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El sol y el polvo del Sahara serán los verdaderos rivales en los cuartos de final del Mundial en Miami

Wired Ciencias
2 semanas 2 días ago
Según los científicos, los jugadores de Inglaterra y Noruega se enfrentarán bajo niveles extremos y peligrosos de estrés por calor, debido a un índice de temperatura de bulbo húmedo de casi 32 °C.
Isabella Ward

Este ratón orejudo desafía los límites de la vida a casi 7 km de altitud: así es cómo lo hace

ABC
2 semanas 3 días ago
Las cimas de la cordillera de Los Andes son lo más parecido que hay en la Tierra a la superficie de Marte. A 6.700 metros de altitud, la temperatura del aire se mantiene casi permanentemente bajo cero, los niveles de oxígeno se reducen a la mitad y la radiación es intensa. Este páramo desierto es un infierno en el que escasean la vegetación, el agua y la comida; solo hay roca y hielo. Cuando los arqueólogos llegaron allí en los años 70 y 80 descubrieron varias ruinas incas con momias humanas y, entre las piedras, los restos de unos ratoncillos. En ese momento, creyeron que los roedores habían sido trasladados hasta allí por esos antiguos pobladores, ya que en esas condiciones la vida de los mamíferos se consideraba imposible. Sin embargo, en 2020 un equipo de la Universidad de Nebraska-Lincoln (EE.UU.) capturó un espécimen vivo de ratón orejudo andino ( Phyllotis vaccarum ) en la cima del pico de Llullaillaco, un volcán a ambos lados de la frontera entre Chile y Argentina. Además, los investigadores localizaron trece ejemplares momificados en las cumbres de tres volcanes vecinos. Sin la antigüedad suficiente para haber coexistido con los incas, los ratoncillos tenían que haber ascendido por sí mismos. Los hallazgos convertían al ratón orejudo, un roedor de unos 23 centímetros de longitud y dieta herbívora, en el mamífero que vive a mayor altitud del planeta, en cumbres donde los alpinistas bien entrenados apenas pueden pasar un día. Desbancaba a la pika de orejas largas ( Ochotona macrotis ) de las regiones montañosas y glaciares de Asia Central por al menos 500 metros. Pero aún persistía el misterio de cómo era capaz de soportar las temperturas gélidas y el aire enrarecido de los Andes. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha encontrado en los ratones orejudos un conjunto único de adaptaciones metabólicas y genéticas que les permiten prosperar desde el nivel del mar hasta las cumbres andinas. Entre ellas, una inesperada capacidad para desintoxicar plantas venenosas.El secreto de su resistenciaLos investigadores analizaron datos de secuenciación del genoma completo de 167 ratones orejudos recolectados de zonas de gran altitud (4.260 m) y de baja altitud (1.420 m), así como de individuos de una especie de tierras bajas estrechamente emparentada ( P. darwinii, 620 m). Mediante experimentos de laboratorio que simulaban condiciones frías y con bajo oxígeno, descubrieron que los ratones de gran altitud generaban significativamente más calor corporal y mostraban mayor actividad tanto en sus músculos como en la grasa parda productora de calor, lo que refleja una mayor capacidad para mantenerse calientes a pesar de la falta de oxígeno. A nivel celular, su tejido muscular se asemeja al de los atletas de resistencia. «Se parecen más a un corredor de maratón que a un velocista», explica Graham Scott, de la Universidad McMaster (Canadá) y coautor del estudio que se publica este jueves en la revista 'Science' . «Sus células musculares están repletas de mitocondrias que les permiten mantener la actividad generadora de calor durante períodos más prolongados».Los ejemplares de gran altitud generan más calor corporal y nuestran mayor actividad tanto en sus músculos como en la grasa pardaSorprendentemente, estos ratones no dependían de muchas de las adaptaciones de transporte de oxígeno observadas en otros mamíferos de gran altitud, como los cambios en la hemoglobina. En cambio, parecen depender de un conjunto diferente de adaptaciones fisiológicas y genéticas que mejoran la producción de energía, regulan los vasos sanguíneos y que ayudan a sus cuerpos a funcionar bajo privación crónica de oxígeno. Eliminar tóxicosPero algunos de los hallazgos más sorprendentes tenían poco que ver con el oxígeno o la temperatura. A altitudes tan extremas, la comida escasea. Los ratones sobreviven gracias a fuentes de alimento inusuales e impredecibles, como los líquenes, organismos simbióticos que crecen en las rocas, y posiblemente semillas o insectos transportados por el viento. Los análisis genéticos revelaron que los ratones de gran altitud han desarrollado cambios en los genes implicados en el metabolismo de los alimentos y pueden desintoxicar compuestos vegetales que normalmente serían perjudiciales. «Inicialmente nos centramos en los desafíos ambientales más obvios, como la falta de oxígeno y el frío, pero hubo factores importantes que no esperábamos, como la forma en que estos animales procesan su alimentación», dice Scott.Cambios en los genes implicados en el metabolismo de los alimentos les permiten desintoxicar compuestos vegetales perjudicialesLos hallazgos dibujan un panorama de la evolución como un proceso de múltiples capas, donde diversos sistemas se adaptan para hacer frente a complejos desafíos ambientales. También pone de relieve cuánto nos queda aún por aprender sobre los límites de la vida. «A veces, nuestras suposiciones sobre los entornos más extremos en los que pueden vivir los animales pueden ponerse en tela de juicio», afirma Grant McClelland, también de McMaster. «La evolución tiene mucho margen para experimentar», añade.Esta observación podría tener implicaciones más amplias, ya que las especies se enfrentan a un clima que cambia rápidamente. «Tendemos a centrarnos en las temperaturas como el principal desafío -señala Scott-, pero los animales se enfrentan a muchas presiones a la vez y la evolución puede llevarlos por caminos que no siempre anticipamos». 
Judith de Jorge

El ratón orejudo de los Andes, el mamífero con la clave para sobrevivir a más de 6.000 metros de altura

El País Ciencia
2 semanas 3 días ago
Un estudio reconstruye los mecanismos genéticos y metabólicos que permiten a los ratones orejudos sudamericanos habitar en la cima del segundo volcán activo más alto del mundo
Selva Vargas Reátegui

Mónica Bettencourt-Dias, bióloga: “La gran pregunta sobre el cáncer es cómo consigue sobrevivir a los tratamientos”

El País Ciencia
2 semanas 3 días ago
La investigadora portuguesa es la primera mujer en dirigir en Centro de Regulación Genómica de Barcelona, uno de los más punteros del mundo en su campo
Nuño Domínguez

La incapacidad del cerebro para eliminar desechos podría estar ligada a la fatiga crónica

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
"La mala calidad del sueño está asociada con una deficiente eliminación de desechos cerebrales, lo que refuerza la idea de que el sueño desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la salud cerebral”: investigadora.
Fernanda González

Qué dice la ciencia del Melanotan, la “droga barbie” viral en TikTok

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
El péptido promete un bronceado rápido con menos exposición al sol, pero nunca fue aprobado como medicamento y su seguridad a largo plazo sigue siendo una incógnita.
Jorge Garay

Encuentran un mecanismo oculto en los riñones que ayuda a evitar la deshidratación

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
Los riñones son fundamentales para mantener el equilibrio de los líquidos del organismo. Hasta hace poco se creía que esta función dependía principalmente de un único mecanismo, pero investigaciones recientes han revelado la existencia de una segunda vía que actúa en paralelo.
Ritsuko Kawai

Encuentran microplásticos en muestras de hace 200 años, antes de que el plástico moderno existiera. ¿Cómo es eso posible?

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
El hallazgo parece imposible: plástico en sedimentos anteriores a su invención. La respuesta no está en el tiempo, sino en el movimiento de los microplásticos.
Jorge Garay

Existe un plan para enfriar el planeta rociando nubes. Podría salir mal

Wired Ciencias
2 semanas 3 días ago
Ante la creciente preocupación por un fenómeno de El Niño cada vez más intenso, nuevos hallazgos sugieren una solución radical para mitigar sus impactos.
Molly Taft

Definitivamente, Urano y Neptuno no son lo que parecen

ABC
2 semanas 4 días ago
Llevamos toda la vida refiriéndonos a ellos como 'los gigantes de hielo' y resulta que igual no lo son. Gigantes sí, por supuesto, se trata de dos mundos enormes, pero hechos de algo más sólido, y mucho más caliente, que el agua congelada. Hace algo más de dos meses, ABC se hacía eco de un estudio según el cual en las entrañas de Urano y Neptuno ocurre algo verdaderamente extraño: bajo presiones extremas, los materiales de su interior se debaten entre estados que desafían la física clásica, desdibujando la frontera entre lo sólido y lo líquido. En aquel informe se sugería que el corazón de estos mundos podría albergar 'fluidos supercríticos' o incluso hielo super iónico caliente. Sin embargo, toda una avalancha de nuevas investigaciones apunta ahora a una conclusión aún más radical: el hielo no es, ni de lejos, el protagonista de esta historia.Durante décadas, los estudiantes de todo el mundo han memorizado el mismo esquema del Sistema Solar: primero los mundos rocosos como la Tierra o Marte; luego los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno; y finalmente, en los fríos confines de nuestro vecindario cósmico, los gigantes de hielo, Urano y Neptuno . Hace veinte años, los astrónomos ya alteraron ese esquema al degradar a Plutón a la categoría de 'planeta enano'. Y ahora, parece que ha llegado el momento de revisar también nuestras ideas sobre los dos colosos azules porque, en realidad, sabemos aún muy poco sobre la composición de estos dos planetas.Un espejismo de hace cuarenta añosOriginalmente, Urano y Neptuno recibieron la 'etiqueta' de mundos helados porque orbitan más allá de la llamada 'línea de hielo' del Sistema Solar, es decir, la frontera a partir de la cual el agua, el amoníaco, el monóxido de carbono y otras moléculas volátiles se congelan. Por lógica, si esa región era rica en agua congelada durante la infancia del Sistema Solar, el interior de esos mundos debía estar compuesto mayoritariamente por agua, comprimida por la brutal gravedad.Pero hay un problema grave con esta teoría. Y es que las únicas mediciones directas y cercanas de ambos mundos se realizaron hace ya 40 años, cuando la histórica sonda Voyager 2 de la NASA pasó por Urano en 1986 y por Neptuno en 1989. Y aquellos datos, aunque extremadamente valiosos, son hoy insuficientes. Por otra parte, estudios recientes de pequeños cuerpos más allá de la órbita de Neptuno, así como del propio Plutón, han revelado que albergan mucha menos agua y amoníaco de lo que se pensaba, no superando el 50% de su contenido rocoso.Las únicas mediciones directas y cercanas de ambos mundos se realizaron hace 40 años; aquellos datos son hoy insuficientesEn otras palabras, la evidencia de que Urano y Neptuno están 'helados' es completamente indirecta y circunstancial. Y ambos podrían ser mucho más complejos de lo que pensábamos.Océanos de magma hirvienteAveriguar qué se esconde bajo las espesas atmósferas de estos dos colosos planetarios no es solo un capricho académico. Porque los planetas ligeramente más pequeños que Neptuno (los llamados sub-Neptunos) son, según los datos del telescopio espacial Kepler, el tipo de mundo más común en toda la Vía Láctea. Y resulta que tenemos a dos de sus 'primos' aquí, en nuestro propio vecindario, y aún así apenas los comprendemos.Para arrojar luz sobre la cuestión, un equipo liderado por Edward Young, científico planetario de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), acaba de publicar un extenso estudio en 'The Astrophysical Journal'. Inspirándose en la composición conocida de exoplanetas, Young y sus colegas simularon modelos matemáticos donde ambos mundos, Urano y Neptuno, poseían un núcleo de hierro, un manto rocoso y una enorme envoltura de gas hidrógeno.Ponerse de acuerdo en un nuevo nombre para los planetas está resultando tan difícil como diseñar una misión para visitarlosEl resultado fue, como mínimo, intrigante. Al mezclarse los materiales bajo presiones aplastantes, el punto de fusión de la roca descendió drásticamente, dando lugar a colosales océanos de magma fundido. Y no, no se trata del magma espeso y volcánico que vemos en la Tierra. Imaginemos un fluido denso y supercrítico, aprisionado bajo presiones extremas, con gigantescas cantidades de hidrógeno y helio disueltos en su interior. Una sopa ardiente capaz de conservar su asombroso calor durante miles de millones de años gracias al grueso 'abrigo' aislante de sus atmósferas. Cero hielo a la vista. Se trata, sin duda, de un replanteamiento radical de la astrofísica y de los entornos en los que ambos mundos se formaron.El misterio del metanoEsta teoría del magma no es una voz aislada. Roberto Tejada Arevalo, astrofísico de la Universidad de Princeton, ya elaboró modelos similares hace alrededor de un año para explicar un enigma histórico: por qué Neptuno emite mucha más energía térmica interna que Urano. Y su investigación demostró que un interior de magma supercrítico mezclado con agua, amoníaco y metano encaja a la perfección con el calor y las propiedades observadas.Para entender este concepto, podemos imaginar una simple botella de aliño para ensaladas. A temperaturas y presiones normales, el vinagre y el aceite se separan en capas. Sin embargo, si sometemos esa vinagreta a las presiones infernales de miles de atmósferas (como sucede en el corazón de Neptuno) y la agitamos con fuerza, los elementos pesados (roca y hielo) se mezclarán íntimamente con los gases, creando una emulsión exótica y fluida.Y en 2024 Uri Malamud, del Instituto Technion de Israel, aportó un giro de tuerca diferente en un estudio publicado en 'Icarus'. Para este investigador, sí que hay hielo en Urano y Neptuno, pero no de agua, sino de metano. En sus propias simulaciones, el escenario que mejor encajaba con el tamaño y la masa de ambos planetas se producía cuando enormes cantidades de hollín (carbono puro) se mezclaban con el hidrógeno atmosférico primordial. Esta reacción química habría formado metano puro, el cual, en estado líquido, terminó hundiéndose hacia las entrañas de ambos mundos.Y hace apenas un mes, Vanessa Ramírez, investigadora de la Universidad de Leiden, añadía más datos al rompecabezas. Sus modelos, de hecho, apuntaban a que estos mundos podrían estar hechos, en realidad, por más de un 60% roca , y organizados en capas muy diferenciadas. Observaciones recientes de Urano con el gigantesco radiotelescopio ALMA en Chile han detectado, por último, niveles anómalos de monóxido de carbono, un gas que delata un interior profundamente diferente a lo que creíamos.En busca de un nuevo nombreAnte esta auténtica avalancha de resultados cruzados, la comunidad científica tiene claro que hay un único camino a seguir: volver allí. En la evaluación decenal de 2023 de las Academias Nacionales de Ciencias de EE.UU. , los planetólogos añadieron una sonda orbital a Urano como la prioridad número uno absoluta. «Necesitamos desesperadamente -afirmaban los científicos- una misión insignia para encajar todas estas piezas del rompecabezas».Sin embargo, y mientras la NASA y la ESA deciden si enviar por fin una nave a desentrañar el misterio, los astrónomos debaten un problema más mundano: ¿Cómo llamamos ahora a estos planetas? Suenan ya varios nombres, aunque parece que ninguno de ellos está destinado a conseguir los favores del público. Desde luego no el de 'gigantes miscibles', en honor a la mezcla íntima de sus materiales. Puede que otras sugerencias, como 'subgigantes' o 'gigantes menores' lo tengan más fácil, aunque es pronto para decirlo. Arevalo prefiere 'gigantes de metal', utilizando la jerga astronómica que denomina metal a todo lo que no sea hidrógeno ni helio. Evocador y sonoro, pero ya veremos.Jonathan Fortney, astrofísico de la Universidad de California, lo resume con humor al recordar una reunión de expertos de hace años para planificar futuras misiones: «Éramos 10, encerrados en una habitación durante una semana. Y ni siquiera nos pusimos de acuerdo en cuál sería el mejor nombre».
José Manuel Nieves

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