbulo abierto, una gigantesca 'chimenea' de material que era expulsado violentamente desde el mismo núcleo de la Vía Láctea.Nuevos ojos para atravesar el polvoEl gran avance llegó cuando los autores del nuevo estudio, bajo la dirección de la astrofísica Kathryn Kreckel, de la Universidad de Heidelberg (Alemania), decidieron cambiar de estrategia. En lugar de confiar únicamente en las observaciones de radio, en efecto, el equipo recurrió a los datos del proyecto SDSS-V Local Volume Mapper, un mapa inmensamente detallado que rastrea el gas brillante en nuestra galaxia midiendo la luz que emite en el espectro óptico e infrarrojo.Si usamos gafas infrarrojas, podremos ver a través de la niebla. Eso es exactamente lo que hizo el azufre ionizado al brillar a través del espeso polvo interestelarEl 'arma secreta' de los astrónomos fue el azufre ionizado. Este tipo de emisión tiene una longitud de onda más larga (más roja), lo que le confiere la capacidad de penetrar a través de las espesas nubes de polvo interestelar con mucha más eficacia que otras luces de onda corta. Es como estar en una habitación oscura y llena de humo e intentamos iluminar con una linterna normal. El haz rebotará en el humo y nos cegará. Pero si usamos gafas de visión térmica o infrarroja, podremos ver a través de la niebla. Eso es exactamente lo que hizo el azufre ionizado: logró brillar a través de la parte inferior de la estructura, revelando por fin la pieza que faltaba en el rompecabezas.Más cerca, más pequeño y diferenteLo que descubrieron los científicos volvieron a calcular cambió por completo el panorama. Aquel apéndice inferior no había desaparecido ni estaba abierto; simplemente había estado oculto por el caos del entorno galáctico. El equipo de Kreckel comprobó que la estructura no era un lóbulo abierto procedente del centro de la galaxia, sino una burbuja completamente cerrada.Al comparar la cantidad de polvo que atenuaba la luz de la burbuja con mapas tridimensionales detallados de la galaxia, los investigadores volvieron a calcular su ubicación. Y el resultado fue que la burbuja se encuentra 'sólo' a unos 6.520 años luz de la Tierra, y no a los 26.000 años luz que nos separan del centro galáctico.No es el enorme remanente de una 'rabieta' de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo del centro de nuestra galaxia, sino una estructura cercana y que mide 'apenas' 115 años luz de diámetroEs decir, que no se trata del enorme remanente de una 'rabieta' de nuestro agujero negro supermasivo, sino una estructura que mide 'apenas' 115 años luz de diámetro. Un hallazgo tan drástico que Kreckel y sus colegas, con cierto sentido del humor, han propuesto rebautizar el objeto como el «bucle enormemente confuso» (greatly confused loop). Confiesan además que todo este proceso ha supuesto «una lucha de 40 años para separar características nucleares genuinas del disco galáctico en primer plano».Guarderías estelares y el Lazo de BarnardEntonces, si no se encuentra en el centro de la Vía Láctea, ni fue generado por una explosión de actividad de Sagitario A*, ¿qué es exactamente esta estructura? En su estudio, los científicos concluyen que se trata de una gran nube de gas de hidrógeno que brilla al ser bañada por una intensa radiación ultravioleta. Y es muy probable que esta 'cavidad' haya sido esculpida por una generación anterior de estrellas muy masivas nacidas en una misma guardería estelar.Estas estrellas gigantes, que viven vidas cortas pero frenéticas, terminan estallando como supernovas y envían brutales ondas de choque que barren el material circundante, creando grandes burbujas en el espacio. El borde de la burbuja se ilumina por la radiación de las estrellas que la habitan, por lo que, desde nuestra perspectiva visual, parece un bucle luminoso en lugar de una esfera tridimensional completa.Se trata de un fenómeno astronómico que nos resulta familiar. De hecho, el GCL pertenece a la misma categoría que otras estructuras estelares bien conocidas, como el famoso 'Lazo de Barnard' en la constelación de Orión. Situado a unos 1.400 años luz de la Tierra, el Lazo de Barnard probablemente se originó por la explosión de una supernova hace unos dos millones de años y hoy forma parte de un inmenso complejo molecular luminoso que abarca 10 grados en nuestro cielo nocturno.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «No tenemos manera de gestionar esta avalancha de gente» noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerEl nuevo estudio, todo un trabajo detectivesco, no solo resuelve un enigma histórico, sino que nos muestra lo eficaz que puede llegar a ser la Vía Láctea a la hora de camuflar sus propios secretos. Y es que a veces, en la inmensidad del cosmos, hasta los monstruos más temibles resultan ser sólo sombras en la niebla.
José Manuel Nieves

El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfiler

ABC
6 días 15 horas ago
Hay objetos tan pequeños y tan omnipresentes que se vuelven invisibles. Los miramos sin verlos, los usamos sin pensarlos, los perdemos entre los cojines del sofá con una resignación que ya forma parte del contrato tácito de tenerlos en casa. El alfiler es uno de esos objetos.El punto de partida de su invención hay que buscarlo muy atrás, en un momento en que la humanidad todavía no sabía coser, pero ya necesitaba sujetar pieles y telas sobre el cuerpo. Los arqueólogos han encontrado espinas de pez, agujas de hueso y pequeños pinchos de espino en yacimientos paleolíticos de toda Europa y Asia. No eran alfileres en ningún sentido refinado, pero cumplían exactamente la misma función: unir dos materiales sin que la unión fuera permanente. La idea de un cierre reversible, de algo que sujeta pero que puede quitarse, es una de las más antiguas y más útiles que ha tenido nuestra especie.El salto hacia algo reconocible como alfiler ocurrió en la Edad del Bronce, hace unos cuatro mil años, cuando los artesanos del Mediterráneo oriental aprendieron a trabajar el metal con suficiente precisión como para producir objetos muy delgados y con punta.Los primeros alfileres metálicos aparecen en tumbas micénicas, en ajuares egipcios y en depósitos rituales de la cuenca del Indo. En aquellos momentos eran objetos de valor, no baratijas. Fabricarlos requería tiempo, destreza y acceso a metal, todo ello escaso. Quien llevaba un alfiler de bronce en la túnica estaba haciendo una declaración de estatus social tan clara como la que hoy haría con un reloj de lujo.Innovación y desarrollo en estado puroPero la verdadera revolución no vino del metal ni de la punta. Vino de un añadido que parece menor y que lo cambió todo: la cabeza. Durante siglos, el alfiler no tenía cabeza.Era simplemente un alambre recto con punta en un extremo, lo que significaba que podía atravesar la tela, pero también que podía deslizarse hacia atrás y escaparse en cualquier momento. La solución, cuando llegó, fue tan obvia en retrospectiva que resulta difícil entender por qué tardó tanto en aparecer: doblar o engrosar el extremo opuesto a la punta para que el alfiler no pudiera salirse por donde había entrado.Nadie sabe quién lo hizo primero. Casi con certeza fue un artesano anónimo que estaba trabajando un alambre de bronce, que por alguna razón -un golpe mal dado, una distracción, un error de cálculo- acabó con el extremo aplastado o doblado, y que en lugar de desecharlo lo probó en una tela y descubrió que funcionaba mejor que los anteriores. Ese accidente, multiplicado por miles de talleres en miles de años, fue consolidando la forma que hoy reconocemos: punta, cuerpo, cabeza.Los romanos llevaron la fabricación de alfileres a una escala que no se volvería a ver hasta la revolución industrial. Los acus romanos -la misma raíz latina que nos da 'aguja' y palabras como acupuntura- se producían en serie en talleres especializados, y los arqueólogos los encuentran por millares en excavaciones de todo el Imperio. Había alfileres para el pelo, alfileres para las togas, alfileres para los vendajes quirúrgicos…Plinio el Viejo dedicó varios párrafos de su enciclopédica 'Historia Natural' a describir los distintos tipos de agujas y alfileres metálicos, lo que da idea de hasta qué punto eran objetos cotidianos e imprescindibles.Con la caída del Imperio romano, la producción manufacturera en Europa retrocedió de forma dramática. Los alfileres no desaparecieron, pero volvieron a ser objetos escasos y preciados. Durante buena parte de la Edad Media un alfiler era un regalo apreciable.Existía incluso una costumbre documentada en Inglaterra y Francia según la cual los maridos daban a sus esposas dinero específicamente destinado a comprar alfileres -el llamado 'pin money', literalmente dinero para alfileres-, expresión que ha sobrevivido siglos y que hoy usamos para referirnos a un gasto pequeño y personal sin saber que estamos hablando de objetos que costaban lo suficiente como para merecer una partida presupuestaria propia.Para muestra un… alfilerEl siguiente gran accidente de la historia del alfiler ocurrió en el siglo XV, cuando los artesanos de Nuremberg y otras ciudades del sur de Alemania desarrollaron técnicas mejoradas de trefilado del alambre de latón. El trefilado -pasar el metal a través de agujeros cada vez más pequeños para adelgazarlo y uniformizarlo- no era nuevo, pero las mejoras mecánicas de ese período permitieron producir alambres mucho más finos y regulares que los anteriores. Alguien, inevitablemente, probó a hacer alfileres con ese alambre nuevo. El resultado fue un objeto más delgado, más uniforme, más fuerte y más barato que cualquier alfiler anterior. La producción se disparó.Pero el momento más fascinante de toda esta historia es el que convierte el alfiler en un protagonista inesperado del pensamiento económico moderno. Llegó en 1776. Adam Smith al buscar un ejemplo para explicar el concepto de división del trabajo en su monumental 'La riqueza de las naciones', eligió precisamente una fábrica de alfileres.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La cremallera, el invento del que todos se rieron y que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial noticia Si Slinky, el 'muelle caminante' que supuso un antes y un después en la ingenieríaSu descripción es detallada y casi hipnótica: un solo trabajador, haciendo el alfiler entero de principio a fin, podía producir quizás veinte alfileres al día. Pero si se dividía el proceso -un operario estiraba el alambre, otro lo cortaba, otro afilaba la punta, otro aplicaba la cabeza- una pequeña fábrica de diez personas podía producir cuarenta y ocho mil alfileres diarios. El alfiler no era solo un objeto útil: era la demostración perfecta de cómo la especialización multiplicaba la productividad humana. Smith convirtió un trozo de alambre con punta en el símbolo fundacional del capitalismo industrial.
Pedro Gargantilla

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