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    2 meses ago

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Detectan una misteriosa sustancia en Plutón y Titán con una firma química desconocida para los humanos

Wired Ciencias
2 semanas 5 días ago
Hay algo en Plutón y una luna de Saturno, Titán, que absorbe luz de una forma que ningún compuesto conocido logra explicar.
Jorge Garay

Demuestran que las abejas tienen 'vida interior' y expresiones faciales

ABC
2 semanas 6 días ago
Las abejas tienen vida interior. Y todo un repertorio de expresiones faciales que creíamos exclusivas de los mamíferos y con las que, como nosotros, expresan emociones, disgusto o satisfacción.Se trata, desde luego, de una afirmación atrevida, pero esa es la conclusión a la que acaba de llegar un equipo internacional de investigadores tras un estudio experimental sin precedentes y que cambia por completo lo que pensábamos sobre la 'consciencia' de los insectos. Hasta ahora, en efecto, la ciencia ha considerado a los insectos como pequeñas y eficientes máquinas biológicas. Una suerte de 'mini robots' programados por la evolución para reaccionar a los estímulos de su entorno mediante reflejos puramente automáticos. Pero el nuevo estudio, recién publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', acaba de hacer saltar por los aires, una vez más, nuestro viejo paradigma sobre la mente animal.Noticia relacionada general No No Los abejorros resuelven problemas de forma espontánea de manera similar a los chimpancés Judith de JorgeLos investigadores, liderados por Fei Peng y Cwyn Solvi, de la Universidad Médica del Sur en Guangzhou (China), y por el neuroetólogo Andrew Barron, de la Universidad Macquarie en Sídney (Australia), decidieron observar a las abejas como nunca antes se había hecho. Así, y utilizando cámaras de video de altísima velocidad, grabaron a los individuos de 18 colonias de abejorros comunes (Bombus terrestris) mientras se alimentaban. Y lo que encontraron al revisar las imágenes a cámara lenta les dejó boquiabiertos.El 'lenguaje' de los rostrosLos abejorros, de hecho, no se limitaron a tragar de forma pasiva aquello que se les ofrecía. Nada de eso. Cuando los investigadores les daban a probar líquidos dulces, ricos en azúcar, los insectos sacaban y extendían repetidamente su glosa, una intrincada estructura bucal alargada que hace las veces de lengua, y lo hacían hasta mucho tiempo después de haber terminado de tragar. Era el equivalente exacto, en el lejano y diminuto mundo de los insectos, a un humano relamiéndose de puro gusto tras saborear un trozo de su tarta favorita. Y, lógicamente, cuanto mayor era la concentración de azúcar, más largos y efusivos eran estos 'relamidos'.Siempre ha existido una tensión entre pensar en los insectos como animales o como simples mini robots. Este es un gran paso para demostrar que existe una vida interior incluso si eres una abejaPor el contrario, cuando las gotas de líquido contenían altas concentraciones de sal o de quinina (una sustancia extremadamente amarga), la reacción era radicalmente opuesta, un gesto que denotaba casi auténtico asco. Los abejorros sacudían enérgicamente la cabeza y utilizaban sus patas delanteras para frotar y limpiarse frenéticamente la boca, tratando, al parecer, de deshacerse del mal sabor.«Las expresiones faciales -explica asombrado Andrew Barron-, son una ventana importante a los estados internos de los animales. Siempre ha existido una tensión entre pensar en los insectos como animales o como una especie de mini robots. Este es un paso más hacia la demostración de que existe una vida interior incluso si eres una abeja ».Más allá de los reflejosCualquiera podría pensar que, al fin y al cabo, limpiar una sustancia amarga de la boca no es más que un acto reflejo de supervivencia. Por eso, para descartar este posible automatismo, los científicos llevaron a cabo un ingenioso experimento farmacológico. Querían averiguar si las abejas, al igual que nosotros, experimentan la sutil pero vital diferencia psicológica que existe entre el simple 'deseo' instintivo de comer (motivado por el hambre y la supervivencia) y el verdadero 'placer' o evaluación afectiva (el disfrute genuino y placentero de la experiencia).La cámara lenta reveló cómo, ante la sal o la quinina, los abejorros sacudían la cabeza de asco y se limpiaban frenéticamente la boca con las patas delanterasLa diferencia entre ambas cosas es abismal. Pensemos, por ejemplo, en cualquiera de nosotros con un hambre tremenda después de varios días sin probar bocado. Y de repente alguien nos ofrece un insípido plato de espinacas hervidas. Desde luego, las comeremos con una tremenda avidez, impulsados por el puro instinto de supervivencia (mediado en nuestro cerebro por la dopamina), pero es muy poco probable que al mismo tiempo esbocemos una sonrisa de deleite. En cambio, si nos ofrecieran un gran banquete coronado con nuestro postre favorito, añadiríamos a eso el placer de comer, una reacción que en los mamíferos está regulada por una familia de compuestos químicos cerebrales muy diferentes a la dopamina: el sistema endocannabinoide.Pues bien, las pruebas de laboratorio revelaron que en el diminuto cerebro de las abejas ocurre exactamente lo mismo. Las repetidas extensiones de su lengua tras tomar algo dulce no estaban mediadas por la dopamina (el instinto ciego de alimentación), sino que se veían potenciadas, precisamente, por una vía endocannabinoide.«Mucha gente -asegura Fei Peng- se siente cómoda al decir que los insectos pueden sentir, aprender y tomar decisiones, pero mucho menos cómoda afirmando que pueden también evaluar las cosas como agradables o desagradables. Nuestros hallazgos presionan sobre esa intuición».El club de los insectos 'sintientes'«Aún no comprendemos qué es lo que las abejas experimentan de verdad -reflexiona Barron, que lleva años estudiando las intrincadas conexiones entre la conducta animal y el sistema nervioso-, pero no hay duda de que podemos observar comportamientos similares a las emociones. Lo importante es que ahora tenemos una lectura práctica de su vida interior con la que podemos trabajar experimentalmente».El asombroso hallazgo, sin embargo, no surge de la nada. En los últimos años, una verdadera avalancha de investigaciones está obligando a los biólogos a reescribir los libros de texto y a mirar a los insectos con nuevos (y más respetuosos) ojos. Destacan, por ejemplo, los trabajos del ecólogo del comportamiento Lars Chittka, autor de la aclamada y más que recomendable obra 'La mente de una abeja'. Y hace apenas unos años, a finales de 2022, un equipo de la Universidad Queen Mary de Londres dirigido por el propio Chittka y la investigadora Samadi Galpayage demostró, por primera vez en la Historia de la ciencia, que las abejas saben 'jugar'.Un cerebro que apenas pesa un miligramo y tiene apenas un millón de neuronas es capaz de albergar emociones, evaluar placeres e, incluso, disfrutar plenamente del juegoEn aquel experimento, los científicos colocaron pequeñas bolas de madera en un recinto artificial junto a decenas de abejorros. Y descubrieron, sin dar crédito a lo que veían, que los insectos se desviaban voluntariamente de su ruta hacia la comida solo para hacer rodar las pelotitas. Era un comportamiento absolutamente espontáneo que no les reportaba ningún beneficio inmediato de supervivencia ni premio alguno en forma de néctar. Se registraron hasta 910 acciones de juego, y algunos individuos concretos llegaron a hacer rodar las bolas hasta 117 veces a lo largo de los días, evidenciando que lo hacían, simple y llanamente, porque les resultaba divertido. Además, igual que sucede con las crias de perros, gatos o humanos, los abejorros más jóvenes jugaban con mucha más frecuencia que los adultos.Y por si fuera poco, un estudio anterior, de 2018, ya había demostrado también que las abejas 'entienden' de matemáticas, y no solo eso, sino que saben lo que es el número cero.Un cerebro diminuto, pero portentosoLa suma de estos hallazgos, desde las matemáticas y el juego hasta las expresiones faciales de placer frente al azúcar, pasando por las matemáticas,resultan aún más impresionantes si prestamos atención al soporte físico donde ocurren. Porque, para nuestros estándares, el cerebro de una abeja es ridículamente pequeño. Apenas pesa un miligramo y alberga aproximadamente un millón de neuronas. Una cifra microscópica que palidece si la comparamos con los 86.000 millones de neuronas que conforman el cerebro humano.Y sin embargo, como señala Barron, «nuestra evidencia sugiere que el extraordinario cerebro de la abeja puede sustentar una forma de vida interior». Y el investigador va incluso un paso más allá al analizar la estructura evolutiva subyacente: «En términos de cómo está organizado el cerebro -afirma-, no hay grandes diferencias entre una abeja y una mosca... esto significa que hay mucho más que considerar en cuanto a cómo podríamos tratar o reaccionar ante los insectos».¿Una inteligencia oculta?Pero si los insectos, o al menos algunos de ellos, pueden experimentar emociones básicas, sentir verdadero placer al empujar una bola de madera por diversión, mostrar disgusto físico ante lo amargo e incluso, como han postulado otros estudios, atravesar estados de optimismo o pesimismo, la forma en la que la humanidad se relaciona con ellos debería enfrentarse sin demora a un profundo y cada vez más necesario debate ético. Ya no estamos hablando de meros recursos biológicos o de pequeños 'drones' agrícolas que actúan mecánicamente polinizando nuestros cultivos, sino de seres con un nivel de consciencia que apenas hoy empezamos a atisbar.Según los autores del estudio, ahora el reto consiste en desentrañar los engranajes exactos de ese vasto y diminuto universo neuronal. «Esperamos -concluye Barron- que futuros estudios muestren cómo la vida mental de las abejas surge de los mecanismos del cerebro, para que podamos cerrar de una vez la brecha entre lo mental y lo físico», .
José Manuel Nieves

Los elefantes de Aníbal sufrieron menos que sus hombres al cruzar los Alpes

El País Ciencia
2 semanas 6 días ago
Un estudio que calcula el gasto energético de la travesía refuerza la hipótesis de que el general cartaginés eligió el paso del Col de la Traversette en el 218 a. C.
Patricia Fernández de Lis

La sonda Hayabusa 2 cumple su histórica misión y sorprende con imágenes del asteroide que visitó

Wired Ciencias
2 semanas 6 días ago
El acercamiento de Hayabusa 2 marca un hito en los protocolos de defensa planetaria, pues ahora es posible analizar un asteroide lejano con precisión.
Jorge Garay

Di no al sedentarismo: levantarte de tu asiento cada media hora podría reducir el riesgo de cáncer

Wired Ciencias
2 semanas 6 días ago
El estudio revela que permanecer sentado durante más de 30 minutos seguidos cada día se asociaba con un mayor riesgo de muerte por cáncer, y que este riesgo aumentaba por cada hora adicional de inactividad continua.
Fernanda González

Cómo ver el gigantesco archivo de fotos y videos del espacio de la NASA

Wired Ciencias
2 semanas 6 días ago
Descubre décadas de increíbles imágenes y videos de estrellas, planetas, lunas y galaxias, la mayoría de los cuales se pueden utilizar y compartir de forma gratuita.
David Nield

¡Buenas noticias! La Tierra nunca será devorada por el Sol después de todo

Wired Ciencias
2 semanas 6 días ago
Un nuevo estudio sugiere que, cuando la estrella de nuestro sistema solar se vuelva inestable dentro de unos 5,000 millones de años, la Tierra podría evitar ser engullida por su ardiente destrucción.
Simone Valesini

Los humanos hemos usado fuego desde mucho antes de lo que pensábamos

Wired Ciencias
2 semanas 6 días ago
Recientemente se descubrieron en una cueva de Sudáfrica evidencias que sugieren que los primeros humanos utilizaban el fuego hace 1.79 millones de años. Los restos hallados indican que eran capaces de conservarlo y mantenerlo encendido de forma intencional tras obtenerlo de fuentes naturales.
Teruyuki Hayakawa

Ni cazaban elefantes ni cocinaban, los 'hobbits' de Flores eran simples carroñeros

ABC
2 semanas 6 días ago
La existencia del hombre de Flores ( Homo floresiensis ), que vivió hasta hace 50.000 años en la remota isla de Indonesia a la que debe su nombre, fue dada a conocer en 2004 a partir de restos encontrados en la cueva de Liang Bua. Reconocido, no sin polémica , como una especie humana extinta, su tamaño reducido -apenas medía un metro de altura y tenía la capacidad craneal de un chimpancé-, le valió el apodo de 'hobbit'. Poco después, el hallazgo de nuevos fósiles llevó a los científicos a pensar que se trataba de un hominído avanzado, capaz de cazar un paquidermo enano llamado Stegodon y de usar el fuego para cocinarlo . Unas habilidades más que notables que ahora han sido puestas en duda por investigadores del Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian (Washington, EE.UU.). El nuevo estudio, publicado en 'Science Advances', se fija en las marcas de depredación dejadas en los huesos de los antiguos paquidermos para concluir que no fue el hombre de Flores quien los cazaba, sino los dragones de Komodo. Estos lagartos, los más grandes del mundo, y con quienes los 'hobbits' compartían el ecosistema insular, tenían acceso primero al banquete, mientras los homínidos se limitaban a carroñear lo restos. Los autores tampoco encontraron indicios de uso intencional del fuego. En conjunto, los resultados sugieren que H. floresiensis no tenía un comportamiento tan sofisticado como se creía. En 2005, la revista 'Nature' publicó el hallazgo de restos esqueléticos de estos homínidos junto con los de una especie pigmea de proboscídeo ( Stegodon florensis insularis ), del tamaño de un búfalo, asociados a densas concentraciones de herramientas de piedra. Los utensililos fueron interpretados como tecnología empleada para la caza de «grandes presas». Esta interpretación se vio reforzada posteriormente por el hallazgo de marcas de corte en tres huesos de Stegodon y por reconstrucciones endocraneales de H. floresiensis que sugerían una expansión inusual de la región frontopolar, relacionada con procesos cognitivos superiores.Noticia relacionada No No Menos de un metro de altura: así llegó el 'hobbit' de la isla de Flores a ser tan pequeño José Manuel NievesAsimismo, algunos de los restos de animales más pequeños encontrados en el yacimiento tenían el aspecto de haber sido carbonizados, quemados por los hobbits. Dado que la caza de grandes animales y el control del fuego suelen asociarse con homínidos de gran capacidad craneal, como los neandertales y los humanos modernos, la atribución de estas conductas a H. floresiensis resultó especialmente sorprendente.Los dragones de Komodo atacaban a los Stegodon y devoraban las partes más nutritivas; después, estos homínidos aprovechaban el restoPara resolver el enigma, los autores, dirigidos por Elizabeth Veatch, emplearon análisis tafonómicos (la disciplina que estudia qué le ocurre a un organismo después de la muerte) y zooarquerológicos. Para empezar, hicieron algo muy curioso: le dieron de comer una cabra a un dragón de Komodo del Zoo de Atlanta, con el fin de conocer sus huellas dentarias, que se caracterizan por un patrón distintivo y complejo. Después, las compararon con marcas de corte producidas experimentalmente con herramientas de piedra. Marcas de dientesEsta comparación permitió determinar si las marcas observadas en más de 3.000 fragmentos óseos de Stegodon habían sido realizadas por homínidos utilizando herramientas líticas o por los dientes de dragones de Komodo. La conclusión fue definitiva: fueron estos reptiles quienes mataron a los Stegodon , y no H. floresiensis. Los dragones accedían primero a las carcasas y eran quiénes consumían las partes más carnosas de esos animales. Los pequeños 'hobbits' llegaban después y se conformaban con los restos de escaso valor nutritivo. Los hallazgos sugieren que el hombre de Flores no descendía de 'Homo erectus', sino de un homínido más antiguoAdemás, para saber si los habitantes de Flores dominaban el fuego, Veatch recurrió a una fuente bastante inesperada: las ratas. Al igual que sucede hoy en día, los huesos de roedores se acumulaban en el suelo de la cueva como consecuencia de las egagrópilas (las bolas compactas que regurgitan algunas aves) de las lechuzas. Si se enciende un hogar dentro de la cueva, el calor carboniza los huesos que se encuentran debajo.Sin embargo, el equipo no encontró ni un solo hueso de roedor quemado, lo que les llevó a concluir que H. floresiensis no utilizó el fuego en Liang Bua. La única evidencia de hogares en el lugar corresponde a un período posterior a la probable extinción de los hobbits y fue provocado por humanos modernos. Estos resultados no solo aclaran las capacidades de los diminutos hobbits, sino que también pueden arrojar luz sobre su origen. Las supuestas evidencias de caza y uso del fuego apoyaban la hipótesis de que estaban estrechamente emparentados con Homo erectus , especie humana que pudo dispersarse hasta Flores desde otras regiones de Indonesia. Por el contrario, la ausencia de estas habilidades podría indicar un origen evolutivo mucho más antiguo dentro del género Homo.MÁS INFORMACIÓN noticia Si No, los árboles gigantes no tienen problemas para 'regar' sus partes más altas noticia Si Así logró este planeta sobrevivir a la destrucción de su estrella Como explica la investigadora, «estos comportamientos tienen importantes implicaciones evolutivas y ecológicas para los homínidos de Flores. El hecho de que sobrevivieran aislados en una isla hasta hace unos 50.000 años -compitiendo con depredadores de mayor tamaño, como los dragones de Komodo- sin necesidad de cazar ni utilizar el fuego dice mucho sobre el papel que desempeñaban dentro de un ecosistema insular».
Judith de Jorge

De Darwin a los topillos: la paradoja de la atracción entre primos

El País Ciencia
2 semanas 6 días ago
Solemos pensar que los animales evitan la endogamia a toda costa, pero los estudios científicos contradicen esta suposición
Laura Camón

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