Durante años, Jordi organizó su vida en torno al sueño. La siesta era obligatoria y “había días que priorizaba dormir antes que comer”, afirma. Se quedaba dormido durante conversaciones, en el coche o en cualquier situación cotidiana y, cuando sentía una emoción fuerte, le empezaban a temblar las piernas. “Yo soy director deportivo de un equipo de fútbol y a veces me tenía que apartar si sentía una emoción muy fuerte. Tenía que evitar determinadas situaciones que sabía que me iban a afectar”, cuenta. Es lo que se conoce como cataplejía, una pérdida repentina de tono muscular que sufren las personas con narcolepsia.
“De repente el día tiene tres horas más”: el fármaco que transforma la vida de los pacientes con narcolepsia