Es 1 de julio y, en la pista de atletismo del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, la selección española de maratón se somete a la prueba que, desde hace más de 30 años, se le hace al equipo antes de la gran competición europea de la temporada. Han madrugado para correr muchas vueltas, intentando evitar el calor, y al ritmo que se espera que lleven en el campeonato de Europa en Birmingham el 16 de agosto. Cada 2,8 kilómetros, paran para que el equipo médico tome muestras de sangre de la yema de sus dedos. La prueba mide la concentración de una de las moléculas que más obsesiona a quienes estudian la maquinaria energética del ser humano: el lactato, antaño mal llamado “ácido láctico” y erróneamente culpado del dolor muscular que llamamos “agujetas”.
Lactato, el aliado en un maratón que científicos y chefs han conseguido hacer comestible