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Cataluña impulsa una investigación sobre los efectos del eclipse solar en el cuerpo humano

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El Govern busca 5.000 voluntarios en la experiencia bautizada como Solaris, para recopilar datos biométricos durante el fenómeno del 12 de agosto
Ivanna Vallespín Ortiz

Rescate en el espacio: despega la misión de emergencia para salvar un telescopio de la NASA

El País Ciencia
3 semanas 2 días ago
La empresa Katalyst ha diseñado y lanzado, en solo nueve meses, un robot que deberá atrapar el observatorio espacial ‘Swift’ y subirlo a una órbita más alta antes de que la atmósfera terrestre lo engulla
Francisco Doménech

Las nuevas células sintéticas no son vida artificial, pero son importantes

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3 semanas 2 días ago
La creación del laboratorio de Adamala es un buen hallazgo, pero se ha exagerado hasta la hipérbole, advierten varios expertos
Nuño Domínguez

Por qué los futbolistas cortan sus calcetas en el Mundial 2026 (y qué dice la ciencia al respecto)

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3 semanas 3 días ago
Los agujeros en las calcetas se han convertido en una imagen curiosa del torneo de futbol. Detrás de esta tendencia hay biomecánica, percepción y una explicación inesperada.
Jorge Garay

Las clínicas virtuales que venden Ozempic se están multiplicando sin control

Wired Ciencias
3 semanas 3 días ago
Bienvenidos a la "experiencia de telesalud de Temu", donde todo el mundo, desde usuarios de Grindr hasta influencers del movimiento MAGA, puede abrir una clínica virtual en la que vender medicamentos para adelgazar y mucho más.
Kate Knibbs

Así logró este planeta sobrevivir a la destrucción de su estrella

ABC
3 semanas 3 días ago
Los planetas, ya sean grandes o pequeños, rocosos o gaseosos, no surgen de la nada. Se forman a partir del material sobrante (polvo, roca y gas) que queda girando alrededor de las estrellas recién nacidas en forma de un anillo turbulento, el disco de acreción . Es decir, que todos los mundos que existen en el Universo están hechos del 'material sobrante' de la propia génesis estelar. Después, a través de un lento y azaroso proceso, las diminutas partículas del disco chocan y se fusionan, construyendo 'piezas' cada vez mayores, hasta convertirse por fin en planetas. Y una vez formados, la inmensa gravedad de sus 'estrellas madre' los ata a ella para siempre en una danza orbital eterna.Por norma general, este vínculo implica que las estrellas y sus planetas comparten un mismo destino: cuando las primeras envejecen y mueren, sus mundos suelen perecer también , destruidos o devorados por sus 'madres' en un verdadero infierno estelar. Pero hay excepciones.Por eso, cuando los astrónomos descubrieron en 2020 un planeta gigante orbitando una estrella muerta, lo primero que hicieron fue preguntarse cómo era posible que aquel mundo hubiera sobrevivido a la violenta caída de su anfitriona. Ahora, las últimas y reveladoras observaciones del Telescopio Espacial James Webb, recién publicadas en ' Nature ', podrían explicar, por fin, cómo este extraño exoplaneta pudo eludir su casi inevitable destrucción. Puede que el hallazgo suponga también una esperanza de supervivencia para algunos de los mundos de nuestro propio sistema cuando nuestro Sol muera, dentro de 5.000 millones de años. Aunque la Tierra no estará entre ellos .Noticia relacionada general No No Así fue el 'infierno' que modeló la Tierra hace 4.000 millones de años José Manuel NievesUn sistema estelar contra toda lógicaEl afortunado mundo, un auténtico coloso llamado WD 1856 b y cuya masa supera entre cuatro y once veces la de Júpiter, se encuentra a unos 80 años luz de la Tierra, en órbita alrededor de una extraña compañera: WD 1856+534, una pequeña enana blanca que forma parte de un sistema estelar triple, el tipo de 'cadáver' en el que también nuestro Sol está destinado a convertirse.Las enanas blancas son los densos y fríos restos que quedan cuando una estrella similar a la que alumbra la Tierra agota por completo su combustible y apaga su horno nuclear. Sólo queda un rescoldo, una enorme brasa de materia muy densa que se consume lentamente a lo largo de miles de millones de años.El planeta, por su parte, «es todo un bicho raro -explica Ryan J. MacDonald, investigador de la Universidad de St. Andrews y director del estudio-. Es más masivo y aproximadamente del tamaño de Júpiter, pero la enana blanca que orbita es del tamaño de la Tierra, por lo que el planeta es siete veces más grande que su estrella». No es la primera vez que los astrónomos encuentran un planeta orbitando a una enana blanca , pero si la primera que ven a uno que lo hace tan de cerca.El gigantesco planeta completa una vuelta alrededor de su cadáver estelar en apenas 1,4 días, una cercanía que los científicos creían completamente imposibleDe hecho, lo que más sorprendió a los astrofísicos fue la extrema cercanía de su órbita. Y es que el gigantesco planeta completa una vuelta entera alrededor de su estrella muerta en apenas 1,4 días, unas 50 veces más cerca de lo que la Tierra lo hace del Sol. Algo sin duda desconcertante porque, según las leyes de la astrofísica, esa debería ser una órbita imposible. Antes de colapsar en una enana blanca, en efecto, una estrella moribunda se hincha de forma desproporcionada, como un globo gigantesco, transformándose en lo que conocemos como una gigante roja. En esta virulenta fase, la estrella multiplica su tamaño original por más de cien, calcinando y engullendo cualquier objeto que ose estar cerca. Cuando nuestro Sol llegue a ese punto crítico, devorará a Mercurio, a Venus y, muy probablemente, a la propia Tierra. De modo que si WD 1856 b hubiera estado allí, tan cerca, habría sido aniquilado sin dejar rastro.James Webb resuelve el enigmaPara resolver el rompecabezas, MacDonald y su equipo recurrieron al Telescopio Espacial James Webb, la máquina más precisa jamás construida para escudriñar la atmósfera de mundos lejanos. Con él observaron cómo el gigante gaseoso pasaba por delante de su pequeña y pálida estrella en un fugaz tránsito que apenas duró 8 minutos.«Capturar suficiente luz para ver el espectro de WD 1856, y al mismo tiempo hacerlo lo suficientemente rápido como para no perderse el tránsito -asegura Victoria Boehm, investigadora de la Universidad de Cornell encargada de extraer los datos-, es algo que solo el Webb puede hacer». Las observaciones dieron su fruto. Y no solo eso, sino que lograron algo histórico: revelar signos de metano y nubes en el exoplaneta, siendo la primera vez que se caracteriza la atmósfera de un mundo que orbita una estrella muerta.Además de lo cual, los investigadores consiguieron un dato definitivo: la temperatura de la atmósfera del planeta. Y es que a pesar de recibir una luz estelar mucho más débil de la que emite una estrella 'viva', WD 1856 b desprende un fuerte calor infrarrojo propio. Según los datos, la temperatura del planeta ronda los 126 grados centígrados, lo que significa que está nada menos que 240 grados más caliente de lo que cabría esperar si su única fuente de calor fuera el escaso brillo de la enana blanca.Una 'fiebre' provocada por un largo viajeEse extraño exceso de calor resultó ser la clave del misterio. Christopher O'Connor, astrofísico de la Universidad Northwestern y coautor del artículo, logró rastrear el origen de esa 'fiebre térmica' retrocediendo en el tiempo. Como los planetas gigantes se enfrían a un ritmo predecible, los modelos matemáticos revelaron que WD 1856 b sufrió un colosal evento de calentamiento masivo mucho tiempo atrás: concretamente, entre 3.000 y 5.500 millones de años después de que la estrella se transformara en enana blanca.«A medida que el planeta se movía hacia el interior -relata O'Connor-, sus interacciones con la fuerte gravedad de la enana blanca causaron que se calentara considerablemente. Se ha estado enfriando desde entonces».La muerte estelar, escriben los científicos, no es el fin. Algunos planetas logran experimentar un futuro vibrante después de la muerte de su estrellaEl hallazgo resuelve el rompecabezas de su supervivencia. El gigante gaseoso no siempre ocupó esa órbita abrasadora. Según el estudio, al principio de su existencia permaneció en una órbita distante y segura, lo que le permitió sobrevivir intacto a los estragos de la destructiva fase de gigante roja. Y mucho después, influenciado por la gravedad de las otras estrellas de este remoto sistema triple, el planeta fue empujado sin remedio hacia el interior, rozando el cadáver de su estrella en una frenética danza gravitacional que lo dejó anclado allí.El futuro del Sistema SolarLa odisea de WD 1856 b no es solo una curiosidad lejana sino que, según los investigadores, es también un perturbador espejo de nuestro propio futuro. «Estamos acostumbrados -afirma MacDonald- a mirar hacia atrás en el tiempo cuando usamos telescopios, pero esta es la primera vez que hemos podido mirar hacia adelante para ver qué podría pasarles a los planetas exteriores alrededor del remanente de una estrella parecida al Sol. Es como usar una máquina del tiempo para asomarnos al futuro lejano de nuestro Sistema Solar».Si bien es poco probable que la Tierra logre esquivar la brutal llamarada final de nuestro Sol (su fase de gigante roja), este descubrimiento demuestra que mundos gigantes que estén lo suficientemente alejados, como Júpiter o Saturno, podrían no solo esquivar la aniquilación, sino encontrar una extraña segunda vida, migrando hacia el interior en un futuro remoto. Y es que, como afirman los astrónomos en su estudio, «la muerte estelar no es el fin; algunos planetas experimentan un futuro vibrante y animado después de la muerte de su estrella».
José Manuel Nieves

Hallan a 'Urokodia', la primera araña con colmillos

ABC
3 semanas 3 días ago
Científicos de Reino Unido y China hallan en el yacimiento de Chengjiang a 'Urokodia', un extraño fósil de 3 cm que ha resultado ser el 'eslabón perdido' que nos muestra los primeros colmillos arácnidos de la historiaDesde la temida y mortífera viuda negra hasta la araña radiactiva que le dio sus poderes a Spiderman, hay algo que sin duda define nuestro miedo instintivo a las arañas : su mordedura. Esos formidables colmillos, unas 'herramientas de caza' casi perfectas, han aterrorizado (y maravillado) a la humanidad durante milenios. Pero, ¿dónde, cuándo y cómo inventó la naturaleza un arma tan formidable?La respuesta acaba de emerger de las profundidades del tiempo geológico, hace la friolera de 518 millones de años . Sorprendentemente, la mordedura de las arañas no surgió en tierra firme, en alguna selva húmeda o desierto abrasador, sino bajo las frías aguas de un antiguo océano. Y, para colmo, el animal que 'estrenó' aquellos primeros colmillos se parecía más a un ciempiés que a cualquier araña actual.Noticia relacionada general No No Así se cría una reina: en cuna 'de lujo' y cuidada por un séquito de abejas hasta ahora desconocido Judith de JorgeBajo la dirección de científicos de las universidades de Leicester (Reino Unido) y Yunnan (China) un equipo internacional de investigadores ha hallado en un diminuto fósil llamado Urokodia la evidencia más antigua jamás registrada de los primeros colmillos similares a los de las arañas. El hallazgo se publica hoy en 'Nature'.Un monstruo en miniaturaLos arácnidos modernos, junto con los escorpiones, las garrapatas y los prehistóricos cangrejos herradura, pertenecen a un inmenso y extraordinariamente exitoso grupo de invertebrados conocidos como quelicerados. En la actualidad, este linaje domina múltiples ecosistemas terrestres y marinos y cuenta con más de 100.000 especies formalmente descritas por la ciencia. Pero a pesar de sus diferencias, a menudo evidentes a simple vista, todos sus miembros comparten ciertas características de diseño comunes: patas articuladas, un resistente exoesqueleto externo y, sobre todo, unos apéndices frontales hiper especializados llamados quelíceros.A simple vista, el primitivo fósil de Urokodia, dotado de grandes ojos pedunculados y un esqueleto segmentado, no se parece absolutamente en nada a las veloces arañas o escorpiones de la actualidadNo resulta exagerado considerar un quelícero como una especie de 'navaja suiza' anatómica, firmemente incrustada en el rostro del animal. Dependiendo de la especie , la herramienta funciona como unas poderosas pinzas para aferrar y despedazar a las presas, o como colmillos huecos en forma de aguja hipodérmica, diseñados para 'apuñalar' e inyectar un veneno paralizante. Sin embargo, rastrear el origen de estas sofisticadas estructuras en el registro fósil ha resultado, desde siempre, extremadamente difícil para los paleontólogos.Un hallazgo excepcionalHasta ahora, de hecho, informes y estudios previos como la investigación publicada en 2019, también en 'Nature', sobre el fósil Mollisonia plenomacula hallado en el esquisto canadiense de Burgess Shale, situaban la aparición de los primeros quelíceros en torno a hace 500 millones de años. Aquel hallazgo supuso un hito, pero dejaba interrogantes en el aire. Ahora, Urokodia no solo retrocede el reloj evolutivo casi 18 millones de años más, sino que nos muestra en directo los primeros 'balbuceos' de esta anatomía letal.Los restos de Urokodia fueron recuperados en el célebre (y prolífico) yacimiento de Chengjiang, en la provincia sureña de Yunnan, en China. No es casualidad que este trabajo vea la luz justo coincidiendo con el 42 aniversario del descubrimiento de este tesoro paleontológico, famoso a nivel mundial por preservar, increíblemente intactos, los delicados tejidos blandos de criaturas que vivieron durante la Explosión Cámbrica, un periodo que vio el mayor 'Big Bang' de la vida animal en la Tierra. Se trató, de hecho, de un momento en el que la evolución 'pisó el acelerador' y ensayó los diseños corporales más extraños imaginables, muchos de los cuales permanecen en la actualidad (Artrópodos, Cordados, moluscos, equinodermos...).Secretos revelados por los rayos XA simple vista, nuestro minúsculo protagonista no se parece en nada a las peludas arañas o a los acorazados escorpiones modernos. De hecho, tenía apenas entre 2 y 3 centímetros de largo, poseía grandes ojos que sobresalían de su cabeza montados sobre prominentes pedúnculos (de un modo muy similar a los ojos de un caracol), y hacía gala de un esqueleto fuertemente segmentado y múltiples extremidades articuladas que colgaban bajo la parte inferior de su esbelto y aplanado cuerpo.Pero los detalles de este espectacular fósil no fueron evidentes desde el principio, sino que estaban ocultos, adheridos en la matriz de la roca. Por eso, para no dañar la valiosa y delicada muestra durante su extracción, los investigadores emplearon modernas técnicas no destructivas de tomografía de rayos X. Básicamente, fue como hacerle un escáner médico a una piedra prehistórica. Los resultados, descritos meticulosamente en el artículo de Nature, dejaron sin aliento al equipo: la roca había momificado, casi intacta, gran parte de la anatomía blanda del animal.El hallazgo rempuja el reloj evolutivo de los arácnidos mucho más atrás en el tiempo de lo que se creía, revelando la auténtica 'fase beta' de sus letales colmillosY allí, justo detrás de sus grandes ojos pedunculados, estaban los quelíceros. Surgían de la cabeza como dos minúsculas extremidades frontales en forma de pinza. Eran, sin lugar a duda, los precursores exactos, la auténtica 'fase beta' evolutiva, de los letales colmillos de las arañas actuales.Yu Liu, líder de la investigación en la Universidad de Yunnan y profesor visitante en la Universidad de Leicester, relata así la emoción del hallazgo: «Estábamos utilizando análisis de tomografía de rayos X de estos fósiles para revelar su anatomía blanda enterrada en las rocas durante cientos de millones de años, cuando de repente notamos las extremidades en forma de pinza en la parte delantera del animal. Supimos de inmediato que se trataba de un fósil muy emocionante y, de hecho, de un ancestro lejano de los quelicerados vivos, como escorpiones y arañas».Respirar bajo el aguaPero Urokodia, además, guardaba una segunda sorpresa en su anatomía. Los escáneres en tres dimensiones, en efecto, revelaron unas estructuras muy inusuales en sus patas, unos pliegues que los científicos dedujeron que actuaban como 'branquias en libro' para facilitar la respiración bajo el agua.Podemos imaginar un libro con sus páginas ligeramente separadas y sumergido por completo en una corriente de agua. A medida que el líquido fluye por los minúsculos espacios entre las 'páginas' (que en realidad son finísimas y tupidas láminas de tejido vascularizado), el animal extrae con gran eficacia el oxígeno disuelto. Se trata exactamente del mismo y sofisticado mecanismo respiratorio que siguen utilizando en la actualidad los quelicerados acuáticos modernos, como el ancestral cangrejo herradura, que a pesar de su apariencia (y de su nombre) está más emparentado con las arañas que con los crustáceos.Como linaje biológico, los quelicerados han demostrado ser uno de los grupos de seres vivos con mayor éxito adaptativo de toda la historia de la Tierra. Conquistaron primero las vastas profundidades de los océanos primitivos y, millones de años más tarde, emergieron a la superficie para convertirse en unos formidables cazadores terrestres. Y ahora, gracias a este pequeño hallazgo chino, el registro fósil nos confirma que sus antepasados llevan diseñando y perfeccionando sus 'armas' desde hace más de 500 millones de años.«Urokodia -explica Mark Williams, de la Universidad de Leicester y coautor del estudio- formaba parte de un antiguo ecosistema de más de 200 tipos diferentes de animales que vivían en los mares hace 518 millones de años. Estos fósiles espectacularmente conservados proporcionan una visión real de cómo evolucionaba la vida en nuestro planeta en los albores mismos de la vida animal».A pesar de que películas como 'Aracnofobia', '¡Tarantula!' 'Arac Attack' o 'Lavalantula' (entre otras muchas) se empeñen en presentar a las arañas como una amenaza espantosa y mortífera para el ser humano, la ciencia nos ha enseñado que la inmensa mayoría de las especies conocidas son completamente inofensivas para nosotros. Y que sus mordeduras no son más que el fruto de una fascinante y bien calculada obra maestra de la evolución, diseñada milímetro a milímetro desde tiempos inmemoriales para cazar pequeñas presas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA se prepara: alunizadores, un rover de Marte y un balón de fútbol si EE.UU. gana el Mundial noticia Si Así fue el 'infierno' que modeló la Tierra hace 4.000 millones de añosSe trata, en definitiva, de una historia de éxito biológico sin precedentes que, como acaba de demostrarse, dio comienzo de forma silenciosa con un extraño nadador de apenas tres centímetros nadando en los mares prehistóricos de la antigua China.
José Manuel Nieves

Científicos de Estados Unidos dicen haber creado una “célula sintética” capaz de replicarse y evolucionar

El País Ciencia
3 semanas 3 días ago
El equipo publica un estudio no revisado por expertos independientes en el que describe su creación
Nuño Domínguez

El hermano mayor perjudica la salud y la economía del pequeño

El País Ciencia
3 semanas 3 días ago
La probabilidad de hospitalización en el primer año de vida es mayor en los menores que en los primogénitos. El perjuicio se nota incluso en el éxito académico y los ingresos económicos, según un estudio en población danesa
Ana Lozano del Campo

Astrónomos piden limitar el número de satélites en órbita a 100.000 cuando se prevén lanzar casi 2 millones

ABC
3 semanas 3 días ago
Compañías como SpaceX, del multimillonario Elon Musk, prevén lanzar en los próximos años más de 1,7 millones de satélites en órbita, algunos de ellos extremadamente brillantes. Estas constelaciones proporcionarán, entre otros servicios, internet de alta velocidad a cualquier rincón del planeta. Sin embargo, los astronómos llevan tiempo advirtiendo de que estos artefactos pondrán en peligro la observación del cielo nocturno al restarle oscuridad. Un último estudio al respecto, llevado a cabo por el Observatorio Europeo Austral (ESO), prevé «consecuencias devastadoras para la astronomía» si no se ponen límites. Según el informe, para salvaguardar nuestra capacidad de observar las estrellas con telescopios modernos, no deberían orbitar la Tierra más de 100.000 satélites tenues, es decir, por debajo de lo que puede detectar el ojo humano a simple vista. Desde luego, el número es muy inferior a las ambiciones de Musk y otros magnates tecnológicos. Desde 2019, el número de satélites en órbita terrestre ha aumentado rápidamente, hasta superar actualmente los 14.000, entre los que predominan los de telecomunicaciones Starlink, de SpaceX. Las propuestas para nuevos lanzamientos también han aumentado. La compañía de Musk planea enviar un millón más para centros de datos espaciales, lo que, según ESO, alteraría significativamente la apariencia del cielo. El nuevo estudio muestra que, durante una gran parte de cada noche, cientos de satélites serían visibles y, en ciertos momentos, hasta varios miles, similar al número de estrellas que podrían observarse a simple vista bajo buenas condiciones. Otras constelaciones de satélites previstas, como el Cinnamon, de E-Space, y el CTC-1 y 2, de China, añadirían cientos de miles de satélites más en órbita, agravando el problema.La empresa Reflect Orbital, una start-up estadounidense, pretende lanzar una constelación de satélites muy grandes en forma de espejo para proporcionar luz solar por la noche, con haces reflejados que se extienden al menos cinco kilómetros sobre la superficie terrestre. Tienen la intención de comenzar este año con un satélite prototipo en órbita, aumentando su población de satélites a 50.000 para 2035. Según el estudio, estos satélites serían los más brillantes jamás puestos en órbita, con consecuencias dañinas para los cielos oscuros en la Tierra. Noticia relacionada general No No Los cohetes de Elon Musk dejan metales en la atmósfera que pueden afectar al clima José Manuel NievesPara Olivier Hainaut, astronómo en ESO, estamos llegando «más allá del límite» de lo que la astronomía puede soportar. Los cálculos de Hainaut muestran que toda la constelación de Reflect Orbital llenaría el cielo nocturno con cientos de satélites muy visibles. Visto desde dentro de un haz reflejado, el satélite que emite la luz solar parecería cuatro veces más brillante que la Luna llena. Incluso si ningún satélite apuntara su haz directamente a un observador, cada uno sería tan brillante como el planeta Venus, la 'estrella del alba'. Desde una ciudad contaminada por la luz, como Múnich (Alemania), estos cientos de satélites serían las únicas 'estrellas' visibles en el cielo nocturno.Estas propuestas, combinadas con otras consideradas en el estudio, iluminarían drásticamente el cielo nocturno, dificultando la capacidad de la humanidad para observar objetivos cósmicos tenues, incluyendo galaxias lejanas, algunos planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas e incluso asteroides potencialmente peligrosos para nosotros.Cantidad prevista de dispersión de la luz causada por los 50.000 satélites que prevé lanzar la empresa Reflect Orbital. ESO/O. HainautCielos más clarosHainaut explica que «los satélites, iluminados por el Sol, son mucho más brillantes que galaxias lejanas. Cuando un satélite cruza lo que observamos, deja una estela brillante en nuestra imagen, arruinando la observación de lo que sea que esté detrás».Para calcular el impacto de este y otros efectos de las constelaciones de satélites en las observaciones astronómicas, Hainaut simuló las posiciones, el movimiento y el brillo de todas las constelaciones de satélites presentes y planificadas para el futuro.El investigador estudió la megaconstelación de satélites de SpaceX, revelando que, en observaciones nocturnas de dos horas obtenidas con el VLT (Very Large Telescope) de ESO (en el Observatorio Paranal, en Chile), aparecían decenas de estelas en cada imagen, representando pérdidas de campo de visión de hasta un 28%. Esto supone que los satélites serían lo suficientemente tenues como para no verlos a ojo bajo buenas condiciones. Si fueran un poco más brillantes, algunos instrumentos se verían aún más afectados: por ejemplo, para una cámara como la del Observatorio Vera C. Rubin, de la Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU., esto haría inutilizables la mayoría de sus imágenes durante varias horas cada noche. El Rubin, ubicado en el norte de Chile, está equipado con la cámara digital más grande del mundo (3.200 megapíxeles), y estudia la materia oscura, la energía oscura, asteroides, supernovas y la Vía Láctea.La megaconstelación de Space X podría inutilizar las imágenes durante varias horas cada noche de un observatorio como el Rubin en ChileLas simulaciones de Hainaut asumían que ningún satélite de la empresa Reflect Orbital apuntaría su haz directamente hacia o cerca de un observatorio. Aun así, el rastro de un solo satélite espejo podría estropear una observación con una cámara como la del Observatorio Rubin. Con toda la flota de satélites Reflect Orbital en órbita, todas las imágenes de una cámara así se perderían cuando los satélites fueran iluminados por el Sol.Además, la luz de los satélites puede contaminar todo el cielo. Los satélites demasiado tenues para ser vistos a ojo, producen directamente un velo de luz 'difusa', mientras que la luz de los brillantes se 'dispersa' en todas direcciones al atravesar la atmósfera. Ambos efectos aumentan el brillo general del cielo nocturno. Las constelaciones muy brillantes, como la de Reflect Orbital, tendrían un efecto particularmente significativo en el brillo del cielo de fondo. Con los 50.000 satélites Reflect Orbital al completo, el cielo sería hasta tres o cuatro veces más brillante en general.«Amenaza existencial»Hainaut concluye que los 1,7 millones de nuevos satélites propuestos tendrían consecuencias drásticas para la astronomía terrestre. Estos impactos solo pueden evitarse limitando el total, tanto de los satélites existentes como futuros, a 100.000 satélites lo suficientemente tenues como para no verse a simple vista desde un lugar oscuro. «No es un número fijo, no podemos decir que 99.999 sea bueno y 100.001 sea malo: claramente preferiría 50.000», afirma el científico. «Pero 100.000 causa pérdidas a un nivel similar a otras pérdidas técnicas, como fallos de equipamiento». Sin embargo, añade, los satélites deben ser más tenues que la magnitud visual 7; si algunos de ellos son demasiado brillantes — por encima del umbral mínimo para la visibilidad a simple vista — el número total tendría que ser mucho menor.Reflect Orbital pretende lanzar 50.000 satélites muy grandes en forma de espejo para proporcionar luz solar por la noche. Harían el cielo hasta cuatro veces más brillanteSpaceX y Reflect Orbital, responsables de las propuestas más extremas, han solicitado permiso para lanzar sus satélites ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de EE.UU. Este nuevo estudio ha servido de base para que ESO, en colaboración con la Royal Astronomical Society del Reino Unido y la Unión Astronómica Internacional, respondan a la FCC sobre estas propuestas.«La FCC recibió más de 1.800 comentarios sobre Reflect Orbital y casi 1.500 comentarios sobre la solicitud por parte de SpaceX», explica Betty Kioko, responsable de coordinar la respuesta de ESO a las propuestas. «La pelota está ahora en el tejado de la FCC y estamos a la espera de ver las decisiones que toman en ambos casos. Para la astronomía óptica esto es una amenaza existencial, y esperamos que los reguladores compartan esa visión».El diagrama muestra el número de satélites que serían visibles sobre el del VLT (Very Large Telescope) de ESO si SpaceX lanza su constelación, prevista en un millón de satélites. ESO/O. Hainaut«La astronomía genera un enorme valor para la humanidad, incluyendo aspectos científicos, técnicos, económicos y educativos, y nos ayuda a entender nuestro lugar en el Universo», afirma el Director General de ESO, Xavier Barcons. «El gran número de satélites planeados en órbita baja terrestre desafía esa capacidad, subrayando la necesidad de limitar futuros lanzamientos de satélites y que la comunidad astronómica, la ingeniera y las personas responsables de operar los satélites, además de otros actores, trabajen juntos para adoptar medidas estrictas de mitigación».Enviar miles de satélites también tiene implicaciones ecológicas. La contaminación lumínica puede afectar la salud y el funcionamiento de la vida en la Tierra, al alterar los relojes biológicos y los ecosistemas. Las grandes constelaciones también tienen impactos directos en la calidad del aire debido a los numerosos lanzamientos necesarios para enviar y mantener miles de satélites, así como a la contaminación atmosférica causada al quemarse en la reentrada, al final de su vida útil. MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA se prepara: alunizadores, un rover de Marte y un balón de fútbol si EE.UU. gana el Mundial noticia Si Así fue el 'infierno' que modeló la Tierra hace 4.000 millones de años«La órbita baja de la Tierra es una orilla celeste que aporta un valor inmenso a la vida moderna, desde la conectividad global hasta nuestro acceso claro al universo. Sin embargo, debemos gestionar la huella de megaconstelaciones para asegurar que este recurso permanezca prístino y accesible para las futuras generaciones», concluye Hainaut.
Judith de Jorge

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